EL PEQUEÑO CAMPESINO COSTARRICENSE Y SU RECEPTIVIDAD A LOS PROCESOS DE MODERNIZACIÓN

Jaime R. Robert Jiménez

Universidad Católica de Costa Rica

Resumen: Determinar el grado de receptividad del pequeño campesino frente a la modernización y urbanización que se vienen gestando en el agro costarricense, constituye el propósito de este estudio. Se identifican creencias, valoraciones y prácticas campesinas en torno a tópicos como el industrialismo, las innovaciones tecnológicas, la escolarización y la familia.. Los resultados revelan que aún y cuando se muestra capaz de adaptarse a las innovaciones modernizantes, los fuertes vínculos de arraigo e identificación con la vida rural en general, los lazos de sangre, las convicciones religiosas e incluso la familia patriarcal tradicional, lo inclinan a resentir su incorporación a la modernidad y a mostrarse presto en la defensa y promoción de los valores propios de las narratologías mítico- tradicionales.

Palabras clave: pequeño campesino, cultura, carácter social, actitudes, tradicionalismo, modernización.

Abstract: Determine the degree of responsiveness of the small farmer against the modernization and urbanization that have been brewing in the land of Costa Rica is the purpose of this study. Beliefs, values and practices are identified around topics such as industrial, technological innovation, education and family. The results reveal that although is able to adapt to innovation and modernizing, the strong bonds of attachment and identification with rural life in general, blood ties, religious beliefs and even the traditional patriarchal family, and inclined to resent their incorporation into modernity and to be quite presto in defending and promoting the values of the mythical traditional narratology.

Key Words: small peasant, culture, social character, attitudes, traditionalism, modernization


84


REV. HUMANITAS, 2010, 7(7): pp. 84-105, ISSN 1659- 1852

Introducción

Contribuir al conocimiento de la manera en que el modo de vida del pequeño campesino se ve afectado por los cambios y procesos de modernización y urbanización de la vida que se vienen gestando en el agro costarricense desde mediados del siglo pasado, en particular de aquellos asociados a las políticas y prácticas nacionales de transnacionalización y globalización económica y cultural, constituye el propósito de este estudio, enfocado, siguiendo los lineamientos de la teoría del carácter social elaborados por el psicoanalista alemán Erich Fromm1, según los cuales el modo de ser de las personas se encuentra determinado genética, funcional y estructuralmente por las condiciones socioeconómicas y culturales de vida en que se desenvuelven, en determinar el grado de receptividad y resistencia frente a estos cambios y procesos que, en función de sus valores e impulsos más profundamente arraigados, manifiesta el pequeño campesino costarricense.

Más que una cuestión de eficiencia y oportunidad económicas, lo que está sobre el tapete tras las políticas de apertura agrícola, es el destino de un modo de vida y sus repercusiones sobre el todo social.

El conocimiento del impacto que estas políticas tienen en el modo de vida de nuestros campesinos y sobre aquellas convicciones y actitudes profundamente arraigadas en su carácter y sistema expresivo, se presenta como un imperativo de orden vital a cualesquiera políticas de desarrollo y modernización, ya fuere ecológica y humanísticamente orientadas o de interés y refuncionalización mercantil internacional.

¿De qué manera se ve afectado el modo de vida del pequeño campesino a consecuencia de los cambios y procesos de modernización que se gestan en el agro costarricense desde la segunda mitad de siglo pasado?, ¿Cómo inciden los valores e impulsos más profundamente arraigados en el ser campesino, en su asimilación y acomodación a las nuevas condiciones y exigencias que imponen los procesos de modernización política, cultural y económica en el agro?, ¿Es posible implementar las nuevas estrategias de modernización agrícola sin modificar significativamente los sentimientos de arraigo a la tierra y los lazos comunitarios tan acentuados en la subcultura y el carácter campesinos?

1 Para una presentación en detalle de esta teoría: Fromm y Maccoby (1974) y Robert (1995).

85


REV. HUMANITAS, 2010, 7(7): pp. 84-105, ISSN 1659- 1852

¿Pueden acaso estos valores y rasgos constituir el substrato caracterial de nuevas alternativas sostenibles de desarrollo más afines con el respeto a la dignidad y diversidad humanas, la vida en general y la preservación del equilibrio ecológico?. Tales constituyen algunos de los grandes interrogantes que se ven implicados en esta cuestión y a los que se procura contribuir a dar respuesta en este estudio.

Ante semejante tarea, el recurso a la teoría del carácter social y su heurística hermenéutica, centrada en las interrelaciones entre las actitudes y convicciones arraigadas en la intersubjetividad más profunda y las condiciones socioeconómicas y culturales de vida diversas en las que emergen, evolucionan y ante las que reaccionan aquellas, se nos presenta como heurísticamente promisoria a nuestros objetivos o preocupaciones.

Dos secciones y una conclusión organizan el cuerpo de contenidos de este estudio: la primera sección abocada a especificar como se realizó el estudio y una subsección a la caracterización sociodemográfica de la población en estudio; en la segunda sección se describen propiamente los datos en torno a las actitudes que pone de manifiesto el pequeño campesino ante diferentes aspectos implicados en los procesos de modernización del agro. El trabajo concluye con una interpretación sobre el grado de receptividad o resistencia que ante tales procesos cabe colegir de aquellas actitudes.

Sobre el procedimiento de análisis

Mediante el análisis de los datos suministrados mediante la aplicación, por quien suscribe y un grupo de estudiantes de la Escuela de Psicología de la Universidad de Costa Rica, de una adaptación del “cuestionario interpretativo”, instrumento de entrevista semiestructurada elaborado por Erich Fromm en su estudio sobre el carácter social del campesino mexicano (Fromm y Maccoby,1974), a unos 105 pequeños campesinos, entre hombres y mujeres, en su gran mayoría parejas, pertenecientes a cinco comunidades rurales costarricenses, entre los años de 1986 y 1994, se identifican creencias, valoraciones y prácticas en torno a tópicos como el industrialismo, las innovaciones tecnológicas, el urbanismo, las migraciones, la escolarización, la familia nuclear y extensa, la comunidad, la pervivencia de tradiciones y costumbres, la individualidad y el motivo de logro.

Con base en dichos tópicos se dimensionales la categoría receptividad a la modernidad y, siguiendo los postulados del diferencial semántico (Osgood, 1975), para cada

86


REV. HUMANITAS, 2010, 7(7): pp. 84-105, ISSN 1659- 1852

dimensión se establecen valores bipolares, cuyo peso en la evaluación de la dimensión se determina, mediante una escala tipo Likert, en una gradiente de siete grados, en que el entrevistado es ubicado desde una alta receptividad hasta un intenso rechazo a todo lo que parezca modernización.

Siguiendo las premisas del análisis asociativo (Moragas Spa, 1980), por el que no se toman como unidades de registro respuestas a preguntas específicas sino las relaciones de implicancia o rechazo de las diversas exclamaciones que en torno a un tema puedan surgir, intempestivamente incluso ante la pregunta menos afín del cuestionario, se toman como unidades de frecuencia el número e intensidad de asociaciones exclamativas favorables y desfavorables que sobre los diferentes tópicos antes mencionados, unidades de análisis, se han podido extraer en el análisis de cada entrevista.

Finalmente, con base en porcentajes extraídos de tales frecuencias, se establece para cada persona entrevistada un puntaje escalar y, con los procedimientos de las medidas de tendencia central, se determinan las tendencias dominantes en la población, según su género, lugar de residencia y edad. Se emplea además el análisis de varianza como prueba de significancia estadística de las diferencias entre las me dias.

Complementariamente se analizan en profundidad 5 de las 105 entrevistas realizadas, a razón de tres hombres y dos mujeres, seleccionadas bajo el criterio de que en la lectura previa hubiesen destacado por la riqueza o singularidad de sus respuestas.

Nivel de análisis intensivo que se realiza con el objetivo de lograr una perspectiva más a profundidad y estructural que permita una mejor comprensión e incluso corrección de los aspectos captados por el análisis asociativo

A continuación se ofrece una breve descripción de la población en términos de las variables sociodemográficas en que se agrupan en este estudio.

La población: caracterización socio demográfica

De las 105 entrevistas realizadas, 26 corresponden a la comunidad de San Antonio de Belén de Heredia, 28 a San Rafael de Alajuela, 25 son del cantón de Corredores de Puntarenas, 18 de El Indio de Pococí y 9 de Bambusal de Siquirres. Estas dos últimas comunidades, para efectos de análisis, son consideradas en forma conjunta.

Son entrevistados 54 mujeres y 51 hombres, con edades comprendidas entre los 17 y los 78 años, con una mediana de 39.8 años.

87


REV. HUMANITAS, 2010, 7(7): pp. 84-105, ISSN 1659- 1852

Primaria incompleta es el nivel de estudios que caracteriza al promedio de la población entrevistada, en donde un 13.6% no tiene ningún nivel de escolaridad, un 36.9% tiene primaria incompleta, un 33.0% culmina estudios primarios y solo un 16.5% ha realizado estudios secundarios, habiéndolos concluido un 8.7%.

Un 89.5% están casados, 6,5% en unión libre, 1.9% separados y sólo se entrevistó a dos personas solteras.

Un 57.6% es nativo del lugar o proveniente de un lugar rural cercano, un 39.4% proviene de lugares rurales más alejados y solo un 1.9% proviene de la ciudad. En total un 98.1% es de procedencia rural. Distribución que, considerada por comunidad, conlleva, de acuerdo con la prueba chi cuadrada (x²=78.49, Gl.=6, P=0.00000), diferencias estadísticamente significativas: mientras el 84.6% de los y las entrevistadas de las comunidades de San Antonio y San Rafael es originario del lugar o de un lugar rural cercano, ningún poblador del Cantón de Corredores es oriundo del lugar, siendo un 45.8% originario de algún lugar rural dentro de la provincia y solamente un entrevistado de las comunidades de El Indio y Bambusal proviene de un lugar rural cercano, frente a más de un 96.1% originario de zonas rurales lejanas.

Un 68.9% ha constituido familias con 4 hijos o menos. Sólo un 17.6% convive con otros parientes. En contraposición, un 88.6% proviene de hogares de 5 o más hermanos (37.5% de hogares de 8 o más y 28.4% de hogares de 11 o más) y únicamente un 11.4% proviene de hogares de cuatro o menos hermanos.

Un 53.1% de los padres de las personas entrevistadas nació en el lugar de residencia de éstos o en un lugar cercano, un 41.7% nació en un lugar rural distante y un 5.2% proviene de otro país. En cuanto a sus madres, un 48.9% es nativa o de un lugar cercano, un 45.8% proviene de un lugar rural más alejado, un 3.1% proviene de otro país y apenas un 2.1% proviene de algún lugar urbano, mostrando la misma tendencia que los padres del entevistado. Distribución que, considerada por comunidad, también resulta estadísticamente significativa tanto para el padre (x²=67.16, Gl.=6, P.=0.00000) como para la madre (x²=71.95, Gl.=6, P.=0.00000), y que reitera el origen nativo y de arraigo geográfico de los miembros de las comunidades de San Antonio de Belén y San Rafael de Alajuela, que en lo sucesivo son tratadas como comunidades nativas, en contraste con el origen más bien migrante, si bien manteniendo su naturaleza rural, de los pobladores de Corredores, El Indio

88


REV. HUMANITAS, 2010, 7(7): pp. 84-105, ISSN 1659- 1852

y Bambusal, que en su conjunto son tratadas como comunidades migrantes.

Un 79.0% de las personas entrevistadas tienen al menos uno de sus progenitores vivos, de los cuales 56.0% vive en la propia comunidad del o la entrevistada, 8.0% vive en un lugar rural cercano y 25.0% vive en un lugar rural lejano. Distribución que, considerada por comunidad, si bien no resulta estadísticamente significativa dada la reducida cantidad de sujetos en algunas celdas, reafirma las tendencias ya señaladas entre las comunidades del Valle Central y las otras tres en cuanto al carácter nativo de las primeras y migrante de las segundas, pues mientras 81.2% de los progenitores de pobladores de San Antonio y 68.0% de San Rafael vive en la misma comunidad, un 50.0% de los de Corredores y apenas un 26.3% del Indio y Bambusal conviven en la misma comunidad que sus hijos. . Distinción clasificatoria que en lo sucesivo sirve de base en este estudio para contrastar las actitudes y representaciones que en torno a diferentes aspectos de los procesos de modernización en el agro caracterizan a la población pequeño campesina según comunidad.

En suma, extracción rural, proveniencia de hogares numerosos y escolaridad primaria incompleta, son los tres rasgos que mejor describen esta población en general; tres rasgos que, en contraste con los que caracterizan a los segmentos donde la modernización ha calado más profundamente, resultan inequívocos de aquellos en donde aún la tradición y la costumbre arraigan fuertemente como ejes de significación y construcción de la cotidianidad y la identidad.

Procesos de modernización y receptividad campesina

Arraigado a la tierra, la comunidad, la familia los lazos de sangre, la división tradicional de roles sexuales y con una fuerte orientación religiosa, el pequeño campesino resalta en su mayoría el valor del consejo de los mayores, deja entrever su preocupación por la pérdida de valores y destaca la importancia de que los padres velen por su rescate.

Tal es el caso de José2, de 40 años, nativo de San Antonio de Belén, quien ha vivido toda su vida en la comunidad, de donde también son originarios su padre, su madre y su esposa, mantiene un estrecho vínculo con sus progenitores y hermanos y resalta la deferen cia que se le debe a su padre y a su madre a quienes se ha de recurrir por respeto y tradición:

2 El nombre de éste y las demás personas entrevistadas que se citan han sido alterados con el objeto de resguardar su identidad

89


REV. HUMANITAS, 2010, 7(7): pp. 84-105, ISSN 1659- 1852

P: ¿Cuando está en apuros, a quien pide ayuda?

R: Bueno, primero voy a ellos.

P: ¿A sus papás?

R: Le pido consejo a ellos, eeh, si ellos pueden solucionarme, pues, el problema, este eeh, bien, si no, les digo que voy a hacer tal cosa yo. Siempre acudo a ellos.

P: ¿Por qué?

R: Pues, primero porque es una cosa como de tradición, porque yo, las cosas a mi manera, yo tengo, pues, la capacidad para hacer las cosas por mí mismo, pero no me gusta, siempre me ha gustado pedirle el consejo a los mayores, las personas que tienen más experiencia en la vida, por razones de, como de respeto, por no brincarse uno ese, es una tradición, pero no es que sea exactamente ajeno, pues porque entonces yo no tendría autonomía propia de la persona. Yo hago las cosas a mi gusto, a mi modo de pensar, cuando es un asunto ya un poco más delicado, voy y acudo a ellos.

También Denia, de 38 años de edad y habitante de Bambusal de Siquirres, oriunda de San Nicolás de Cartago, donde viven su padre y su madre, quien a pesar de las distancias, mantiene un contacto periódico con ambos, sea que ella los visite o ellos vengan a verla, destaca el apego a las costumbres y tradiciones, y en particular, a los lazos de la familia extensa:

P: ¿Como qué cosas hablan ahora los niños?

R: Diay, al menos esa chiquita3, yo le tengo, como dicen, recelitos, porque ella, en primer lugar tiene muy mal vocabulario, ella trata a los chiquitos mal, y mienta la madre, habla así, feo, y ya le dice al ... sáfese el calzoncillo y yo me safo el calzón. Vé, esos son ya casos que uno tiene que ponerse a pensar, porque hay chiquitos que ya llevan otras ideas, pues ya no van a jugar como niños, verdad, que tal vez van a jugar con su muñeca y sus carritos, sino que ya ellos van por otro lado. En cambio la niñez de antes, yo me acuerdo cuando nosotros jugábamos, como le decía hace un rato, yo con mis amigos, que hay veces nos vemos así y conversamos: ¿te acordás D... cuando jugábamos que vos eras mi esposa y yo era tu esposo?, que locos que éramos, y acostábamos el muñequillo por ahí, nosotros ni la mano nos tocábamos, sí

3 Se refiere a vecinita amiga de su hijo más p equeño

90


REV. HUMANITAS, 2010, 7(7): pp. 84-105, ISSN 1659- 1852

es cierto, ni la mano, menos darse un beso. Jugábamos, yo me acuerdo que teníamos un juego, que le decíamos nosotros "quieto", era ponernos manos arriba y el cafetal de mi papá era bien grande en ese tiempo y yo me acuerdo que habían bastantes plantas y todo donde esconderse uno, que uno ahí, Dios guarde los niños de ahora, tener ese juguete, tremendo, salen quien sabe cuantas veces embarazadas las chiquillas, ja ja, y nosotros nos íbamos a jugar largo rato tarde, tal vez ya casi oscureciendo y jugábamos así, sanamente, sin ninguna malicia de nada y ahora, la niñez de ahora, es muy diferente.

(...)

P: Y digamos, ¿hay cuentos o historias que usted recuerde, digamos, de la niñez, que le hayan gustado?

R: Mi abuelito me contaba historias, mi abuelo era un señor muy bello, casi todo el tiempo yo llegaba a la cama de él y le decía: abuelito cuénteme historias o cuénteme cosas de antes, de cuando usted era chiquillo, entonces ya él comenzaba a contarme, mi abuelito me contaba historias, o sea, me decía de cuando ellos ganaban un cinco, y con ese comprábamos carne, comprábamos huevos, comprábamos todo lo de la semana, para comer en la semana. Yo me asustaba, le decía: cómo abuelito, un cinco, sí ...ita, me decía, después llegué a ganar un diez y así, me encantaba que él me contara esas historias, verdad, de él.

Por su parte Ignacio, de 36 años, habitante de El Indio, más un semiobrero agrícola que pequeño campesino, oriundo de los Chiles en la frontera norte, criado por su madre y un padrastro con quien aún hoy convive y por quien manifiesta un afecto que no muestra por su madre o por su padre biológico, expresa también su orientación familista y patriarcal y de apego a la tierra y su cultivo:

P: Bueno, digamos, ahora pasando a otro tema, eh, un poco, digamos, pensando en la familia, ¿ cuál es su opinión sobre la familia?

R: ¿Como?

P: Digamos sobre la importancia, usted que opina sobre la familia, ¿qué tan importante puede ser en la vida de uno?

R: Bueno, la familia, la familia es lo más importante en la vida, ja ja, tener uno a su

91


REV. HUMANITAS, 2010, 7(7): pp. 84-105, ISSN 1659- 1852

familia y no sentirse solo y muchas cosas, verdad, que en la familia se encuentran, digamos felicidad para uno mismo, ya que todos son, todos, si es padre, usted va a tener que saber que es lo que usted puede sentir por su familia, verdad, siempre uno, los padres principalmente, lo que trabajamos es para darle mejoramiento a los hijos, para, si se puede, que vayan a estudiar, y lo mejor para los hijos, verdad.

(...)

P: ¿Y como diría usted que debe ser una buena madre?

R: bueno, idiay, tiene que ser dedicada al hogar, darle principalmente su limpieza a sus muchachos, sus alimentaciones, saberles dar buenos consejos, tal vez no castigarlos sino darles un buen ejemplo, son muchas cosas, verdad, si, igual tiene que ser el padre, usted sabe que el chiquillo es como el mono, lo que mira hacer él hace, entonces uno tiene, digamos, que limitarse de muchas cosas, tal vez malas, para que los niños también hagan lo mismo, porque diay, si uno tal vez le gusta pelear, matar o hacer lo que uno quiere, eso quieren también los hijos, eso agarran también, entonces a mi me parece que uno tiene que ser, tiene que dedicarse a una responsabilidad, una familia es una responsabilidad muy grande, no es solo decir que voy a tener hijos y irse y dejarlos botados ahí, con hambre, sucios, todo eso no, hay que dedicarse definitivamente al hogar.

(...)

P: ¿Qué es lo que más le gusta de su trabajo?

R: ¿De lo que más me gusta de mi trabajo?, la plata, ja. No, siempre es bonito trabajar uno en la agricultura y allá al menos me gusta el trabajo que hago y como me gusta me rinde el trabajo que hago, por eso he quedado tanto tiempo ah í

P: Y del cultivo de plátano, ¿qué es lo que más le gusta?

R: Diay, me gusta todo, desde que siembro la mata, me gusta verlo que vaya con buena fuerza, que vaya una mata frondosa, después que eche un buen racimo, y así. (...)

P: Y si usted tuviera tiempo, ¿Qué le gustaría hacer?

R: ¿Tiempo de que?

P: Tiempo libre. Usted trabaja allá, y aquí se dedica acá, obviamente no debe tener mucho tiempo para más. ¿Si tuviera más tiempo? ja

92


REV. HUMANITAS, 2010, 7(7): pp. 84-105, ISSN 1659- 1852

R: Si tuviera más tiempo me gustaría tener unos animalitos para estarlos viendo ahí, como digamos cerdos, que se yo, vacas.

(...)

P: ¿Cual diría usted que es la mejor cualidad de su esposa?

R: Diay, que ella es muy dedicada al hogar y sabe tratarme a mí, ja, ja, que es lo principal

(...)

P: ¿Usted cree que las mujeres tienen que tener los mismos derechos que los hombres? R: Yo creo que no

P: ¿Por que?

R: Por el machismo, ja ja, es que hay una cosa entre la mujer y el hombre, tuviera que haber una diferencia, por el motivo de que la mujer se siente con más fuerza y por eso es que han sucedido muchas cosas ahora en Costa Rica, verdad, porque la mujer se siente conforme las leyes, y desde que eso sucedió, yo he visto varios casos, al menos aquí un caso, que la mujer apenas sacó la escritura de la parcela vino y se le metió con otro hombre al esposo y lo mandó al carajo y ella se quedó con la parcela ahí, verdad. Y si ella no hubiera tenido ese derecho, yo creo que ahí estuviera con él, pero diay, se sienten más que se valen por ellas solas, verdad.

Más que el individualismo huraño, el retraimiento familista constituye el rasgo distintivo de un modo de vida que recuerda las descripciones en torno al ser costarricense de pensadores como Eugenio Rodríguez Vega (1977) y Constantino Láscaris (1975), que enunciaban la hurañez y el retraimiento social como peculiaridades de la "idiosincrasia" tradicional costarricense, rasgo caracterial más propio de las mentalidades localistas tradicionales premodernas que del "yo autocontenido" de la racionalidad modernista (Cushman, 1990) decimonónica, o del narcisismo instrumentalista posmodernista de principios del XX1 (Lasch, 1980).

A pesar de lo sacrificial y lo poco rentable que resulta, el trabajo agrícola es conceptualizado como una actividad que en última instancia ofrece una seguridad que no brinda la incertidumbre de otros trabajos. La lógica pequeño campesina de la diversificación del cultivo se transfiere aquí a un principio más general de que es mejor saber de todo un

93


REV. HUMANITAS, 2010, 7(7): pp. 84-105, ISSN 1659- 1852

poco que caer en los riesgos de la especialización.

Una seguridad que a su modo de ver también la ofrece en mayor medida el campo que la ciudad, actitud que, al parecer de Jaime Valverde (1995):

... es lo que explica que en el objeto de búsqueda que se plantea el campesino, no aparezca el traslado a la ciudad como una de las expectativas. Esto es, en el fondo los campesinos quieren construirse un futuro mejor pero manteniéndose en el mismo campo (51). Consecuentemente, el futuro es conceptualizado en términos de la esperanza de que

la agricultura pueda dar suficiente para alcanzar una vida austera pero cómoda y dejarle a sus hijos un terreno donde hacer su casita.

Si bien en su mayoría valoran el estudio como un medio para mejorar las condiciones de vida y escapar de un modo tradicional de sobrevivencia que resulta penoso e incierto, la escuela no tiene la importancia que como instrumento de movilidad social y agencia socializadora se le atribuye en los sectores medios urbanos. Los padres no consideran tan importante averiguar que tan bien trabajan los niños en la escuela, ni a los niños les importan vitalmente las calificaciones o el progreso. Aun cuando se sienten orgullosos cuando el niño sale bien, es común que repitan años y este fracaso no se considera muy vergonzoso; no obstante los padres seguramente mostrarán su desaprobación y acusarán al hijo de flojera y, sobre todo, de falta de compromiso con el sacrificio de sus padres para que pueda estudiar. Evidencias de esta ambigüedad la entrevemos en la historia de María, de 34 años,

nativa de San Antonio de Belén, cuyos progenitores, según la entrevistada, se preocuparon porque ella y sus hermanos estudiaran, pero cuyas difíciles condiciones de vida los obligaron a abandonar el estudio sin terminar:

P: ¿Cómo la trataba su madre cuando era niña?

R: Ah, cuando estaba en la escuela, por ejemplo, si tenía algún problema ella me decía que me esforzara. A todos nos pusieron a estudiar, si no sacamos profesión fue porque más bien salimos para ayudarles a ellos, sin embargo todos sacamos algo, mis hermanos menores tienen por lo menos su bachillerato, pero los mayores no pudimos terminar. Imagínese antes no era como ahora, yo con 15 años tuve que trabajar en una empresa, todo era más difícil.

Más explícito en esta ambigüedad resulta Álvaro, pequeño campesino de 38 años de la región de Corredores, de padre nicaragüense y madre panameña, oriundo de Tierra Blanca

94


REV. HUMANITAS, 2010, 7(7): pp. 84-105, ISSN 1659- 1852

de Cartago, quien, si bien valora la importancia del estudio en la formación y superación propia y de los hijos, es escéptico de que se aprenda algo que valga la pena, que ello sea suficiente para conseguir trabajo y de que los campesinos puedan mandar a sus hijos a la escuela. En su caso personal no ve que el estudio pueda cambiar las cosas y ha dejado en su hijo la decisión de continuar o no en la escuela.

P: Y si tuviera tiempo o oportunidad, ¿Qué le gustaría saber o estudiar?

R: Estudiar ... bueno, quien sabe, yo creo que ya no, porque yo veo que muchas personas se han salido ahora del colegio, personas que salen de la escuela, salen del colegio y con esa preparación todavía no es suficiente ni como para ir a buscar un trabajo, entonces yo ya no ambiciono ir a estudiar

(...)

P: Y cuando él iba progresando, ¿le iba bien?

R: Yo digo que muy poco, porque aquí, aquí, este, los niños se van, yo hallo que él mismo, y yo le acepté más eso porque yo le dí la razón, las maestras de aquí no enseñaban nada, mire, aquí un chiquito sale de sexto grado de escuela y uno le pregunta algo fácil en matemática y no saben nada. Entonces yo digo, que los padres que mandan a un hijo a la escuela, pues es bueno porque aprenden nada más a escribir y a leer pero de ahí no aprenden nada más.

También Denia da muestras de esta ambivalencia cuando exige de su hijo corresponder al sacrificio que significaba para sus padres el que pudiera seguir sus estudios o si no, mejor abandonarlos:

P: ¿Qué profesión le gustaría para sus hijos?

R: Es que uno no puede opinar, al menos con el mayor ya me pasó, pues, no digo que me siento defraudada, porque no, como le digo, desde el principio, él es muy buen hijo y muy educado, no tengo que resentir cosas, pero a mí me viera gustado que él viera estudiado. yo lo puse al colegio y le dije bueno, usted va a estudiar, si usted ve que no le gusta el colegio o que no quiere estudiar no me haga perder tiempo a mí ni lo pierda usted tampoco y si usted no quiere seguir estudiando salga del colegio, no va a estar uno sacrificándose. Aquí yo me sacrifiqué mucho el primer año para que él

95


REV. HUMANITAS, 2010, 7(7): pp. 84-105, ISSN 1659- 1852

fuera al colegio, porque había que levantarse a las 3 de la mañana para prepararle el desayuno y a él tenía que llamarlo a las 4, 4 y media, para que se bañara y se alistara; tenía que irse hasta la Uno. 40 minutos a pie para ir a coger el bus para ir al colegio, era un sacrificio muy grande, todo un año me sacrifiqué para que él fuera al colegio y, como le dije yo, se sacrifica usted, también yo me estoy sacrificando y no va a ir a estudiar, no le va a sacar provecho al estudio, mejor usted decide y él decidió no seguir estudiando, pero como le digo, a mí me hubiera gustado mucho que él viera terminado su profesión, no decirle cual profesión, eso la elegía él, pero diay, no ... y no, para los pequeños, si pudiera y estuviera a mi alcance, me gustaría que ellos estudiaran también y tuvieran su profesión , pero diay, si no es así, ni modo.

En fin que, patriarcal y apegado a la tierra y los lazos de sangre, predomina en el ánimo del pequeño campesino una actitud de moderado rechazo (52.3%) hacia los procesos de modernización en general y que en particular resulta extensible hacia las políticas de refuncionalización mercantil del agro en el marco de la globalización económica que han impulsado los gobiernos nacionales en los últimos veinticinco años.

Esta actitud de rechazo es mayor en la población de las comunidades nativas, las personas de mayor edad y las mujeres, a niveles que resultan estadísticamente significativos para los casos de distribución por lugar de residencia y edad, no así por sexo, aunque la distribución puede considerarse marginalmente significativa al rondar el nivel de significancia de 0.05, como puede observarse en las siguientes tablas.

Tabla 1

Distribución por receptividad a la modernidad según lugar de residencia de la persona entrevistada

Comunidad

Receptividad a la modernidad

San Antonio Belén, y San Rafael Alajuela

Corredores, El Indio y Bambusal Total

Intenso rechazo

2

0

2

Moderado rechazo

36

19

55

Indeciso 15 26 41

Moderada receptividad

1

6

7

Total 54 51 105

Razón F. = 15.316 X=2.278 X=.745

P.= 0.00037

Tabla 2

Distribución por receptividad a la modernidad según edad de la persona entrevistada

96


REV. HUMANITAS, 2010, 7(7): pp. 84-105, ISSN 1659- 1852

Comunidad

Receptividad a la modernidad

17-29 30-39 40-49 50-78 Total

Intenso rechazo

0

1

0

1

2

Moderado rechazo

5

22

15

12

54

Indeciso 11 13 11 5 40

Moderada receptividad

2

1

4

0

7

Total 18 37 30 18 103

Razón F.= -3.887 X=2.833 X=2.378 X=2.655 X=2.222 P= 0.01137

Tabla 3

Distribución por receptividad a la modernidad según sexo de la persona en trevistada

Sexo

Receptividad a la modernidad

Hombres Mujeres Total %

Intenso rechazo 1 1 2 1.92

Moderado rechazo 22 33 55 52.30

Indeciso 23 18 41 39.00

Moderada receptividad 5 2 7 6.60

Total 51 54 105 99.82

Razón F = 3.596. X=2.627 X=2.389 X= 2.5 1

P. . = 0.057 Ds.= 0 .64

En cuanto a los aspectos que tienden a erosionar en mayor medida esta caracterial resistencia del pequeño campesino a los procesos de modernización del agro, cabe destacar la necesidad de los servicios básicos propios de la vida urbana, como el agua potable, la electricidad y el asfalto de carreteras (31.2%)4 , de capacitación en la tecnificación de los cultivos (6.5%) 5 y la receptividad a medios como la televisión (47.2% acostumbra ver diariamente televisión y 13.9% con cierta regularidad)6 .

Así, José, pese a su notorio apego a la tierra, a la agricultura y a las pautas tradicionales familiares y religiosas, da muestras manifiestas de apertura al cambio, la percepción favorable del progreso industrial y urbanístico y el desarrollo de una conciencia prospectiva e instrumentalista. Incluso ha tenido oportunidad de capacitación fuera del país,

4 sobre un total de 80 personas que se refieren al respecto

5 sobre un total de 85 personas que hacen referencia aspiraciones vocacionales

6 sobre un total de 72 personas que se refieren al respecto respecto.

97


REV. HUMANITAS, 2010, 7(7): pp. 84-105, ISSN 1659- 1852

misma que ha desechado por quimérica, actitud que nos retrotrae a esa tradicional timidez y temor al riesgo propios del campesino:

P: Si tuviera usted oportunidad, ¿qué cosa le gustaría saber o estudiar?

R: Diay, no le podría dar exacta la respuesta. En la rama en la que yo estoy actualmente, es interminable las cosas que hay de agradables y bonitas como para estudiarlas. Yo creo que conozco algo, pero hay infinidad de cosas que no las conoce uno, eeh, tecnología, este eh, los sistemas más sofisticados, más modernos que hay en la actualidad. El problema es que uno se entusiasma mucho con eso, porque que hace con estudiar y analizar todo eso, si no tiene en un país como el nuestro que es un país pobre, para traer una máquina para trabajar en agricultura, diay, sería un sueño nada más, entonces, eso es una cosa que yo me he puesto a pensar. Ahorita a mí me hicieron la invitación para ir a Italia en estos días, con todo pagado, para ir a ver una maquinaria, para sembrar, producir, seleccionar y empacar cebolla, todo lo hace, es algo muy especializado, pero me puse a pensar que qué ganaba yo ir a eso, si no podía traer la maquinaria, para qué, eeh, vale muchísimo y en un país como éste, que a pesar de ser uno de los primeros países del mundo en producción de cebolla, a nivel de hectáreas nosotros se puede decir que estamos en primer lugar en cantidad de quintales por hectárea, pero yo dije, sale sumamente caro, aquí todo sale demasiado caro

También Ignacio, a pesar de su apego al ideal tradicional campesino y su concepción patriarcal en torno a las relaciones de género en el hogar, da muestras de una racionalidad instrumental y motivo de logro en la toma de conciencia sobre el costo/beneficio de sus cultivos, el uso de agroquímicos, la necesidad de esfuerzo y las aspiraciones en capacitación, así como una perspectiva modernistas sobre el desarrollo de la comunidad.

P: ¿ Lleva usted alguna contabilidad de lo que usted invierte? Cuánto gasta y c uanto es lo que...

R: Si, bueno, lo que queda es muy poco, es un 25%, si fuera cantidad lo que usted siembra, como diez o doce hectáreas en adelante lo que usted siembra, sí, el porcentaje sería mayor, pero jamás uno no va a hacer eso, porque ya para eso hace falta una inversión, ya hablemos de millones porque ahora usted anda mil colones y es como si anduviera cien colones antes, usted cambia mil colones y no se ve, si es un poquito

98


REV. HUMANITAS, 2010, 7(7): pp. 84-105, ISSN 1659- 1852

comelón y llega a un restaurante y le cobran mil y resto.

P: ¿Cuánto es el período de producción del plátano?

R: Cada doce semanas está la fruta de corta que es lo que dilata la fruta para estar a un máximo grado.

P: Ahora digamos, si uno sacara una proporción de lo que usted gasta durante esas doce semanas y lo que usted recibe por la venta

R: Es demasiado poco

P: ¿Más o menos qué sería? ¿Cuánto es lo que recibe por la venta y cuanto fue lo que

gastó?

R: Lo que queda es muy poco, lo que queda es muy poco. Queda como un 25%, lo que se saca por semana es variable, digamos esta semana pueden salir sesenta racimos, la otra ochenta, la otra puede bajar hasta cuarenta, puede salir un promedio, digámosle de veinte mil o veinticuatro mil colones mensual con estos que estoy produciendo, claro que ya ahora viene una plantación grande, ya va a haber más entrada, pero también sería menos.

P: Esos veinticuatro mil, digamos, ¿serían libres?

R: No

P: De esos veinticuatro mil colones, ¿cuánto le quedan libres?

R: No, pueden quedar unos seis mil colones, es muy poco, pero uno tiene que hacerlo porque tiene que subsistir, porque tiene el plátano para comer, si usted está mal de situación y viene un comprador y le dice véndame dos racimos de plátano, cualquier vecino o lo que sea, diay, uno lo vende y ya tienen trescientos o cuatrocientos colones, ya tiene para el azúcar.

(...)

P: ¿Como ve usted la capacitación que le dieron?

R: Bueno, la capacitación para mi es algo importante

P: Mj.

R: Porque si todos nos pudiéramos capacitar, digámosle, viniera aquí una capacitación, que sé yo, para un proyecto bananero, un proyecto papayero, digámosle, yuquero, lo que fuera, de cualquier agricultura de cambio, sería muy bonito trabajar uno capacitado y no incapacitado porque, diay, usted sabría lo que está haciendo sobre

99


REV. HUMANITAS, 2010, 7(7): pp. 84-105, ISSN 1659- 1852

su cultivo, como cuidarlo, ver que plaga se le vino encima, como la puede combatir, verdad, todo eso, porque al menos a nosotros, el plátano nos enseñaron como controlar la plaga, el nemátodo, como saber cuando hay el exceso de nemátodos en la raíz, en el tallo, el picudo, todo eso, ya uno, al menos yo, yo llego a su plantación y usted no sabe nada de eso y usted me dice, vea, yo tengo un problema así con el picudo, yo necesito saber que cantidad hay ya para ver si necesita una riega de conter, entonces yo llego a la plantación y hago lo que tengo que hacerle y yo me doy cuenta si está alterado de picudo en la plantación.

(...)

P: ¿Qué tan importante cree usted que es la educación?

R: Ah no, la educación es, es algo primordial, lo máximo, verdad, que si yo la hubiera tenido, pues tal vez en este momento no hubiera estado aquí, digámosle, si hubiera tenido estudios y cosas, porque si hablamos de educación, en la educación va incluida estudios y preparaciones para un futuro, pero diay, pero al menos yo no lo tuve, pero gracias a Dios he sabido defenderme un poquito de mis esfuerzos.

Álvaro, incluso llega a resaltar como cualidades, indistintamente del género o el lugar en la familia, el motivo de logro y la capacidad de autosuficiencia, aparentemente fraguados en su caso, al calor de un temprano abandono del hogar de sus progenitores:

P: ¿Cuáles son las cualidades o virtudes que usted cree que un hombre debe tener? R: Bueno, siempre aspirar a prosperar

P: ¿Y el de una mujer?

R: También a prosperar y a defenderse, sin, hasta sin necesidad de... prepararse para que, defenderse, si tiene un esposo o no lo tiene llegar a, a salir adelante hasta sin necesidad de ayuda.

(...)

P: ¿Qué haría usted si su hijo se casara en contra de su voluntad?

R: Bueno, yo creo que cuando él llegue a elegir a la pareja que él desee darse, no sería tanto mi voluntad ni porque... cada persona tiene derecho de opinar con quien es que desea vivir y uno no es el que le va a dar eso.

100


REV. HUMANITAS, 2010, 7(7): pp. 84-105, ISSN 1659- 1852

No obstante, tan instrumentalista e individualista racionalidad no escapa a la ambigüedad, y tan innegable espíritu de empresa y motivación de logro no alcanzan a ser instrumentos suficientes para progresar ante las difíciles condiciones de vida que ha de enfrentar el campesino, su falta de mayor compromiso para el esfuerzo conjunto y la ausencia de apoyo de las instituciones estatales:

P: ¿Qué otras oportunidades piensa usted que debería ofrecer el pueblo aparte de las que me ha dicho?

R: ¿El pueblo? ¿Brindar el pueblo?

P: Sí, a la gente, que otros servicios o oportunidades, sí

R: Bueno, no solo eso. Yo diría que también unidos a defendernos, todo, porque aquí mucha gente... yo soy uno que si deseara a quien venderle le vendería porque, yo no sé, será la falta de preparación de la gente, que la gente es muy desunida, entonces no hay nada de comunicación entre unos con otros, entonces no se puede hacer labores de trabajo. Nosotros estábamos con, el otro día, con un proyecto porque pensábamos que si lo de oreros seguía, se iban a hacer unas plantaciones de árbol o asuntos de trabajo para que la gente aprendiera, pero, diay, no se pudo armar. El MAG se había ofrecido pero nunca vino, nos había ofrecido una reunión aquí para asesorarnos, para ver como se trabajaban muchos cultivos y no vienen, diay, yo creo que todo eso es muy difícil.

En síntesis, su apego a la tierra y a las tradiciones hace del pequeño campesino alguien reacio a los procesos de modernización, mientras que su disposición a la urbanización de los servicios básicos, las necesidades de tecnificación del cultivo y la receptividad televisiva tienden a vencer tales resistencias.

Conclusión

Como era de esperarse en comunidades rurales, la autopercepción del campesino se encuentra aún poco descentrada con respecto a sus condiciones inmediatas de vida, siendo el hogar el escenario privilegiado donde la existencia gana sentido, y en la que los lazos de sangre y el arraigo a la tierra y su cultivo refuerzan tal indiferenciación.

101


REV. HUMANITAS, 2010, 7(7): pp. 84-105, ISSN 1659- 1852

La familia se erige en el imaginario campesino como el valor más importante de su existencia, fuente principal de satisfacción y razón de ser, en donde los hijos constituyen el eje de sustentación y la estereotipia patriarcal tradicional de roles conforma el contenido ético del ser y hacer del hombre y la mujer.

Pero esta orientación familista se encuentra complementada por una significativa participación e identidad comunitarias, que aún constituye una realidad palpable en la población en estudio, si bien amenazada por los también tradicionales individual ismo, suspicacia y fatalismo campesinos, y crecientemente debilitada por el deterioro progresivo de las celebraciones, festividades y demás formas tradicionales de esparcimiento que agonizan con la creciente urbanización e industrialización y cuyo punto de quiebra se vislumbra con la presencia de la televisión y su papel cada vez más protagónico en la organización de la cotidianidad familiar y como principal medio, junto a la radio, de descentramiento diario respecto a la realidad espacio temporal inmediata, y por ende, de transculturación (Daza y otros, 1989) de la conciencia cotidiana del campesino, proceso por el que éste se ve fuertemente persuadido (Reardon, 1983) a trascender los estrechos marcos de su cotidianidad local y entrar en contacto con cosmovisiones, normas y prá cticas modernistas que poco a poco calan la estabilidad, seguridad y austeridad de su tradicional mundo rural.

En relación con la tierra y su cultivo, resulta evidente el carácter inmanente antes que instrumental que ésta desempeña, en conjunto con la familia y aún la comunidad, en la autoestima, identidad y aspiraciones del pequeño campesino, y que pone de manifiesto una particularidad de su modo de ser, que a nuestro entender arraiga profundamente en la estructura social de su subjetividad y que lo distingue del trabajador industrial moderno, quien experimenta un profundo sentimiento de alienación con su cotidianidad laboral, ha perdido sentido "dramatúrgico" (Habermas, 1987) y sólo percibe su trabajo en términos de una racionalidad instrumental en la que el dinero pareciera su principal motivo (Fromm, 1985).

Por el contrario, el campesino aún muestra muchos de los rasgos que se le atribuyen al artesano del siglo X1X, signados por una actividad intrínsecamente satisfactoria, concreta y personal (Fromm, 1985). Si bien la tierra es indisociable de su percepción como capital, medio para obtener un fin, mayor resulta su valor simbólico como centro de gravitación en

102


REV. HUMANITAS, 2010, 7(7): pp. 84-105, ISSN 1659- 1852

la construcción de la propia identidad campesina.

Actitud que podemos extender al sentido que los oficios domésticos desempeñan en la autoestima e identidad femeninas, actividad que si bien se realiza bajo condiciones de gran esfuerzo y monotonía y no muestra los mismos índices de identificación que se revelan para los hombres en sus actividades agrícolas, aún se manifiesta en la mujer, a través de lo que Fromm denomina "aspectos sociales del trabajo" (Fromm, 1985), como fuente de placer y satisfacción. Indudablemente que para la mayoría de las campesinas, sus labores domésticas forman parte de su relación total con su marido e hijos, y que, en la medida en que estas resulten satisfactorias, su trabajo adquiere pleno sentido.

En conclusión, priva en general una identificación con el ser campesino y sus escenarios, que, en conjunto con los valores de la familia patriarcal, se imponen como principal modo de satisfacción y realización y fuerza de orientación en la vida.

No obstante, la vida en el campo es retratada como una vida de esfuerzo y sacrificio en que las fuerzas del mercado y los imponderables naturales constituyen fuentes principales de desasosiego y malestar con su incidencia en los bajos precios y la pérdida de cosechas. Condiciones del entorno que escapan a los poderes reflexivos del pequeño campesino, lo oprimen y refuerzan su cosmovisión de impotencia, incertidumbre y vulnerabilidad

En consecuencia, predomina una cosmovisión fatalista y misantrópica en la que la impotencia y el desamparo se nos presentan como rasgos de carácter fuertemente moldeados por las condiciones de vida campesina, apenas compensados por el recurso a la voluntad de Dios como razón última de las cosas y la esperanza de un "nirvana" redentor.

En este marco, la escolaridad pareciera ser objeto de las mayores contradicciones en la receptividad campesina. Si bien en su mayoría valoran el estudio como un medio para mejorar las condiciones de vida y se lamentan de no haber podido tener más oportunidades propias, aunque de niños no hayan sido tan afectos al estudio, la escuela no parece tener la importancia que se le atribuye en los sectores medios urbanos, y más parecen moverse con cierta ambigüedad entre la modernista valoración positiva del estudio como medio racional de asalto a la libertad y la felicidad y un resquemor caracterial más profundo de que és te atente en contra de su particular modo de vida y aleje a sus hijos de la tierra a la que se dedican. Consciente o inconscientemente, el pequeño campesino experimenta la aspiración al estudio como una forma de violencia a su cotidianidad e identidad y un imperativo que

103


REV. HUMANITAS, 2010, 7(7): pp. 84-105, ISSN 1659- 1852

resulta inversamente proporcional al sacrificio que demanda, de ahí que no se muestre especialmente exigente en este terreno, cuando no es que, por el contrario, obligue a sus hijas e hijos a ayudarle en las labores domésticas y del campo a costa de la asistencia misma a clases.

Por todo lo anterior nos parece entonces que más allá de no pocas muestras de un significativo espíritu de empresa, de una lógica de medios conforme a fines, valoración del estudio y las innovaciones e incluso capacidad para integrarse a los programas de ajuste y agricultura de cambio, predomina aún en el pequeño campesino costarricense, al menos al cerrar el siglo XX, que es cuando se realiza este estudio, una actitud entre moderada y ligeramente resistente a los procesos de modernización y, si bien es capaz hasta cierto punto de adaptarse e incluso promover innovaciones modernizantes en su vida familiar, comunidad y actividad productiva, los fuertes vínculos de arraigo e identificación con su comunidad, la tierra, la vida rural en general, los lazos de sangre, las convicciones religiosas e incluso la familia patriarcal tradicional, lo inclinan a resentir su incorporación a la modernidad y a mostrarse más bien bastante presto en la defensa y promoción de los valores centrados en la vida y en armonía con el ecosistema, propios de las narratologías mítico- tradicionales

Referencias

Cushman, P. (1990). Why the self is Empty. American Psychologist. 45. (5), 599- 611

Daza, H. G. y otros. (1989). TV. Cultura. Los jóvenes en el Proceso de Enculturización. Bogotá: Nueva América.

Fromm, E. (1985). Psicoanálisis de la sociedad contemporánea. México: Fondo de Cultura Económica.

Fromm, E. y Maccoby, M. (1974). Sociopsicoanálisis del campesino mexicano. México: Fondo de Cultura Económica.

Habermas, J. (1987). Teoría de la acción comunicativa. Madrid: Taurus.

Lascaris, C. (1975). El costarricense. San José: EDUCA.

Lasch, Ch. (1980). The Culture of Narcisism. Londres: Abacus.

Moragas Spa, M. (1980). Semiótica y comunicación de masas. Barcelona: Península. Osgood, Ch. (1975). Una exploración en el espacio semántico. En W. Sxchramm (comp.), La Ciencia de la Comunicación Humana. (5ta. ed.), (pp.37-49) México: Roble. Reardon, K. (1983). La persuasión en la comunicación. Teoría y contexto. España: Paidós.

104


REV. HUMANITAS, 2010, 7(7): pp. 84-105, ISSN 1659- 1852

Robert, J. (1995). El Campesino Costarricense: Carácter social y modernización.Una aproximación Sociopsicoanalítica. Consideraciones teórico metodológicas. Instituto de Investigaciones Psicológicas. Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de Costa Rica. Vol. 11, n. 89.

Rodríguez, E. (1977). Apuntes para una Sociología costarricense. Costa Rica: EUNED. 2da. edición

Valverde, J. (1995). Procesos de Adaptación y Resistencia Cultural al Ajuste Estructural del Campesinado Costarricense (Opciones Organizativas). En Contribuciones. Instituto de Investigaciones Sociales. 25. Universidad de Costa Rica.

Jaime R. Robert Jiménez (robertjaim@gmail.com)

Centro de Investigaciones Psicológicas Avanzadas (CIPA )

Universidad Católica de Costa Rica

105