Hacia el encuentro de Dios padre misericordioso en busca de su perdón: una propuesta desde mt 6, 12, como respuesta al vacío del cristiano causado por el pecado
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https://doi.org/10.64893/mhzamv02Resumen
El artículo explora la profunda importancia teológica del diálogo entre el ser humano y Dios, enfatizando la oración como un acto esencial para una vida de escucha y obediencia a la voluntad divina. Se destaca la continuidad de esta tradición desde el Antiguo Testamento hasta el Nuevo, ejemplificada en el Padre Nuestro y su instrucción sobre la oración: entrar en el corazón, establecer una morada personal y alcanzar humildad ante Dios. Las peticiones del Padre Nuestro se presentan como herramientas vitales para la subsistencia espiritual y material, con la Eucaristía representando una anticipación del banquete escatológico. La relación entre la fragilidad humana y su condición de hijo de Dios es crucial: el amor divino permite a los creyentes recibir sus bendiciones y perseverar en la gracia y la esperanza. Se subraya la misericordia divina como un acto redentor que supera el pecado, abordando el vacío espiritual mediante la lectura de Mateo 6, 12, integrando la Misericordia y el Perdón como pilares para alcanzar el Reino de Dios. Finalmente, se propone la Pastoral de la Misericordia como respuesta a las necesidades contemporáneas, invitando a una conversión transformadora que promueva la fraternidad y la justicia social, revalorizando la misericordia como fundamento esencial de la fe cristiana.
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Referencias
Cf. Mt 9, 9
Cf. Mt 9, 12
Cf. Jn 1; 21; 17, 1.
Evangelio proviene del griego εὐαγγέλιον = «Buena noticia”
Cf. Mt 28, 20.
Cf. Hech 1, 8
Cf. Hech 2, 14ss
Cf. Sch. JOSEF, “El Evangelio según San Mateo”, Editorial Herder, Barcelona, 1973, p. 11.
Cf. Sch. JOSEF., “El Evangelio según San Mateo”, Editorial Herder, Barcelona, 1973, p. 13.
Cf. Mt 2, 1-12
"Y él les dijo: «Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de sus arcas lo nuevo y lo viejo.»" (Mt 13, 52).
Cf. C.A. Salvador., “El Evangelio de San Mateo”, Editorial Verbo Divino, Navarra, 2010, p. 30.
C. Warren., “Mateo y los Márgenes. Una lectura sociológica y religiosa”, Editorial Verbo Divino, Navarra, 2007, p. 29, además Cf. Mt 2, 1-6; 15, 1.
Cf. Mt 26-27).
Cf. SCH Josef., “El Evangelio según San Mateo”, Editorial Herder, Barcelona, 1973, pp. 36-38.
Cf. AA.VV., “Nuevo Comentario Bíblico, San Jerónimo. Nuevo Testamento y artículos temáticos”, Editorial Verbo divino, Pamplona, 2004, p. 48.
AA.VV. “Nuevo Comentario Bíblico, San Jerónimo. Nuevo Testamento y artículos temáticos”, Editorial Verbo Divino, Navarra, 2004, p. 70.
La estructura de C. H. Lohr, se basa en la simetría de composiciones antiguas y emplea los conceptos de inclusión o poner entre paréntesis, quiasmo o cruce de elementos literarios y la técnica de composición circular.
Cf. A.C. Salvador. El Evangelio según San Mateo”, Editorial Verbo Divino, Navarra, 2010, p. 25.
Cf. Mt 7, 28; 11, 1; 13, 53; 19, 1; 26, 1 (BJ)
Cf. AA.VV., “Nuevo Comentario Bíblico, San Jerónimo, Nuevo Testamento y artículos temáticos”, Editorial Verbo divino, Pamplona 2004, p. 68.
Sch. Josef., “El Evangelio según San Mateo”, Editorial Herder, Barcelona, 1973, p. 43.
La palabra «Misericordia», es un término compuesto de dos vocablos del latín, el verbo «miserere», compadecerse, y con el adjetivo «miser», miserable, desgraciado, es decir, «que causa compasión»; y el sustantivo «cor» o «cordis», corazón, «sede del sentimiento». Además del sufijo «ia», expresión de cualidad o virtud
Lc 6, 36
Cf. Dt 2, 16
Rm 11, 32
Is 55, 7
Cf. Juan Pablo II, “Dives in Misericordia”, Roma, 1980, n. 6.
Cf. Ef 5, 2.
Cf. Carta Apostólica, “Misericordia et Misera”, Del Sumo Pontífice Francisco, Roma, 2016, n.2-3
Mt 5, 7
Ef, 4, 32; cf. 1 Pe 3, 8; 1 Jn 3, 17
Cf. Jn 13, 34-35
Dios ha observado a profundidad al hombre, ha visto la esencia de su ser y como se relaciona en su entorno, ha enfrentado circunstancias favorables y adversas tanto en ámbito personal como social. Él ha palpado la fragilidad ante el pecado, pero también es consciente de que el creyente sabe escuchar su voz y volver la mirada hacia su misericordia. En el Antiguo Testamento, varios personajes en particular son testimonios de este primer principio característico del amor. A pesar del pecado que abunda, Dios Padre se compadece de su pueblo, porque con su mirada percibe el sufrimiento, la necesidad, el vacío del corazón, por lo que hace un llamado a abrazar su generosidad sin límite, como segundo principio. Hasta finalmente llegar a su culmen, en la kénosis (= κένωσις) de Jesucristo en la cruz, al dar a conocer al Padre y toda su gloria, pues la cruz constituye el símbolo del actuar de Dios, tercer principio del amor.
Cf. Benedicto XVI, “Carta Encíclica Deus Caritas Est”, Roma, 2005, n. 4.
Los profetas Oseas y Ezequiel lo describen a través de diversas imágenes eróticas.
Sal 73, 25. 28
Gn 2, 24; cf. Mt 19, 5; Mc 10, 8; Ef 5, 31
El Cantar de los Cantares, enseña cómo vivir el eros, es un libro de poesía nupcial israelita, en el que se cuenta la experiencia sobre un «amor inseguro», que al encuentro de su amado se transforma en un «amor que descubre al otro», y supera así el «carácter egoísta», pues el amor se ocupa y se preocupa por el otro, ya no se sumerge en su propia felicidad, sino que va más allá: busca la felicidad, el bien del otro, se puede decir que el amor es renuncia de sí mismo y disposición al sacrificio en procura del amado y es ahí donde encuentra su pureza, esto implica la aspiración a la «exclusividad» y el sentido del «para siempre». El amor engloba toda la existencia y en todas sus dimensiones
Cf. Benedicto XVI, “Carta Encíclica Deus Caritas Est”, Roma, 2005, n. 6.
Os 11, 9-8
Gn 1, 27-28; Col 1, 10-16; Mt 11; 2 Co 12, 10
Cf. Papa Francisco, “Audiencia General: Catequesis 15. La Virgen María, mujer de oración”, Roma, 2020.
Cf. Lc 22, 42
1 Co 6, 17
Ramos A., “Antropología Teológica”, Universidad Fasta Ediciones, Mar de la Plata, Argentina, 2014, p. 81.
Jn 6, 31-33
1 Co 10, 17
Borobio D., “Eucaristía”, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 2000, PP. 4-5.
León Dufour X., “Vocabulario de Teología Bíblica”, Editorial Herder, Barcelona, 1972, p. 61. El término “memorial”, es el símbolo que perpetua un pacto, pueden ser objetos como, por ejemplo: el arca de la Alianza (cf. Ex 25, 10-22; Núm 10, 33-36). En la perspectiva del NT es el símbolo que representa la conmemoración de la presencia real de lo que pasó históricamente y que se comunica de manera eficaz en el aquí y ahora como sucede en la Eucaristía cuando se celebra la Pasión de Jesucristo, perpetuando la Salvación a través de los siglos hasta su retorno (cf. SC n. 47). El memorial expresa la naturaleza del acontecimiento y su “actualización objetiva”.
Cf. Lc 22, 14-20
cf. Col 1, 13-23
Cf. Gén 3
Cf. Jn 17 20-23; Gál 2, 20
Cf. Mt 3, 6; Mc 1, 5; 1 Jn 1, 9.
Cf. 1 Cor 1, 18; 2 Cor 2, 15; Rm 7, 14s.
Cf. Gn 3, 5.
Cf. Sal 8, 2
Cf. Gn 18, 27
Cf. Vílchez J., “Vosotros, cuando oréis decid: Padre Nuestro”, Editorial Verbo Divino, Navarra, 2001, p.15-16. En cuanto a este aspecto de «la capacidad de admiración y asombro», hay que resaltar una observación muy importante que expone Vílchez J., al decir que esta capacidad de admiración y asombro es propia de todo individuo de cualquier época, sin embargo, el hombre actual puede sentirse asombrado de la grandeza de la obra creadora, pero en general se queda ahí, mientras que el hombre antiguo y, más precisamente el del ambiente bíblico admira la obra que ve y ensalza, alaba a su Creador en el que cree sin esfuerzo (cf. Eclo 18, 1-5; 43, 27-30)
Cf. Eclo 2, 18
Cf. Vílchez J., “Vosotros cuando oréis decid: Padre Nuestro”, Editorial Verbo Divino, Navarra, 2001, p. 17.
Haciendo de esta morada un altar a Dios para para que se le pueda contemplar y de este modo experimentar el gozo de su amor aunque también conlleva desnudar la fragilidad humana
Cf. Orellana L., “Padre Nuestro, Resumen de todo el Evangelio”, CPL Editorial Barcelona, 2017, p. 8. Se hace referencia a la experiencia de oración vivida por Santa Teresa de Jesús, en como ella fue comprendiendo la catequesis ofrecida por Jesús, antes de enseñar el Padre Nuestro.
es un instante de lucha personal contra las tentaciones
Cf. Pe 5, 8-9
Cf. Orellana L., “Padre Nuestro, Resumen de todo el Evangelio”, Editorial CPL, Barcelona, 2017, p. 9.
Cf. Benedicto XVI, “Audiencia General. El Espíritu y el «Abba» de los cristianos (Gál 4, 6-9; Rom 8, 14-17), Roma, 2012.
Cf. Rm 8, 26
Cf. Sal 80, 4; 119, 35.
Cf. Jn 4, 23-24
Santo Tomás afirma que el «Padre Nuestro», es “perfectísimo”, porque contiene lo que es lícitamente propio de pedir en el orden en el que se debe solicitar. En primer lugar, se pide por el fin y en segundo lugar por los medios para alcanzarlo; además es “norma” para el corazón. La razón para alcanzar las bienaventuranzas ofrecidas en dicha plegaria se manifiesta de acuerdo con el bien que precede a la remoción del mal: a. “La Voluntad” con base en el amor en cuanto se ama a Dios y amarse en Dios; b. «Santificado sea tu nombre», alude a glorificar a Dios, 2. «Venga tu Reino», se refiere a gozar de la gloria de Dios.1. «Hágase tu voluntad», dignifica al creyente en cuanto a que obedece a Dios y, por ende, es merecedor de las bondades divinas. 3. «Damos hoy el pan nuestro de cada día», alimento saludable para el cristiano tanto el pan sacramental como el terrenal para afrontar el mal: 1. «Perdona nuestras ofensas», el pecado. 2. «Y no nos dejes caer en la tentación», evitar ser vencido por la tentación. «líbranos del mal», se refiere a las penalidades de la vida cotidiana.
Cf. 1 Tim 2, 4
Cf. Jn 17, 10; Lc 15, 31
Orellana L., “Padre Nuestro, Resumen de todo el Evangelio”, Editorial CPL, Barcelona, 2017, p. 14.
Cf. Orellana L., “Padre Nuestro, Resumen de todo el Evangelio”, Editorial CPL, Barcelona, 2017, pp. 16-17.
Es la manifestación del querer de Dios, porque es fuente y origen de la paternidad divina. Su obra Creadora es dádiva, es decir, «donación», ya que de Él emana todo, revelado definitivamente por Jesucristo en la Encarnación.
Poulli J., “Dios Nuestro Padre. La revelación de Dios Padre y el Padre Nuestro”, Editorial Verbo Divino, Navarra, 1990, p. 12.
Cf. ÉX 3, 13-14; Jn 17, 6.26
Cf. Ratzinger J., “Jesús de Nazaret”, Editorial Editrice, Ciudad del Vaticano, 2007, p. 62-63.
Cf. Orellana L., “Padre Nuestro, Resumen de todo el EVANGELIO”, Editorial CPL, Barcelona, 2017, p. 22. Es la Palabra y el amor divino hechos carne.
es la forma en la que Orígenes se refería al Reino de Dios en la persona de Jesús.
Cf. Mt 6, 33
Cf. Ratzinger J., “Jesús de Nazaret”, Librería Editrice, Ciudad del Vaticano, 2 007, p. 64.
Cf. 2 Re 2, 15
Cf. Jn 4, 34; Mt 26, 39.42
Cf. Ratzinger J., “Jesús de Nazaret”, Librería Editrice, Ciudad del Vaticano, 2007, p. 65-66.
Cf. Ex 16, 16-22,
Cf. Jn 13, 4-17 ; Lc 12,37 ; 17, 7-10 ; Mt 3,14; 23, 8-12.
Cf. Lc 23, 34
Ratzinger J., “Jesús de Nazaret”, Librería Editrice, Ciudad del Vaticano, 2007, p. 68.
Cf. Is 53, 4-6.
Cf. LC 6, 36-38.
Cf. Orellana L., “Padre Nuestro, Resumen de todo el Evangelio”, Editorial CPL, Barcelona, 2017, pp. 36-37.
Cf. Ap. 2, 10
Es una lucha interior y personal, pero también es una batalla contra las cuestiones que propone el mundo, rechazando la paternidad de Dios negando que Jesucristo es su Hijo.
Cf. Ratzinger J., “Jesús de Nazaret”, Librería Editrice, Ciudad del Vaticano, 2007, p. 69.
Papa Francisco, “Carta Apostólica Misera et Misericordia”, Roma, 2016, n. 3. Además cf. Flp 4, 4.
Lc 23, 34.
Cf. Lc 7, 36-50.
Papa Francisco, “Carta Apostólica Misera et Misericordia”, Roma, 2016, n. 2.
Cf. Sal 85, 2-3; Miq 7, 19; Is 38, 17; Sal 103, 12.
Cf. Jn 4, 14.
Cf. Jn 3, 4.1
Cf. Lc 23, 26.
Cf. Lc 5, 1-11.
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