ESTUDIO DE CASO DE AGRESIÓN SEXUAL A PERSONAS MENORES DE EDAD (2)

Fernando A. Muñoz M.

Universidad Católica de Costa Rica

Resumen: Desde la entrevista y la autobiografía se aborda en este artículo la situación vivida por Eduardo, para estudiar, mediante las narraciones, los significados de sus experiencias tanto en el proceso de desarrollo humano como en las situaciones de abuso sexual a personas menores de edad. Dos aspectos muy importantes sobresalen en sus experiencias. Por un lado, la experiencia vivida con su padre y madre y por otro lado, su desarrollo sexual y el impacto del abuso sexual que vivió de niño.

Palabras clave: desarrollo humano, agresión sexual, pedofilia, efebofilia

Abstract: Interview and auto biography are the means by which this article explores the meanings of Eduardo´s life experiences from both, the human-development process as well as his children sexu al abuse. Two important aspects are found in Eduardo´s experiences. On the one hand, his life experience as he suffered it with his father and mother, on the other hand, his sexual development and the impact of sexual abuse while being a child.

Key Words: Human development, sexual abuse, pedophilia, efebophilia


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Introducción

Este es un artículo de una serie de historias de vida que se han trabajado con sacerdotes que han agredido a personas menores de edad. Los participantes en esta investigación han ofrecido sus historias de vida como medio por el cual se pueda entender lo que ha sucedido en algunas etapas de sus vidas y las implicaciones que esto ha tenido en la integración de su afectividad, su sexualidad y expresión genital, así como en su comportamiento que los ha llevado a agredir a personas mayores de edad.

Las denuncias acerca de estas conductas por parte de ministros católicos han conducido al desarrollo de la investigación para acercarse a la comprensión de tales conductas.

Entre los objetivos trazados en estas investigaciones, en algunos de ellos se busc a comprender el desarrollo humano de los participantes y los aspectos que más interfieren en la conformación de sus conductas. Por ello, se indaga en la comprensión de la construcción de la identidad y del significado que se da a las relaciones interpersonales significativas para que de este modo se pueda advertir el por qué de las conductas agresivas a personas menores de edad.

Planteamiento del caso y problema de investigación

Cuando se habla de identidad se hace referencia a la manera como el individuo responde a la pregunta ¿Quién soy? desde el punto de vista humano y desde el ejercicio de su ministerio sacerdotal. Por otro lado, con base en la identidad se entra dentro de la dinámica de la intimidad. Es decir, pueden entrar dentro de las relaciones significativas las personas que han desarrollado adecuadamente su identidad de manera tal que ante una identidad mal conformada es difícil que una persona pueda llegar a establecer relaciones interpersonales maduras y profundas, quedándose en un plano infantil e inadecuado a la edad cronológica de la persona. Estos aspectos son abordados en el estudio del presente caso.

El trabajo llevado a cabo con sacerdotes agresores de personas menores de edad y que haya sido publicado es muy poco, de aquí la importancia de ofrecer estas investigaciones de manera que se pueda entrar dentro de la comprensión de este fenómeno que tanta dificultad presenta a las personas mismas, sea víctimas de estos abusos, a los mismos abusadores, a la Iglesia y a la sociedad en general.

En este artículo se presenta una historia de vida en la que se aporta información sobre

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los significados que el participante da a las experiencias vividas; con ello se quiere responder a estas interrogantes: ¿Cómo ha construido la identidad este sacerdote que ha agredido sexualmente a una persona menor de edad. ¿Cuál es el significado que él da a las relaciones interpersonales significativas? Y ¿qué relación existe entre estas dos realidades, identidad y relaciones interpersonales?

Revisión de la literatur a

La paidofilia y la efebofilia son conductas que se catalogan como psicopatológicas. La paidofilia está clasificada dentro de las parafilias en el DSM IV TR e igualmente se puede afirmar de la efebofilia. Cualquier persona que presente este tipo de conductas, está causando daño grave a las personas con las que pone en práctica esta modalidad de conducta. Hay una disociación entre pensamiento, emoción y conducta.

Por otra parte, hay que tomar en cuenta lo correspondiente a desarrollo humano tomando como presupuestos los planteamientos de Eric Erikson (1967, 1969) en las etapas psicosociales, así como el aprendizaje social de Bandura (1973). Lo anterior con el fin de comprender cómo se da el proceso de desarrollo en los participantes en esta investigación desde su infancia, pasando por la niñez temprana, la niñez intermedia, la adolescencia y la edad adulta temprana. Dentro de este proceso de desarrollo humano, los cambios que se producen en la persona incluyen varias dimensiones del yo o factores básicos, como son el desarrollo físico, cognoscitivo y psicosocial (Papalia, Wendkos, & Duskin, 2005; Kail & Cavanaugh, 2006). Dimensiones del yo que permiten al individuo entrar en relación consigo mismo, aprender y vincularse con el entorno.

Aunque se habla por separado de estos dominios del yo, no hay discusión en cuanto a la interrelación que existe entre ellos. Por lo tanto, siguiendo a algunos autores se busca una integración en la comprensión de estos cambios por los cuales llegar a comprender la conducta de los sujetos de esta investigación (Kail y Cavanaugh 2006; Papalia & Wendkos, 2005; Craig, 2001).

Para el objetivo de esta investigación se consideran las partes del desarrollo humano de las cuales los participantes relatan sus experiencias; por lo que se concede importancia especial a las edades en las cuales se encuentran ubicados los acontecimientos narrados.

A razón de esta investigación se consideran primordialmente aspectos cognitivos, como el aprendizaje; el desarrollo psicosocial, dentro del que se examina, de manera

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importante, el elemento emocional y afectivo. Todos ellos que, de muchas maneras tienen influencia en la construcción de una identidad, permiten al individuo un concepto de sí y una perspectiva más clara de los otros y de cómo percibe y se abre camino de cara al futuro.

Por ello, entre mejor definida esté la identidad, mejor y más profundas se harán las relaciones interpersonales; por ello, desde los aspectos psicosociales se logra vislumbrar cómo el individuo establece relaciones adecuadas con el entorno. Se mira la identidad y su vínculo con las relaciones interpersonales y cómo estas últimas intervienen en la manera como se pueden percibir los eventos en los que la persona se involucra, para establecer la relación que se puede dar en cuanto a identidad, relaciones interpersonales y la percepción que se tiene de los eventos en los que se ven involucrados los participantes de la investigación.

En lo que a construcción de género se refiere el patriarcado tiene dos bases fundamentales sobre las que construye su concepto de masculinidad: por un lado la desvalorización de lo femenino, con lo que se sustenta la actitud de dominio sobre la mujer y, como consecuencia, se desprende la segunda cuestión, esto es, la sobrevaloración de lo masculino que justifica el poder y dominio del hombre sobre lo creado (Salas y Campos, 2004).

En lo referente a la agresión sexual a personas menores de edad, para Araji y Finkelhor (1986), la paidofilia es un estado en el cual un individuo está predispuesto a usa r menores de edad para su gratificación sexual. Se infiere la agresión sexual cuando existen dos de las siguientes conductas: que el adulto tenga algún tipo de contacto sexual con una persona menor de edad, sea porque ha tocado a la persona menor de edad o sea porque este adulto ha buscado ser tocado genitalmente por una persona menor de edad.

Las investigaciones de estudiosos muestran que el problema de agresión sexual a personas menores de edad no puede verse como una situación en la que se considere únicamente un aspecto. Al contrario, es importante considerar que en este tipo de conductas abusivas se conjugan varios aspectos que permiten aproximarse a la comprensión de la conducta del agresor sexual de personas menores de edad (Browne y Finkelhor, 1986; Ward y Beech, 2006; Ward, Polaschek y Beech, 2006). Esto permite hablar de una perspectiva multifactorial y no únicamente desde un factor único, puesto que intervienen diversos factores en las conductas del agresor sexual.

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Algunas de estas teorías han sido clasificadas según el o los aspectos que se consideran en la comprensión de estas conductas. De esta manera, diversos estudios hacen una distinción entre las que denominan teorías de factores únicos, teorías multifactoriales y modelos descriptivos. Ello, en el intento de recoger la experiencia de investigadores que se han dedicado a la comprensión de la conducta abusiva, así como el “movimiento intrapsíquico” que se da en la persona que lo lleva a la comisión de actos de agresión a personas menores de edad. Inclusive, dichos estudios intentan la unificación acerca de la teoría sobre la ofensa sexual, la cual denominan ITSO (siglas en inglés de Integrated Theory of Sexual Offending). (Ward y Beech , 2006; Ward, Polaschek y Beech, 2006; Ward y Siegert, 2002 ).

Método

Al optar en esta investigación por un modelo de tipo cualitativo, se pretende la “búsqueda de significado”, que es el foco central de toda análisis cualitativo (Ruiz, 1999). Por ello, en primer lugar esta búsqueda implica la comprensión del fenómeno. La bú squeda de significado sugiere preguntarse cuál es el significado que se da a este fenómeno, ya que es susceptible a experiencias nuevas e inesperadas. Se espera conocer y comprender el fenómeno, objeto de estudio, de una manera total, sin resquebrajos ni parcialismos, mediante su contemplación, tal cual aparece, de manera que permita ser comprendido en el ofrecimiento que hace la persona de su intimidad, tal cual la vive.

Todo ello, permite entrar en el mundo de la persona participante en la investigación por medio de la observación, la narración y la comunicación, de manera que acceda a ser analizado. Entonces, dentro del marco de este tipo de investigación, se busca que el significado tenga profundidad, además de densidad y extensión (Ruiz, 1999).

Se analiza la información recogida mediante la entrevista con libre producción narrativa, la autobiografía y la entrevista semiestructurada, con lo que se ha construido la historia personal de vida, para su categorización, búsqueda de significados y análisis e interpretación que se dé de la información acumulada.

Resultados

En el análisis se integra lo que corresponde a la historia de vida recogida, en la entrevista abierta, en la semiestructurada y en la autobiografía. Por razones éticas se protege

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la identidad del participante y se usa el pseudónimo de Eduardo.

En la búsqueda de información, lo que Eduardo proporciona se considera suficiente para su historia de vida. Con ello se da por agotado el tema correspondiente a los objetivos de esta investigación.

En las relaciones padre-hijo, Eduardo presenta una experiencia particular. Hay ausencia del padre, con conflictos serios en su vida particular por alcoholismo y problemas de hogar, con una manifestación afectiva casi nula. Afirma que su padre murió dos veces, porque se dio una separación violenta, desde el plano psicoafectivo, que consideró muerte y la muerte real del padre. Dice: “Bueno, con papá hay una particularidad… para mí murió dos veces...”

La descripción que hace de su padre lo caracteriza como una persona con problemas de alcohol y no responsable: “…yo lo que digo… persona alcohólica, con muchos problemas… esteeeé… no responsable (…) No responsable porque como se fue de la casa nunca una atención, nunca dio una ayuda a mi madre para sostenernos, nunca se preocupó por estudios, vestido cosas de esas ¿no?” El hecho de que estuviera ausente de la casa no permitió, ni a Eduardo ni a su padre, por sus problemas de alcoholismo, tener una relación cercana. El afecto que manifestó se dio en condiciones no deseables para un hijo, como es el estado alcohólico: “En el plano afectivo era una persona poco cariñosa. Solo era afectuoso… él algunas veces llegó a la casa, no… este… el trató de hacer una relación con nosotros pero siempre lo recuerdo alcohólico. Cuando venía con alcohol entonces sí era afectuoso pero cuando estaba en buenas condiciones… no era un hombre muy rígido, muy… qué te digo… enojado. Esos eran los puntos débiles de él”.

Habla de que no hubo conocimiento entre el padre y los hijos. Su situación alcohólica generó en Eduardo más bien una experiencia de temor: “Es una relación poco afectuosa de un padre ausente… nada profunda… ni yo lo conocí a él, ni él nos conoció a nosotros… ni él me conoció a mí. Más bien le tenía temor por los problemas de licor”.

No hubo agresión física por parte del padre hacia Eduardo pero sí, como lo ha manifestado, una experiencia de ausencia afectiva.

En lo que va narrando hay un momento cuando dice expresamente el significado de la ausencia afectiva del padre como una necesidad de tenerlo cerca. Así expresa el deseo por él: “De un deseo de tenerlo cerca pero no… nunca lo pude tener”

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Era una relación inestable por la separación del los padres, los problemas de alcohol que presentaba su padre y por la ausencia pues, al hacerse presente, se volvía a vivir la separación, como él mismo lo afirma: “Sí digamos que tal vez una vez al año. Dos veces al año. Algunas veces estuve compartiendo con la familia de él. Él venía y nos llevaba a la familia de él pero lo veíamos poco también porque compartíamos más con la abuela que con él… él siempre en sus borracheras”.

La separación de su padre la describe como “experiencia emocional” (sic) dura para los hijos, que significó mucho dolor. Desde aquí se puede comprender mejor el significado que da a la expresión citada cuando dice que su padre “murió dos veces” (sic): “la experiencia emocional, cuando él se fue yo recuerdo, la casa nuestra era de madera, entonces viendo por las rendijas, por la ventana, cuando él se iba… entonces para mi fue bastante difícil verlo irse ¿no? Entonces todos estábamos llorando de verlo marcharse…”

En lo que respecta a las relaciones madre-hijo, identifica la lucha de su madre por hacerle frente a la situación, ella sola, porque su esposo no asumió la responsabilidad correspondiente, debido a la situación que Eduardo ha venido narrando. Sin embargo, se nota la misma ausencia afectiva que detallará más adelante: “Sería una persona muy luchadora, muy esforzada. Una persona que estuvo presente en nuestras necesidades pero ausente en nuestras necesidades… ¿qué te digo…? (…) Físicas ¡no!... ropa comida… pero por la misma situación con mi padre… pues ausente en la cuestión, llamémoslo así… afectiva. Eh… poco cariñosa, poco demostrativa de afecto eh… una persona muy valiosa en todos los aspectos”. Extraña que su madre estuviera muy ocupada en las cosas de la casa y que no se hiciera presente en las situaciones cotidianas de su vida : “…que nos preguntara ¿cómo les fue en la escuela, tiene problemas en la escuela? Después tiene novia, ¿cómo te va con tu novia? Que no se hablaba de este aspecto de educación sexual, que nos formara. Nos dijera las cosas que pasaban… nada de eso”.

Identifica la ausencia de caricias por parte de su madre, por lo que tendía a somatizar, como lo expresará adelante: “Después en caricias, generalmente, nos teníamos que ingeniar cuando estábamos enfermos… Entonces cuando estábamos enfermos… ahí si llegaba, nos cantaba, arrullaba, pero de la otra manera no”.

Expresa la misma necesidad de afecto por la madre que la expresada con respecto al padre: “…era una relación, para mí y para ella, de mucho aprecio de mucha necesidad de

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tenerla…”.

En cuanto a las relaciones entre los cónyuges, presenta una relación entre ellos muy disfuncional, en la que no había buena comunicación, lo que, consecuentemente, afectaba la relación del padre con los hijos: “le temía porque eran unos pleitos en la casa que uh… cuando él llegaba no había paz y después las veces que llegó pues venía con eso… problemas de licor que para nosotros era eh…, al principio contento porque él había llegado, content o… y después preocupado porque ya estaba tomado, verdad… entonces podían empezar de nuevo los problemas”.

No aparecen personas con quienes pudiera tener una relación significativa o más profunda: “…nunca, digamos de una relación profunda… nunca tuve… que yo recuerde”. En lo que concierne a la formación sexual, sobre el tema de sexualidad no se hablaba:

“para mí la genitalidad, no… la sexualidad era para mí un mundo desconocido… no tenía explicación y yo pues en mi mundo cerrado… pues muy poco me comunicaba en ese aspecto, entonces tenía muy poca información. Entonces iba creciendo y conforme iba desarrollándome pues iba notando los cambios solos. Nunca comenté con un hermano, con una hermana… con mi madre, mucho menos. La sexualidad era un tabú”.

Lo anterior lo hace más explícito todavía en la narración de su autobiografía: “Con respecto a la educación sexual nunca se nos educó; el sexo era un tabú, nunca se nos habló de los cambios físicos y con ello de los sexual”.

Sin embargo, pasa por el proceso normal de todo niño de descubrirse sexuado, sin orientación alguna, que, en este caso, pudo haber sido más perjudicial, por las situaciones que vivió y la conducta que manifestó hacia personas menores de edad: “…bueno de conocimiento, de ver a los otros niños que éramos iguales, llamémoslo así, en la dimensión de cuerpo…esteeeé, miedo por si nos agarraban ¡qué iba a decir mi madre! Esteeeé… si nos veía en eso, porque ella inculcaba ese valor, eso no tiene que tocarlo, eso es sagrado pero no, no no no… entonces para mí era un miedo. Y…y sí más que todo eso”.

En su autobiografía relata su primera experiencia sexual genital, agregando un dato significativo para el desarrollo posterior de su seguridad como hombre: “Mi primera relación genital con una mujer fue con una prostituta y me contagió una enfermedad sexual”.

Tuvo experiencias de noviazgo, según narra: “…para mí fue cuando tuve la primera novia, digámoslo así. De hecho, de estar con una mujer, conocerla, conocer sus puntos de

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vista… Era para mí como abrir otro panorama que no conocía”.

Descubre algunas dudas con respecto a su identidad sexual: “Ya… en la adolesc… Bueno cuando tuve los doce años. Sí. [hace una pausa prolongada y continúa] …enel colegio, llamémoslo así, tuve una especie como de atracción por un muchachito, pero yo no… o sea, yo no daba cabida a eso, pensaba que eso no podía ser”.

Presenta dificultades en cuanto a su identidad sexual y su consecuente duda acerca de una posible preferencia: “entonces yo decía no… no puede ser yo ya estaba con la mucha cha esta entonces no puede ser que a mí me atraiga tanto este muchacho, entonces yo trataba de eliminar todo este sentimiento… y de hecho, estudiábamos juntos, estábamos en el cuarto juntos… nunca sucedió nada con él”.

Al presente se define como bisexual: “…digamos que me catalogo bisexual. Puedo tener la relación con la mujer o la relación con el hombre entonces creo que bisexual”. Relata una experiencia de agresión sexual que se dio siendo niño, que no recuerda claramente, pero que sí sabe que sucedió [E: entrevistador / R: respuesta]:

“E: ¿Ud. padeció, en algún momento de su desarrollo sexual, alguna situación de abuso sexual?

R: Uhum… Sí pero no la recuerdo con totalidad

E: ¿Qué edad tenía?

R: Creo que estaba en esa etapa de los cuatro, de la separación. No recuerdo ni quién fue… Sí recuerdo alguna cosa así como en casa de alguna de mis tías. Pero no recuerdo ni quién fue… sí recuerdo que fue en un baño que me metieron o algo…” Continúa hablando acerca de la agresión sexual cuando era un niño. Se le pregunta

que detalle más acerca de lo vivido y dice [E: entrevistador / R: respuesta]:

“E: Y…¿recuerda Ud. si era varón o mujer?

R: Varón

E: Recuerda algo de esa experiencia, ¿qué fue lo que pasó?

R: Yo no…no, no… He querido hacer una regresión pero no he podido. Este… yo sí lo que recuerdo es que estuve haciéndole huecos a las sábanas y toda esa cosa y metiendo el pene en ese hueco y todo esto, ¿no? Entonces hasta con la tierra jugaba en ese aspecto, pero no puedo recordar qué fue lo que sucedió”.

Su niñez la describe de manera particular por una tendencia a vivir aislado. Se ve como

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persona que se criaba solo: “…pero yo también poco comunicativo, no me comunicaba mucho, aprendía a ser más…aislada, una persona más aislada que mis otros hermanos… entonces yo me recriaba casi que… solillo”.

Se autopercibe como un niño introvertido, en su propio mundo, con tendencia al aislamiento: “Introvertido, muy introvertido, muy metido en mí mismo. Esteeeeé… me gustaba jugar con los del barrio pero, siempre en mi mundo… era un mundo especial para mí ¿no? Y… en la escuela, siempre tratando de pasar desapercibido que no me vieran mucho… me gustaba mucho la ciencia entonces mi felicidad era estar metido en la biblioteca, metido en le biblioteca [ríe].

Nuevamente aparece el sufrimiento o el dolor que le causó la separación de su padre, situación que identifica como pérdida: “Bueno para mí fue digamos los cuatro años, lo poco que yo recuerdo, si fue un dolor profundo, eh, de ver que él se iba de la casa, que él nos dejaba, como perderlo ¿no?...”

El regreso del padre, en algunas ocasiones era una experiencia de renovada pérdida: “Entonces fue como revivirlo y yo sentía la necesidad de tenerlo y toda la cosa, pero no quería esteeé, estar tan cerca de él, por lo mismo, por volver a perderlo y de hecho pues él venía nada más, y se iba. Estaba en ese ir y venir. Entonces cuando él murió, hace veinticuatro años, pues para mí ahora sí ya descansó en paz, ya no va a estar en ese ir y venir”.

Con respecto a su adolescencia, la señala como crítica en su dinámica de relaciones interpersonales, manteniendo el patrón que viene exhibiendo desde su infancia. En su adolescencia, en buena parte, mantiene el mismo patrón: “De primero a tercero fue terrible. Fue para mi todo un cambio, un caos, porque fue de estar uno con una maestra a estar con un montón de maestros, profesores y profesoras. De tener un aula donde estábamos siempre a tener doce aulas, digamos… A estar para arriba y para abajo. Eh… entonces de aplicarme llegué con esa mala disciplina de aplicación, entonces me quedé como dos veces …no había manera de pasar. Eh… con los profesores me costaba más relacionarme… la relación con ellos me costaba, entonces materias… matemáticas me costaba un montón y tenía choque con el profesor, después ya cuando me cambiaron de profesor ya la cosa cambio… mejoró”. En lo que respecta al desarrollo de su identidad como joven, expresa inseguridad por posible rechazo de las mujeres: “Siempre me dio miedo ser despreciado por una mujer ya que a la primera que me le declaré no me aceptó el ser mi novia. La segunda fui rechazado

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por sus padres. Siempre fui respetuoso en mis relaciones con ellas”.

Su experiencia de ser agredido, con las carencias afectivas que relata lo llevan a repetir patrones de agresión a personas menores de edad.

Eduardo conversa sobre sus experiencias de agresión a personas menores de edad. En ellas presenta una distorsión cognitiva frecuente, sentirse padre y luego agredir: “Bueno mire en un principio fue como una relación paternal porque al principio fue con personas mayores que yo, entonces buscaba como ubicarme o encontrar padre, encontrarme un padre. Pero lamentablemente la relación se tergiversaba entonces terminaba en otro tipo de relación y yo creo que luego fue eso mismo lo que yo copié” (…) “…luego lo que yo buscaba era tener una relación de un padre a un hijo y darle afectividad y darle cariño y después cuando la cosa se me desviaba entonces para mí era un sufrimiento terrible, ¿no?... y de hecho trataba de cortar aquella relación pero cuando la cortaba se me hacía la vida terrible porque estaba muy apegado afectivamente al muchacho, llamémoslo así, y él estaba muy apegado a mí… si… si digo que siempre fui muy cariñoso, en ese aspecto de dar mucha afectividad pero revolviendo la afectividad, llamémoslo así… entonces eh, difícil, difícil de elegir”.

Hay una conciencia clara de las consecuencias que han traído sus conductas, tanto a las personas con quienes se ha involucrado, como a sí mismo. Se sabe responsable de lo que ha hecho con personas menores de edad: “Digamos… yo eso lo veo mal. Para mí fue mi error más terrible, el haberme… el haber tenido ese tipo de relación si hubiera sabido llevar la relación de tipo afectivo sana, tendría muchas amistades y mucha gente muy querida pero con esto me gané muchas enemistades y…la cosas se pusieron mal (…) Mesentí responsable durante mucho tiempo; pero después, poco a poco, he comprendido y siento que lo realizado ha sido producto de mi experiencia de vida, de sentimientos mal canalizados y de no haberme dejado ayudar por personas sinceras y capaces”.

Describe la situación vivida cuando se involucraba en agresión a menores de edad y las consecuencias que ello tenía para su vida: “En un principio fue…esteeeé…caricias, llamémoslo así… caricias nada más, después ya fue cayendo, sería en violación. Primero fue abuso pero después fue un tipo de violación y cuando ya fue un tipo de violación era una relación como más larga porque se había creado como un vínculo más y todavía más sujeto”. Se había movido en el círculo de la culpa del cual trataba de salir adelante con la situación que vivía con determinada persona y se involucraba nuevamente [E: entrevistador

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/ R: respuesta]:

“E: Cuando Ud. inicia una experiencia con un muchacho y después quería romper con lo que sucedía ¿tendía a buscar una nueva experiencia?

R: Eso era lo que me mataba porque se hacía un círculo… entonces terminaba esa relación porque ya estaba mal, ya la sentía… me sentía mal, entonces era como la ilusión de que con otra experiencia aquello iba a cambiar… que no iba a pasar eso, que no íbamos a llegar a una situación genital entonces cuando caía en situaciones genitales entonces otra vez todo mi mundo se derrumbaba y todo…”

Se le convierte en una situación inmanejable en la que se involucran una serie de sentimientos de culpabilidad y la búsqueda de ayuda que pretendió, sin que se comprendiera qué era lo que realmente le sucedía: “Fue cuando yo hablé con…, los superiores y le dije me está pasando esto… esto y esto entonces yo me siento muy mal, yo le dije yo no quiero seguir siendo así, por favor traten de ayudarme ¿no? Entonces lo que hicieron… lo que hizo fue trasladarme de trabajo y entonces me traslada y se vuelve a presentar la situación entonces ya era peor porque ya estaba en ese trabajo, había dejado la relación anterior, que me llamaba y toda esa cosa y se creaba una nueva relación, pues para mí dificilísimo y entonces hasta que yo hablé más seriamente con él y le digo yo veo que lo que está pasando no está funcionando, yo necesito pues… algún… visitar algún psicólogo o alguien que me ayude a ver esta situación, por qué me está pasando eso y entonces esteeeeé, que eso …no lo podemos hacer, que esto y que el otro, mejor te pongo con tus compañeros y no sé qué cuantos… y fue lo que se dio allá en [nombre confidencial], …pero ya para entrar en… poder contar todo lo que me estaba pasando era para mí dificilísimo ¿no?, entonces volvió a repetirse una situación y entonces era ya la tercera”.

Al preguntársele acerca de cómo percibe la situación vivida con personas menores de edad dice: “Reproche, por no haber sabido valorar mis sentimientos de hacer bien y no un mal. Angustia, de que se me reclame por mis actos, por parte de la persona afectada y de pensar que puede tomar el mismo camino que yo tomé. Ansiedad, de que ya no puedo hacer nada de lo que pasó. Tristeza porque hice daño”.

Hasta que su situación se convierte en inmanejable: “yo le vengo diciendo a Ud. [nombre confidencial] que sucede esto… ¿cómo hago? No lo puedo controlar…”

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En la autobiografía indica la situación de inconsistencia que vivió al tener este tipo de prácticas con menores de edad: “Ser célibe y relaciones con menores de edad. El no poder haber vivido una experiencia de vida sana, el no haber podido vivir la alegría del encuentro de Cristo en el más pequeño; el no haber podido vivir el gozo de la entrega generosa a Cristo y a la Iglesia de Cristo, el no haber podido vivir una vida limpia y en paz, con libertad de conciencia”.

Al presente se autodescribe como una persona que está luchando por trabajar la situación en la que se ha visto envuelto: “Bueno, no sé si la vez pasada le decía que yo era un sobreviviente, ¿no? Para mí ha sido una carga bien difícil… el hecho de descubrir todo esto. De descubrir raíces… de descubrir ehhh… como podría decir… carencias afectivas. Entonces, me siento un sobreviviente de que a pesar de todas las situaciones, estoy vivo y tratando de manejar todo este mundo para mí y ahora… Pero vivo… por la gracia de Dios, soy lo que soy, una persona… trato de entenderme y de hablarme, de ayudarme a mi mismo. Me dio, antes estuve mucho por ayudar a la gente y no me conocía, si… tal vez era ese deseo de tratar de no conocerme lo que me hacía estar dando. Ahora digo no… tengo tiempo para conocerme, valorarme y seguir adelante”.

Discusión

Niñez temprana

Dentro del proceso de desarrollo humano, como se ha dicho arriba, los cambios que se dan en la persona incluyen varias dimensiones del yo o factores básicos, como son el desarrollo físico, cognoscitivo y psicosocial (Papalia et al, 2005, Kail & Cavanaugh, 2006). Dimensiones del yo que permiten al individuo entrar en relación consigo mismo, aprender y relacionarse con el entorno. Las narraciones de Eduardo muestran algunas dific ultades importantes en este proceso, por lo cual se pueden hacer interpretaciones como las que se ofrecen a continuación.

En la historia de vida de Eduardo, siguiendo las trayectorias utilizadas como camino para identificar el proceso del ser humano que son los sujetos objeto de estudio (Riemann y Schütze, 1991), y considerando como trasfondo lo expuesto en la revisión bibliográfica acerca de la teoría de Erikson (1967), se pueden identificar las características que le permiten desarrollar su proceso humano y el camino que ha tomado producto de experiencias dolorosas.

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En la vida de Eduardo, según las mismas narraciones, aparecen deficiencias sobre todo en el plano afectivo, con las consecuencias que ello tiene para lograr una adecuada confianza que le permita confiar en su mundo y entrar en relaciones interpersonales y con su entorno, que le ayuden a desarrollarse adecuadamente.

En primer lugar, la figura paternal, específicamente en el varón, es trascendental. Si lo es en cualquier ser humano, en las situaciones objeto de estudio son especialmente importantes.

La afirmación de que su padre "murió dos veces" (sic) ofrece una especial mención. La muerte siempre es pérdida. Toda muerte duele. Eduardo está significando que vivió la muerte del padre o sea el dolor y la pérdida, dos veces. La primera a los cuatro años. Ruptura, pérdida que le impidió el aporte del padre en cuanto a madurar la relación vincular, el apego y lo que debía aportar en el desarrollo de su identidad.

Por otro lado, además de que presenta al padre como alcohólico, también lo describe como que no era una persona responsable en lo que concernía a asumir las responsabilidades de la casa. Tiene una visión negativa de lo que el padre dio al hogar y, deja claro más adelante, que su padre no aportó ni al hogar, ni a su desarrollo como persona. El poco afecto que le daba el padre parece determinado por su situación alcohólica. Si venía tomado manifestaba afecto, de lo contrario, lo califica de rígido, enojado.

Pero sobre todo parece significativa la expresión "Nunca lo pude tener" (sic); es una afirmación que refleja la añoranza por no haber alcanzado algo que se puede anhelar, en este caso se trata de un deseo de haber tenido el afecto de su padre. La ausencia de cercanía que afirma, es anhelo de algo nunca alcanzado.

Presenta un fuerte necesidad del padre y un fuerte miedo a perderlo, pero… ¿Cómo se puede perder algo que no se tiene? Es ambivalente la tendencia que manifiesta y que no se ve satisfecha. Miedo a perderlo, significa duelo, pérdida, con el dolor que implica, pero a su vez el deseo no alcanzado de poder tenerlo. El hecho de describir a su padre en un ir y venir, significa, no solo la inestabilidad de padre, sino la que le proporcionaba a Eduardo. El hecho es que el padre no está presente. Ese ir y venir son momentos en los cuales está reviviendo un encuentro y una pérdida que se prolonga por el tiempo, situación especialmente difícil cuando el ser humano necesita desarrollar y madurar el vínculo que le permitirá una mayor seguridad en sí mismo y en el entorno, lo cual permitirá unas relaciones que, de la

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misma manera, maduran.

Niñez intermedia

La niñez la identifica como agradable, pero hace énfasis en que no le importaba estar con nadie. Tenía una tendencia al aislamiento. Incluso, no recuerda compañeros de escuela, como que pasaron inadvertidos, por estar en "su mundo" (sic).

Particularmente, en la etapa en la cual el niño se encuentra entre los tres y seis años, iniciativa frente a culpa, la afectividad es de crucial importancia. El desarrollo del afecto, al recibirlo, le permitirá al niño relacionarse con las demás personas y su entorno, y como consecuencia, también darlo.

Con base en sus narraciones, la teoría del apego desempeña en este caso un papel trascendental. Según Bowlby (1998), los niños que desarrollan un apego con un adulto, lo que él denomina relación socioemocional duradera, tienen más probabilidades de sobrevivir. El apego, como los lazos afectivos fuertes que siente el niño por las personas que son para él significativas, en Eduardo es deficiente. La manera en como el niño llega a confiar es en la medida en que sus necesidades son satisfechas por las personas que lo rodean, dentro de las cuales, sus padres son figuras fundamentales, como también otras personas significat ivas. Aunque reconoce todo el esfuerzo de su madre, su trabajo, presencia en suplir lo material, está también ausente en el plano afectivo. La lejanía afectiva de la madre la explica desde la preocupación de ella para que no les faltara nada material. Era exigente en cuanto a responsabilidades y preocupada porque fueran personas de bien, pero no había estímulo en lo afectivo. El afecto que toda persona necesita, en este caso, es deficiente por ambas partes, padre y madre.

Lo que muestra esta carencia de afecto es la implicación en el vínculo, y consecuentemente, en las relaciones interpersonales y en la construcción de la identidad. Con respecto a su madre, se expresa con los mismos términos como habló de la necesidad de afecto del padre: "necesidad de tenerla". Implica, de la misma manera, que no la tuvo. Si no hay presencia afectiva de los demás, se puede entender lo que explicará luego, ser un niño aislado, "solillo" (sic). Con afecto pobre, con una relación pobre con los padres, tendiendo a ser solo, implica deficiencias en las relaciones interpersonales. No aparecen las figuras significativas para alcanzar una adecuada identidad, deficiencia que se notará en el desarrollo

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social de Eduardo .

Adolescencia

El desarrollo emocional está profundamente unido a la socialización, que se entiende como el desarrollo de hábitos, habilidades, valores y motivos compartidos por los miembros responsables y productivos de la sociedad (Papalia et al., 2005). Una persona que desarrolla desconfianza por un apego inseguro verá su entorno como hostil y probablemente manifestará esa hostilidad con comportamientos igualmente hostiles. Dentro de la hostilidad se pueden comprender reacciones, en diversos momentos del ser humano, como son la agresión sea física, psicológica, sexual, o patrones por los cuales el individuo entra en el círculo de la violencia.

En las etapas psicosociales, la adolescencia está dentro de la etapa que se denomina “identidad vs. confusión de rol” (o conflicto de identidad). Se puede afirmar que sobre todo en el desarrollo de su identidad y del afecto, Eduardo presenta el peligro citado por Erikson (1968) el “psicologicum moratorium”, comprendido como la demora en la adquisición de la vida adulta desde la perspectiva psicológica, con el peligro de que el individuo pudiera quedarse en una permanencia perpetua en la etapa, que en el caso que ocupa, parece darse en algunos aspectos de su vida.

En este caso, la resolución de los tres aspectos fundamentales: opción ocupacional, creencias y sentido de la vida e identidad sexual pueden verse obstaculizados, especialmente en cuanto a sentido de vida, identidad sexual y sobre todo, en lo concerniente a las creencias, las cuales están matizadas por distorsiones cognitivas; el sentido de su vida que se vio golpeado por experiencias con menores de edad que él mismo llama “experiencias inconsistentes” (sic).

Esta es la etapa en que se da mayor autonomía con respecto al núcleo familiar. El grupo de amistades pasa a un plano superior y se convierte en una fuente importante de apoyo emocional, de afecto, de comprensión, de relaciones más entre iguales. Es etapa en la cual cuestionan las normas de los adultos buscando su propia autonomía.

En la primera etapa de la adolescencia Eduardo describe experiencias que reflejan conflicto de relaciones interpersonales, de estudio, introversión; pero hay una segunda etapa que califica como mejor.

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No menciona hombre alguno entre las personas importantes o significativas. La identidad masculina no aparece acompañada por algún hombre que le ayudara en la construcción de su masculinidad. Por lo menos no es mencionado. Al contrario, la masculinidad está marcada por un alcohólico, que no manifiesta afecto, que cuando aparece hace conflicto y que es afectuoso cuando está ebrio y no asume responsabilidades en la casa.

Edad adulta temprana

En la edad adulta temprana se encuentra la etapa denominada por Erikson (1967), “intimidad vs. aislamiento”, cuya virtud es el amor, entendido como devoción mutua, entrega, donación que, compartida, lleva a la decisión de tener sus propios hijos.

Para Erikson (1967), la incapacidad de la persona adulta para asumir compromisos profundos, consigo misma y con otros, hace que corra el riesgo de aislarse; lo cual corresponde a un ensimismamiento o encerramiento con respecto a los otros. Eduardo dice que no recuerda relaciones profundas. Reconoce que sus relaciones con otras personas no llegaron a niveles más hondos. Su dificultad en el afecto lo lleva a relaciones pobres y, como consecuencia, a conformar relaciones igualmente pobres. La agresión a menores de eda d puede tener el significado de relaciones pobres por deficiencia o temor a entrar en relaciones con personas adultas. No veía las consecuencias de relacionarse en planos superficiales con los jóvenes a quienes agredía.

La etapa anterior (identidad vs. confusión de identidad) es la que le permite al individuo consolidar el yo de manera tal que en esta nueva etapa, está listo para asumir compromisos serios con otra persona. Una apreciación en esta teoría, muy valiosa para esta investigación, es que para Erikson (1968) hasta que la identidad en el individuo haya madurado, puede darse la verdadera genitalidad. En el caso de Eduardo, la pobre identidad lleva a pobres relaciones interpersonales que con frecuencia se quedan, igualmente, en una genitalidad inmadura. Primero, lo que busca es afecto en personas mayores. Es posible que el afecto que no encontró en su padre. Él habla de una relación paternal, lo que buscaba era "encontrarme un padre" (sic), pero esa relación que pretendía se erotizaba y eso es lo que luego va a repetir en conductas con personas menores de edad. Confunde el afecto con lo genital. Hay en esto distorsiones cognitivas con las que pretende sentirse padre de los jóvenes a quienes agrede.

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Las cogniciones desempañan un papel fundamental en la realidad emocional y en las manifestaciones conductuales de cualquier individuo. Por esta razón, es importante identificar estos constructos en quienes han agredido sexualmente a menores; esto, con el fin de responder a las interrogantes que plantean tales conductas, especialmente referidas a sacerdotes, con miras a una eventual intervención psicoterapéutica.

Conclusiones

La experiencia de vida de Eduardo está marcada por la dolorosa pérdida de su padre, que “murió dos veces” (sic), con la consecuente necesidad de ingeniárselas para conseguir afecto, esto lo lleva a un mundo doloroso de soledad y aislamiento durante su infancia y parte de su adolescencia.

Otra dificultad es la de la identidad en la que vive una confusión de su papel como hombre que se siente atraído por otro hombre, además del miedo a ser rechazado por las mujeres. Puede haber acentuado más fuertemente la tendencia a aislarse y perder la posibilidad de construir relaciones profundas que hubiesen ayudado en el desarrollo afectivo y social. Como consecuencia, busca la gratificación de sus necesidades afectivas en personas menores de edad. Dentro de esta trayectoria dolorosa, por dificultades en comprenderse a sí mismo y por un inadecuado desarrollo en el plano afectivo, se ve involucrado en la práctica de agresión a personas menores de edad, y que será una situación que se convertirá en inmanejable y con enorme culpabilidad por la claridad de que ni podía manejar su situación, ni podía establecer relaciones sanas. No había comprensión por parte de sus superiores, pero él mismo no podía manejar lo que estaba viviendo. La agresión que vivió siendo niño, está bloqueada, como él mismo lo expresa. No recuerda qué sucedió, lo que sí recuerda es que empezó a querer repetir lo que pudo haber sido su experiencia de agresión.

Había una necesidad de afecto que se confunde con lo erótico. Eso lo angustia. No hay distinción entre la necesidad de afecto que requiere y la búsqueda de ese afecto en personas en estado vulnerable, porque están en proceso de identificar su rol masculino y en construcción de su masculinidad, como son los menores de edad. Al erotizar las relaciones surgía la culpabilidad, porque identificaba su incapacidad para dar afecto y recibirlo sin llevarlo al plano erótico.

La agresión lo conduce a experiencias dolorosas de dependencia, de manipulación mutua, porque generaba dependencia en los menores y en los jóvenes y luego la situación

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vivida se devolvía en demanda para él mismo. Estas situaciones se convertían en inmanejables, como lo afirma.

Tal información permite identificar la relación entre un vínculo inmaduro y la incapacidad de establecer relaciones maduras. Hay relaciones interpersonales pobres por una identidad pobremente desarrollada, tanto en la construcción de su masculinidad, como en cuanto a la preferencia sexual, con la respectiva negación y la inmadurez para seguir buscando el afecto del padre, con incapacidad para salir de sí y mantenerse en una conducta infantil con la que demanda y manipula para conseguir lo que quiere; pero una vez conseguido, no sabe qué hacer con ello.

Se ha encontrado, en las investigaciones consultadas, que en las personas que agreden a menores de edad, las deficiencias psicoafectivas fueron de consideración en su etapa infantil. Para Fisher, Beech y Browne (1999), los agresores presentan niveles considerables de baja autoestima y niveles altos en experiencias de soledad, entre otros aspectos. Por ello, se consideran las relaciones paterno - filiales. El desarrollo del apego en la relación padre - hijo en la infancia, muestra la importancia que tiene esta relación en el desarrollo psicoafectivo del individuo. Este apego ha sido investigado como uno de los aspectos vulnerables en un agresor sexual. La situación deficiente que presentan los agresores sexuales en su desarrollo afectivo infantil y la relación entre desarrollo afectivo y relación padres- hijo, hace a la persona vulnerable, tanto para ser víctima de una agresión sexual, por haber producido un desarrollo afectivo pobre que hace del niño una persona insegura y con baja autoestima, como para la posibilidad de reproducir, en algunos casos, la misma conducta de agresión realizada con ellos.

Los ya referidos Ainsword, Blehar, Waters, & Wall, citados por Marshall y Marshall (2000), establecen la distinción de tres tipos de relación entre padres e hijos, que denominan: relación segura, relación ansiosa/ambivalente y relación evasiva. La pobreza en la relación padre-hijo y la incapacidad de los padres de desarrollar adecuadamente estos vínculos, impedirá o complicará la posibilidad de que el niño pueda desarrollar confianza en sí mismo, habilidades sociales que lo llevan a generar también confianza en su entorno. Por otro lado, el aprendizaje afectivo sano por la relación padre-hijo tiene implicaciones importantes en el desarrollo del menor, lo llevará a desarrollar una relación afectiva sana con la gente, de manera que sintiéndose amado, es capaz de amar a las personas y descubrir la capacidad de

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amar de los otros.

Rescatable en esta historia de vida es la conciencia clara de la existencia del problema, de agredir sexualmente a personas menores de edad, la claridad que tiene de su situación y la disponibilidad de trabajarla, de manera tal que pueda entrar en el manejo de su situación que tanto problema y dolor le ha traído.

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