
ESTUDIO DE CASO DE AGRESIÓN SEXUAL A PERSONAS MENORES DE EDAD
Fernando A. Muñoz M.
Universidad Católica de Costa Rica
Resumen: Partiendo de la entrevista y de la elaboración de la autobiografía, se estudian los significados en la vida de Carlos sobre su desarrollo sexual-genital y la construcción de su identidad a partir de una experiencia de agresión sexual de la que fue víctima en su infancia y el modo como inició a repetir el patrón de agresión con otras personas menores de edad. Utilizando un esquema de desarrollo humano se busca comprender las consecuencias que tuvo dicha agresión sexual de la que fue víctima el entrevistado en la comisión de los mismos actos con personas menores de edad.
Palabras clave: desarrollo humano, agresión sexual, identidad, pedofilia, efebofilia
Abstract: This study researches the meanings of Carlos´ life regarding both his sexual- genital development and the construction of his identity as affected by a sexual aggression during his childhood. Also, the way he came to repeat the same abusive patterns towards other children. Based on a human-development model, it searches for an understanding of the consequences of the aggression inflicted on the boy, and its influence in his own erratic abusive behaviour.
Key Words: human development, sexual abuse, identity, pedophilia, efebophilia

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REV. HUMANITAS, 2009, 6(6): pp. 37-68, ISSN 1659- 1852
Introducción
El presente estudio de caso es parte de una serie de estudios con sacerdotes que han agredido a personas menores de edad. Está basado en la historia de vida de Ca rlos (seudónimo), un sacerdote que, como refleja en sus narraciones, fue víctima de agresión sexual y posteriormente se convierte en agresor de personas menores de edad.
Las denuncias contra sacerdotes que agredieron a personas menores de edad han hecho que la Iglesia Católica vea con preocupación estas situaciones. Tales denuncias, han llevado a la necesidad de conocer qué sucede en la vida de estos sacerdotes, por qué actúan de esta manera. Surgen preguntas como: ¿será posible que se dé algo así en personas que han optado por un compromiso de ser protectores y, de diversas maneras, guardianes de la dignidad humana, especialmente cuando se trata de personas indefensas, más si son éstos niños/as y/o adolescentes? Preguntas como estas están en el colectivo general, pero presentes con más fuerza en aquellos que deben responder ante la opinión pública.
Por ser un tema emergente consecuentemente poco investigado, además de suscitar muchos otros temas que se desprenden para futuras investigaciones, por tener conno taciones éticas y por tratarse de sacerdotes no se ha encontrado investigación con este tipo de población, por lo que se está llevando adelante una investigación de tipo exploratorio que permita acceder a la experiencia vivida por sacerdotes que han agredido sexualmente a personas menores de edad, por lo que se utiliza el método cualitativo.
De esa manera, se procede al análisis, recogida la información, con la cual se indagan los significados, los episodios vividos por el sacerdote agresor, las relaciones entre agresor – agredido que permite analizar la identidad personal y las relaciones interpersonales en los sacerdotes católicos, agresores sexuales de personas menores de edad, pertenecientes a varios países de América Latina, con el fin de hacer un aporte en la comprensión de estas conductas y ofrecer alternativas de intervención en el manejo de este conflicto.
Por otro lado, debido a que las relaciones interpersonales están fuertemente marcadas por colectivos tan importantes como es la familia y ella da un importante aporte en el desarrollo humano del individuo, la manera como el individuo aprende a recibir y dar afecto, el modo como aprende a interrelacionarse hacia el núcleo familiar mismo como hacia fuera y la intimidad que se teje en el grupo, se busca comprender la relación que el agresor establece con la víctima y el vínculo que puede haber entre este último y la relaciones establecidas en
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su ambiente familiar.
De esta manera, se desea encontrar una comprensión del fenómeno en el que converjan distintas explicaciones, lo que se ha dado en denominar comprensión multifactorial del fenómeno de la agresión sexual.
La relación entre celibato y agresión sexual, es un tema diferente al objeto de estudio de la investigación que se lleva adelante, por lo que no se entra en este debate. No existe evidencia científica suficiente para demostrar que el celibato es la razón por la cual un sacerdote puede incurrir en agresión sexual a personas menores de edad.
Planteamiento del caso y problema de investigación
En la conformación de la personalidad, que define el ser y el quehacer de un individuo, no cabe lugar a dudas que hay particularidades que intervienen en el sujeto, de tal manera que es lo biológico, psicológico, social y espiritual o religioso, lo que da identidad a ese individuo y es solo ese ser humano en particular el que presenta tales características, por lo que se define como un ser total, único e irrepetible. Este ser humano se conforma dentro de un proceso de desarrollo en el que el núcleo familiar desempeña un papel trascendental y, dentro de él, los padres de familia.
Un primer presupuesto en la definición del problema de estudio es que los aspectos antes mencionados dan lo que se denomina “identidad” a un ser humano, en cuanto que e l individuo se va haciendo. Esta identidad personal, por lo tanto, se construye. En el caso de sacerdotes que han agredido a personas menores de edad, se explora sobre su identidad personal y cómo esta se fue construyendo. Por eso se busca encontrar, desde las historias de vida de estos sacerdotes, cómo se ha construido su identidad personal que los llevó a victimizar sexualmente a personas menores de edad.
Además de la construcción de la identidad personal hay otro elemento considerado fundamental para la investigación que se lleva a cabo: las relaciones interpersonales. Este es un segundo aspecto que pretende comprender cómo han sido las relaciones interpersonales significativas en la historia de vida del sacerdote con quien se está trabajando, y cómo esta s relaciones lo conducen a vincularse con personas menores de edad, a quienes convierte en víctimas de agresión.
Son muy pocas las investigaciones sobre agresión sexual de personas menores de
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edad por parte de sacerdotes. Este vacío teórico y empírico da pie para justificar la investigación que permite llegar a la experiencia de vida del sacerdote agresor, para con esto construir opciones psicoterapéuticas que den respuesta en la atención a personas agresoras sexuales de menores de edad.
El contenido del presente artículo corresponde a un conjunto de historias de vida que buscan responder a las siguientes preguntas de investigación: ¿Cuáles son los significados asociados en las experiencias de vida de sacerdotes que han agredido a personas menores de edad?, y ¿cómo se vinculan estas experiencias personales de vida con la visión de sí mismo, con sus relaciones significativas?
Revisión de la literatura
El tema de la agresión sexual a menores de edad en laicos ha sido enormemente investigado en Nueva Zelanda, Australia, Canadá, Estados Unidos e Inglaterra, aunque otros países han contribuido con sus aportes. Los mencionados han desarrollado investigación durante décadas.
La paidofilia y la efebofilia son conductas que se catalogan como psicopatológicas . La paidofilia está clasificada dentro de las parafilias en el DSM IV TR. Igualmente, se afirma de las consecuencias en los que padecen de conductas efebofílicas. Cualquier persona que presente este tipo de conductas, sea paidófila o efebófila, está causando daño grave a las personas con las que pone en práctica esta modalidad de conducta. Hay una disociación entre pensamiento, emoción y conducta.
Hay estudios sobre diversos aspectos que presentan los agresores sexuales de menores de edad. Por ello, desarrollar el estudio en la identificación de posibles características comunes en agresores sexuales de menores de edad permitirá a su vez conocer si son igualmente características que se mantienen como constantes en la conducta de sacerdotes agresores de menores de edad.
El problema de paidofilia o efebofilia ha sido un tema de difícil trato porque quienes han incurrido en este tipo de conducta tienen dificultades para hablar de ello. Hay mucha vergüenza, dolor, frustración y miedo a las consecuencias penales. De hecho, esto se constituye en una de las dificultades para encontrar personas voluntarias con las cuales, habiendo cometido agresión sexual contra menores de edad, se pueda identificar, de manera más exacta, la incidencia de la agresión sexual en estos menores (Peters, Wyatt & Finkelhor,
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1986).
A pesar de las dificultades mencionadas, existen buenas propuestas para la comprensión de lo que ha sucedido en la vida de las personas que cometen delitos sexuales, particularmente el trabajo de Ward, Polaschek y Beech, (2006) en el que se esboza un camino de integración entre las diferentes corrientes e investigaciones que se han dado en el ámbito científico para la comprensión del crimen sexual en general.
Las investigaciones de estudiosos muestran que el problema de agresión sexual a personas menores de edad no puede verse como una situación en la que se considere únicamente un aspecto. Al contrario, es importante considerar que en este tipo de conductas abusivas se conjugan varios aspectos que permiten aproximarse a la comprensión de la conducta del agresor sexual de personas menores de edad (Browne y Finkelhor, 1986; Ward y Beech, 2006; Ward, Polaschek y Beech, 2006).
Lo que importa a esta investigación es que en las diversas exploraciones acerca de la conducta sexual de personas agresoras sexuales de menores de edad hay pluralidad de aspectos que intervienen en esta conducta: problemas emocionales, dentro de lo que se señalan dificultades en las relaciones con padres, baja autoestima, un pobre control de sus emociones, incapacidad para expresar sus emociones adecuadamente; las distorsiones cognitivas como son las creencias equivocadas que el agresor infiere acerca del comportamiento de los niños/as, así como las creencias distorsionadas del agresor por las cuales justifica sus actos. Otros aspectos que intervienen son un inadecuado desarrollo social, entre lo que se puede señalar las relaciones interpersonales, relaciones padres- hijos, dificultad de relacionarse con el sexo opuesto y, la conducta sexual aberrada. Se toman estas áreas y se considera el aporte que da la investigación en ellas para acercarse a la compresión del fenómeno, tal cual aparece en las personas agresoras a personas menores de edad. Algunas de estas teorías han sido clasificadas según el o los aspectos que se consideran en la comprensión de estas conductas. De esta manera, diversos estudios hacen una distinción entre las que denominan teorías de factores únicos, teorías multifactoriales y modelos descriptivos. Ello, en el intento de recoger la experiencia de investigadores que se han dedicado a la comprensión de la conducta agresiva, así como el “movimiento intrapsíquico” que se da en la persona que la lleva a la comisión de actos de agresión a personas menores de edad. Inclusive, intentan la unificación en la teoría sobre la ofensa
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sexual que denomina ITSO (siglas en inglés de Integrated Theory of Sexual Offending). (Ward y Beech , 2006; Ward, Polaschek y Beech, 2006; Ward y Siegert, 2002).
Las teorías de factores únicos en la agresión sexual fueron muy comunes a los inicios en la investigación de estos tópicos. Se reconocen como factores únicos aspectos como las distorsiones cognitivas en los agresores de personas menores de edad, teorías sobre deficiencias empáticas en la víctima, teorías de preferencias sexuales desviadas, teorías feministas sobre la agresión sexual, teorías de deficiencias en la intimidad y teorías de riesgo (Ward, Polaschek y Beech, 2006). Además, algunas otras teorías de factor único como conducta sexual atípica y dificultades en las relaciones sociales.
Bowlby (1998) ha señalado la importancia de una adecuada relación padre- hijo para un desarrollo sano del niño; ha observado que ante pobres relaciones hijo- padre se daba una situación de ansiedad y cólera o depresión. Esta observación está bastante bien sustentada en cuanto a que muchos de los problemas de los niños descansan en esta pobre relación parental (Bretherton; Kolvin, Miller, Fletting, & Kolvin; Loeber; Paterson & Moran, citados por Marshall & Marshall, 2000; opinión similar presenta Prendergast, 2003).
Ward y Hudson (1998) investigan sobre la construcción de un marco de referencia metateórico que permita comprender e intervenir en la comprensión de la conducta de los agresores sexuales.
Hablar de “multifactorial” también incluye otros elementos a tomar en cuenta dentro de los modos en que se ha querido comprender el fenómeno de la agresión sexual. ¿Por qué algunos abusan de personas menores de edad? En esto existe también una perspectiva multifactorial propuesta por Araji y Finkelhor (1986), quienes recomiendan tomar en consideración variedad de factores en la respuesta al por qué de la agresión sexual a personas menores de edad por parte de algunos adultos puesto que, sea desde una perspectiva psicoanalítica, sea desde la teoría de género o la de aprendizaje social, tienden a considerar factores únicos o al máximo dos, perdiendo de vista que existe variedad de factores que intervienen en las conductas de las personas que agreden sexualmente a personas menores de edad .
Investigadores han trabajado integrando distintos aspectos que entran en juego en la conducta de personas que abusan sexualmente de menores de edad (Ward, Polaschek y Beech, 2006; Ward y Beech, 2005; Ward y Siegert, 2002). Entre las teorías que integran estos
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distintos factores se encuentran: el modelo de precondición de Finkelhor, la teoría integrada de Marshall y Barbaree y el modelo de las trayectorias de Ward y Siegert.
MÉTODO
Este estudio pretende, por un lado, dar respuesta a un vacío de información en el ámbito religioso, pero igualmente, brindar esa misma información a la comunidad científica. Además, incentivar el desarrollo de futuras investigaciones y estudios, con los que se pueda ofrecer una respuesta a esta problemática tan seria en la que se arriesga la vida de seres humanos, victimarios y víctimas.
La comprensión en los componentes que intervienen en estas conductas de agresión a menores de edad da una base para acercarse a la realidad que sufren sujetos que presentan tales conductas. No se trata de una comprensión sin más. Se trata de ir más allá en la búsqueda de determinar si existen visos psicológicos comunes en la vida personal de estos sacerdotes que inciden en su conducta como personas agresoras de menores de edad.
Identificar constantes psicológicas en la vida de estas personas y la incidencia en su conducta abre un camino, no solo en cuanto a comprensión, sino en cuanto a intervención psicoterapéutica para ofrecer a quienes requieren ayuda.
El enfoque de investigación corresponde a un modelo cualitativo que permite acercarse al fenómeno para la comprensión de los significados que asignan los sujetos de estudio a la realidad investigada. Se observa y se entrevista en los propios ambientes de vida en los que se encuentra el sacerdote participante en la investigación, sea en su casa de habitación, en un lugar convenido por ambas partes, entrevistado y entrevistador, sea en una cárcel en la que algún participante esté privado de libertad por la causa que se estudia en el presente trabajo. Se analiza la información recogida mediante la entrevista con libre producción narrativa, la autobiografía y la entrevista semiestructurada, con lo que se ha construido la historia personal de vida, para su categorización, búsqueda de significados y análisis e interpretación que se dé de la información acumulada
RESULTADOS
El inicio de la primera entrevista con Carlos, de producción libre, habla de su hogar ideal y de la niñez ideal: “creo que fui un niño feliz que me fui desarrollando normalment e
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como cualquier otra persona”.
Esta felicidad de la que hace referencia se caracteriza por una descripción ideal del hogar en donde vivía: “Bueno… le decía que mi padre y mi madre, estuvieron siempre unidos en matrimonio y no padecimos ninguna situación así como de divorcio…”.
Esa felicidad está también marcada por su experiencia religiosa: “…mucho antes de que me pasara esa situación de abuso, yo era un niño pues, muy religioso, muy creyente, desde chiquito yo decía que quería ser sacerdote y era lo que inspiraba mucho, me animaba mucho, yo era muy sensible a lo religioso y recuerdo que aunque me pasó eso seguí con la misma idea…”
Parece que la felicidad del hogar y la vida religiosa, “antes de…”, han hecho que su niñez fuera feliz. Sin embargo, más adelante dará otra perspectiva.
La afirmación "me fui desarrollando normalmente" parece indicar entonces que hay un desarrollo “no normal”. Puede ser que Carlos considere que a partir de la agresión, su vida inicia un desarrollo "no normal", anormal, con lo que establece una contraposición entre normalidad y anormalidad.
¿Qué considera normal y qué anormal? La respuesta a esta pregunta puede responderse en el desarrollo de sus narraciones porque aparecen códigos muy específicos sobre lo que incluye dentro de esos opuestos. Igualmente, cuando opina de su sacerdocio, dice que quería ser un sacerdote bueno, lo que podría significar entonces que… ¿es malo? Otro opuesto que maneja: “…mi experiencia religiosa, yo pienso que siempre amé mucho a Dios y a la Iglesia y yo quería ser un sacerdote bueno [enfatiza] y de verdad servir, yo tenía mucha inquietud por hacer el bien, pero eso se empezó a convertir en una situación de mucha angustia, yo sufría mucho porque yo recuerdo que yo iba a misa”.
Como se verá, sus narraciones son puestas como en una balanza en la cual puede inclinarse hacia lo positivo o lo negativo dependiendo del peso que da a sus significados. Dice que tenía mucha inquietud por hacer el bien, entonces ¿Qué ha hecho? ¿Solo el mal? También hace mención a algunas dificultades que aparecieron en sus padres pero parece no darles importancia aunque más adelante se verá que podrían haber tenido su implicación en la vida familiar: “Sí tenían discusiones y a veces peleaban pero considero que eran cosas normales en el hogar, que creo que toda pareja tiene”.
Da la impresión de que había una buena relación en el hogar, tiende a presentar a su
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familia como ideal. Conforme avanzan los relatos parece que no son tan exactos ni la niñez, ni el hogar, tan feliz como los describe al principio.
Sexualidad/ niñez
El inicio de la vida sexual de Carlos hay que enmarcarla en la etapa de su niñez intermedia, cuando sucede un acontecimiento de agresión sexual.
Esa felicidad del niño, que señala el narrador, se ve bruscamente alterada cuando llega un momento en el cual, va a quedar marcada su vida. Es como el punto culminante que decidirá el futuro, en torno al cual hará de girar el resto de su existencia, en términos de Carlos es “…un momento que creo que es un momento crucial. Yo esto nunca lo he hablado” Identifica la agresión como algo crucial. Es el acontecimiento que divide la vida en felicidad e infelicidad, en desarrollo normal y anormal; posteriormente verá su sacerdocio como bueno o malo, como amor o desamor a Dios.
Él parte de su situación de inocencia. En realidad era un niño pequeño que no había tenido experiencia alguna en el plano sexual genital. Parece que no había ni siquiera explorado sus genitales, así lo deja ver. “Yo con toda la inocencia del caso, yo fui… y entonces ahí, como estaba más oculto”.
Lo que está para suceder, en su narración, es lo que él describe como el momento crucial que marcó su vida, como se mencionó arriba. Se inicia con una supuesta manifestación afectiva por parte del agresor para luego realizar un acto sexual que, por la edad del narrador, se trata de una agresión sexual: “él me dijo: ¿quiere que le enseñe a besar?, yo le subí los hombros, como diciéndole, yo no sé, entonces me agarró y me besó en la boca… yo me quité… como que me dio asco… No sé qué fue lo que pasó en el momento, después de eso… que… no sé si él me dijo que me iba a instruir sobre el sexo, algo relacionado con eso, no recuerdo exactamente. Entonces me acuerdo que… que me bajó los pantalones y me empezó… a penetrar con el pene de él…
No lo considera una penetración agresiva o violenta, pero sí que le creó confusión: “pero… no fue una penetración como agresiva o violenta […] Sí recuerdo que me sentía confundido con lo que estaba pasando, él empezó a penetrarme pero… como queriendo nada más tener su sensación, eh… orgasmo y eyacular y a la vez empezó a masturbarme, él con la
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otra mano”.
Repite en varios momentos de sus narraciones la confusión que experimenta. En cuanto al agresor, Carlos ve una serie de conductas nuevas para él y que son impresionantes, al grado de crearle confusión, porque “…para mí era una cosa tan extraña, porque la manera como él lo hacía y viendo el movimiento del pene, como eyaculaba y como sonaba, seguro por el semen y todo… sí recuerdo que me dijo no le diga a nadie”.
La experiencia de agresión, según cuenta, se repite en una segunda ocasión que, en la cual Carlos fue permisivo. La sensación orgásmica que experimentó en la primera experiencia le resultó agradable puesto que acepta una segunda invitación a hacer lo mismo, con la condición que “no le baje los pantalones” (sic) e insiste en ello, con lo que quiere advertir que no se dio nuevamente una penetración, pero sí una experiencia de masturbación. El niño pudo haberlo permitido porque, aunque confuso, le pudo resultar agradable por la sensación que le hicieron sentir al ser masturbado.
Consecuencias de la agresión sexual
Aunque no se está dando un orden de importancia o cronológico o de otra índole a las consecuencias que Carlos padece después de la agresión sexual, se indican algunas que son significativas en la conformación de su personalidad y que permitirán comprender el por qué de algunas de sus conductas a la luz de sus narraciones.
La primera consecuencia que tiene la agresión en la vida de Carlos es que a partir de ésta se inicia el “después de…” calificado como el momento crucial, e igualmente se inicia un proceso de repetición de conducta en cuanto a la conducta sexual con sus pares que, en principio, aparece como exploración; pero que se tornará en repetición de una conducta aprendida. Lo que aprendió con el agresor, lo empezó a hacer con otros: “…traté de hacer l o mismo con un primo que yo tenía…”
Lo que le hizo el agresor, lo pone en práctica también con un amigo que menciona. Tocarse el pene, es una experiencia nueva. Lo experimentó con el agresor y ahora lo hace con el amigo; es, como se ha dicho, una exploración sexual.
La agresión es en la vida de Carlos una situación que él mismo describe con términos muy duros como se ha visto durante la entrevista. Esta situación le es difícil de manejar y señala consecuencias muy severas para su realización personal.
Otra consecuencia es el silencio que guarda por tanto tiempo. Lo mantuvo callado por
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muchos años: mantuvo la recomendación que el agresor le dio de no decirlo a nadie. Sin embargo, el silencio no se da solo por una recomendación, sino más bien por las situacion es que le crean confusión, en lo que siente y en la conducta posterior de Carlos. Solo se rompe el silencio cuando habla con su amigo y con su director espiritual.
De agredido a agresor
Producto de la agresión sexual que vivió, se encuentra otra consecuencia: considerar las manifestaciones sexuales como “juegos sexuales: “…este me cogió el pene y me dijo que le cogiera el de él y de verdad yo le cogí el pene también pero era como un juego … Supuestamente era como un juego”.
Es en este párrafo en donde empieza a usar el término “juego” para referirse a conductas sexuales. Le da al término una connotación específica puesto que posteriormente hablará de "juegos sexuales". “Juego”, que se prolongará en su vida hasta su estado adulto, en el que sigue "jugando". Se dan los “juegos” con niños, en su infancia, con adolescentes en la misma etapa en que estaba, con mujeres, en su adolescencia y juventud, con personas con las cuales involucra lo emocional, pero lo erotiza. Esta palabra: juegos, referida a conducta sexual, aparecerá de manera frecuente en sus narraciones: “…yo le enseñé a... ese tipo de juegos […] cuando hacía esos juegos con él, lógicamente buscaba lo escondido para jugar con él, yo me masturbaba y ahí empezaba yo a eyacular […] también tenía ese tipo de juegos sexuales, con otras muchachas que yo sabía que lo permitían”.
La agresión sexual es una experiencia que lo graba y se manifestará en problemas que repercutirán en distintas áreas de su vida. Estos problemas, los señala repetidamente como consecuencias de la agresión y por el cual se da una problemática que, en su opinión, permanecerá para el resto de su vida. Este en el “después de...” (De la experiencia de agresión) con las consecuencias que narra y que están presentes en toda su vida.
Entre las experiencias que no comprende, pero que inicia en su vida, está la de masturbación prematura: “…recuerdo que ya yo me metía en el baño y trataba de hacerme lo mismo que él me hizo: masturbándome, fue cuando yo empecé a masturbarme, muy chiquito, a los 9 años porque yo lo que quería era sentir... porque en mi había una curiosidad muy fuerte... por qué era que cuando él me había masturbado yo había sentido ese desvanecimiento, yo le llamaba así pero ya veo que era una sensación de orgasmo y de hecho
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yo recuerdo que cuando empecé a hacerlo y cuando duraba un rato masturbándome yo llegaba a experimentar lo mismo […] empezó a darse en mí un problema de masturbación muy fuerte, yo me masturbaba mucho y... en la adolescencia”.
La conducta sexual con expresiones genitales mencionada se va a manifestar de otras maneras. Se da una especie de secuencia en su proceso de descubrirse sexuado. Inicia como curiosidad de ver a los compañeros de colegio, de su edad; luego será ver desnudos o ver los genitales de sus amigos y posteriormente, esa inquietud se manifiesta en masturbación conjunta con amigos: “…verlos cómo tenían el pene, si eran muy desarrollados o si no, cuan desarrollado era yo con respecto a ellos […] me gustaba que nos masturbáramos, al extremo que eso se extendió como por dos años todavía estábamos en 5º año de colegio y nos masturbábamos con cierta regularidad…”
No quedan exentas las relaciones con mujeres pero igualmente erotizadas. Todo tiene su proceso de aprendizaje; sin embargo, Carlos tiene relaciones genitales pero no busca intimidad. No logra mantener relaciones estables con las mujeres, parecieran experiencias que le proporcionan gratificación. Da la impresión que son conductas aprendidas, las cuales está repitiendo. Además dice tener muchos miedos: “…lo que buscaba si penetrarlas, las penetraba y yo eyaculaba”.
Seguidamente lo dice de manera evidente, las mujeres son para tocarlas. Ve que es bonita pero lo que busca es lo genital de la mujer. No hay indicios de querer profundizar en la relación con la mujer, de intimar más o de conocerla sino en lo genital. Hay una valoración pobre de la mujer: “…sí yo llegaba y las tocaba. Había una jovencita, muy bonita que yo recuerdo que me acercaba y la quería como... como tocar genitalmente…”
Esta situación confusa, como él mismo la llama, se hará evidente de muchas maneras. Una es la falta de comprensión de lo que le sucede en la vida. Él mismo relata la confusión que vivió. Es ambigua su preferencia sexual; sus experiencias se dan igualmente con hombres que con mujeres. Con hombres no habla de relaciones genitales, solo masturbación. Con las mujeres sí habla de relaciones genitales: “era como una cuestión muy ambigua, porque por un lado experiencias masturbatorias con amigos y por otro lado el querer activarme sexualmente con muchachas pero se extendió”.
Lo que está viviendo posterior a la agresión lo tiene con lo que llama aquí "tristeza". En realidad parece que el niño está deprimido, pero es una depresión que narra durante todo
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su desarrollo, incluyendo su vida adulta. Aquí habla de cuan viva es esa tristeza que experimentaba en ese momento: “Yo me acuerdo que estaba viendo por la ventana, para afuera mientras lavaba y experimentaba una tristeza tan grande en mí que la tengo muy viva”. El término “confusión” está bien empleado porque no sabe qué es lo que sucede con
su vida y lo que está experimentando. No sabe por qué bajó en calificaciones, es la misma confusión de la que viene hablando y se manifestará en su vida.
Entre esas consecuencias de la agresión, la identidad es una que se ve especialmente afectada. La identidad se verá afectada tanto en su papel sexual y su preferencia sexual pero también tiene implicaciones en su identidad como persona religiosa.
Con el amigo, con el cual se involucra emocionalmente, del que se enamora, con el que tiene contacto y comunicación afectiva, con el que hay prácticas homosexuales; es con quien puede hablar sobre la agresión y con quien puede romper el mito de que los hombres no lloran: “…yo me acuerdo que yo le conté, era muy amigo mío, muy cercano a mí y con este muchacho yo me involucré afectivamente, al extremo que se dio como una especie de lo que yo diría, como enamoramiento porque había mucha comunicación afectiva, mucho contacto afectiva, sobre todo de caricias y besos, y... pues tal vez por esta confianza que fue teniendo con él y él conmigo, pues yo le conté que yo había sido abusado sexualmente. Yo recuerdo que tenía mucha dificultad para llorar […] tenía mucho en la cabeza aquello que los hombre no lloran, eso por lo menos, me lo decían mucho en la casa. Creo que era una costumbre, así se nos decía a los hombres. Entonces, yo no podía llorar. Sí recuerdo que esa vez hablando con ese amigo mío yo lloré mucho y él me oyó..., y me oyó... y me oyó”.
Le preocupa identificarse y que lo identifiquen como homosexual. Tal preocupación está enmarcada por su vida cristiana, en las relaciones interpersonales y en su vida de familia: “Entonces yo pienso que mi vida cristiana se complicó mucho con esas experiencias sexuales y…y …yo no sé si era mucho buscar a Dios para me ayudara a solucionar ese problema que yo cargaba en mi y me angustiaba tanto y me daba tanta vergüenza de mí mismo y que supieran, tal vez mis amigos, y que supiera mi familia que eso existía y de hecho, mi familia nunca ha sabido esto, este tipo de experiencias que yo he vivido, ni que en mi pueda haber una tendencia homosexual”
En cuanto a su experiencia religiosa, se verá afectada su identidad en cuanto a los ideales y principios de su cristianismo, en cuanto a su vocación y a su opción sacerdotal. Hay
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un conflicto entre lo que quiere ser y lo que hace. La definición de su identidad sexual entra en conflicto con su identidad religiosa: “…y yo creo que fue un conflicto, lo religioso y lo sexual en mi vida fue un conflicto”.
El conflicto sexual-religioso empieza desde su adolescencia: “Lo que sí recuerdo es durante todo ese tiempo de desarrollo sexual, afectivo, tuve mucha dificultad en el plano del desarrollo eh, este… de mi vida cristiana porque yo me sentía muy culpable y yo le pedía mucho perdón a Dios y buscaba confesarme y hacer penitencias lo que se decía mucho en esa época que si uno hacía algún tipo de sacrificios se iba fortaleciendo la voluntad y que si la voluntad se fortalecía uno podía controlar ese tipo de impulsos […] pero eso se empezó a convertir en una situación de mucha angustia, yo sufría mucho porque yo recuerdo que yo iba a misa y me confesaba, y me confesaba y volvía a lo mismo [tono de voz que se le siente con tristeza] porque era común entre varios amigos que yo tenía, cuatro o cinco, en ocasiones nos masturbábamos juntos y jugábamos sexualmente…”
Es frecuente encontrar esta especie de círculo vicioso, por llamarlo de algún mod o: preparación de la comisión, comisión, culpa, confesión, para iniciar de nuevo el círculo. Cree que confesándose se acabará el problema, cuando en realidad lo que se hace es enfatizar una conducta que mueve a la persona en ese círculo porque va de la preparación de un evento, en palabras de Finkelhor (1986) sigue un modelo de las pre- condiciones, para la comisión; de ahí va a la culpa y de aquí a la confesión; para volver a la comisión de hechos e iniciar nuevamente el círculo. Se asemeja al círculo del adicto que se mueve en el mismo sentido. Empieza a hablar de un posible patrón homosexual. Identifica que sus experiencias masturbatorias y su preocupación por los genitales de sus amigos, el verlos excitados, masturbación conjunta y experiencias similares. Ello le da la idea de que podría estar conformando un patrón homosexual, con el que no se siente seguro y le genera ambigüedad: “… el problema que yo cargaba en mi y me angustiaba tanto y me daba tanta vergüenza de mí mismo y que supieran, tal vez mis amigos, y que supiera mi familia que eso existía y de hecho, mi familia nunca ha sabido esto, este tipo de experiencias que yo he vivido”.
Sin embargo, sigue en sus experiencias y narra lo que parece ser un camino de exploración que a esta edad adolescente ya no es tan propio del individuo: “….primera vez que yo... este... experimenté lo que era penetrar a un hombre porque eh... yo sí le dije en dos ocasiones que me dejara penetrarlo y él lo permitió…”
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Hasta que llega a narrar lo que será un objetivo importante de esta investigación. Este niño agredido sexualmente, ahora adulto joven, se convierte en agresor. Aquí empieza la relación con jóvenes: “Fue ya después de ordenado que yo sentí que a mí me empezaron a atraer mucho los jovencitos, yo era un muchacho de veinticuatro años…”
Dice que buscaba "protegerlo...tenerlo junto a él...como sentirse padre" (del adolescente) (sic), pero en las relaciones superficiales que maneja es fácil que le dé otra orientación a esos sentimientos. ¿Sentirse padre? ¿Un padre abusa del hijo?, ¿lo manipula?, ¿saca provecho del afecto del hijo para su propio beneficio sin medir las consecuencias que tiene para el muchacho?
Una posible justificación de su conducta abusiva aparece en las citas recogidas a continuación. Está actuando con un patrón de agresor, so pretexto de que ambos se sienten bien. El beso en la boca a un menor de edad es penal, ya es motivo de cárcel. La permisión del joven no significa que se tenga una actitud correcta por parte de Carlos: “…lo que yo si buscaba era como abrazarlo mucho, como acariciarlo mucho, no genitalmente pero sí besarlo incluso querer besarlo en la boca y yo recuerdo que el muchachito, que tal vez tendría unos... unos... 13 años porque ya estaba empezando a desarrollar, lo permitía […] me gustaba mucho andar con muchachillos, en el fondo es que yo creía que lo que quería era ayudarles y... y a mí se me apegaban mucho los muchachos…”
Se involucra con una muchacha que era una menor de edad: “…pero me acuerdo que cuando ella tenía como 17 años yo me iba con ella a los moteles y aunque no había una penetración plena pero yo sí sentía que ella disfrutaba la relación conmigo y ella quería estar conmigo y yo quería estar con ella, lo que pasa es que en mí había una concepción de que yo no le podía hacer daño a ella”.
Se involucra con una adolescente. Esta vez es una adolescente, se mantiene en juegos y con miedo a la profundidad de relaciones. Está presente la dificultad para entablar relaciones adecuadas que deben tomar las dimensiones de relaciones entre adultos, considerando que ambos están jóvenes. Con esta joven no quiere asumir compromisos que, en su criterio, significan no engañarla, no penetrarla porque no quería deberle la virginidad (sic): “…yo no le podía prometer nada, yo había tomado esta opción y yo no quería dejar esta opción y yo no iba a dejar el ministerio para irme con ella y yo se lo hice ver desde el principio y creo que fui honesto porque cuando empezamos a involucrar muy fuertemente yo le dije
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cuál era mi intención y qué era lo que yo buscaba, qué era lo que yo pretendía y... no quise engañarla en ningún momento e incluso yo nunca quise penetrarla completamente porque yo sentía que, era como una creencia, que yo le debía la virginidad”.
En Carlos hay rasgos de bisexualidad. Pareciera que no sabe lo que quiere, ni qué es lo que busca, lo cual refleja un problema en su identidad que repercute también en sus relaciones significativas. Con ambos sexos se dan relaciones superficiales.
Hay una búsqueda que se hace evidente por su dificultad de identidad. Era su búsqueda y en el caso de esta joven, ella lo podía reafirmar; le permitía clarificar la confusión que tenía como hombre al haber experimentado con hombres, pero él, ¿qué daba a cambio para una relación equilibrada… para poder lograr una intimidad adecuada? Su dificultad reside en la identidad. Para una relación profunda requeriría una identidad clara.
Su relación era más de dependencia en la cual, enamoramiento y dependencia son, en su opinión, sinónimos. Lo mismo que vivió con su amigo, enamoramiento y dependencia: “…digo que fue un enamoramiento porque me hice tremendamente dependiente de ella y ella de mí y fue muy fuerte la relación entre los dos”.
DISCUSIÓN
La narración de Carlos presenta dos características sobresalientes con las cuales manifiesta esencialmente dos movimientos. Para identificarlas se echa mano de algunos principios del planteamiento de Molitor (1990), en el método de hermenéutica colectiva, con el propósito de hacer emerger, en este caso concreto, del sentido manifiesto, el sentido latente del discurso de Carlos, tanto en su entrevista como en su autobiografía, para conocer su relación con los objetos o situaciones sociales.
La primera característica, en los relatos de Carlos, es un movimiento que le permite mantener un patrón de un “ir y venir…” marcados por un acontecimiento. Todo se mide desde “un antes de…” y un “después de…”. Este es un primer compás en que se moverá en todas sus narraciones. Puede decirse que el “antes de…” tiene dos partes, un ideal que lo expresa más que todo como un anhelo (lo que quería que fuera) y una realidad (lo que es). El “después de…”
está marcado por el conflicto, la dificultad y la desdicha.
Una segunda característica sobresaliente, es otro movimiento que va de un extremo a
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otro. Cuando califica los acontecimientos, a las personas o a sí mismo, moviéndose en términos antagónicos. El desarrollo o es normal o no es normal, o hay felicidad o hay infelicidad, o se es bueno o se es malo, o se sirve o no se sirve. En Carlos este juego de opuestos refleja el modo como se ha movido en la vida y cómo juzga las situaciones vividas. Se mueve entre el bien y el mal. Quería ser un sacerdote bueno, ¿significa que ahora es ma lo? Quería servir, ¿significa que ahora no sirve? Tenía inquietud por hacer el bien,
¿ahora hace el mal? Se mueve en una culpabilidad muy fuerte. Lo anota como angustiante. Es de las personas cuyos juicios de valor son de blanco o negro, para quien no cabe el gris. Con esto queda manifiesta una actitud severa y estricta en sus juicios y significados.
La agresión sexual que padeció en su infancia parece ser el detonante de su vida y en torno al cual giran sus narraciones. Evento traumático del cual se desprende todo lo vivido. Esta experiencia de vida lo marca de manera crucial, por lo que por muchos años guarda silencio sobre el evento.
Es una experiencia dolorosa que iniciará sus trayectorias (Reimann y Schütze, 1991) por las cuales llevará su vida desde las primeras experiencias genitales con las que repite conductas aprendidas por la agresión sexual, a la búsqueda de definir su preferencia sexual, relaciones superficiales con ambos sexos, hasta guardar silencio completo de todo lo vivido y tener experiencias de agresión sexual a personas menores de edad.
Para la comprensión del sentido latente de sus relatos se toma como base un esquema de desarrollo humano con el cual se puede vislumbrar el proceso que este narrador lleva y cómo los eventos van marcando las trayectorias por las cuales dirige su vida.
Su infancia se ve entorpecida por una situación de abuso en la etapa de la niñez intermedia. Considerando algunos aspectos del desarrollo, es importante tratar de comprender lo sucedido en Carlos desde el desarrollo psicosocial en esta etapa de su vida porque aquí se marca una trayectoria importante por la que irá conduciendo su vida de niñez y adolescencia.
El desarrollo humano comprende el proceso por el cual el ser humano va pasando a través de la vida y las diferentes etapas que debe ir resolviendo. Dentro de este proceso el desarrollo emocional y social es sumamente importante debido a que el primero le permite entrar en relación consigo mismo y por su mismo desarrollo emocional entra en relación con
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los dem ás.
La manera como el niño llega a confiar es en la medida en que sus necesidades son satisfechas especialmente por las personas que rodean su vida, sus padres o personas significativas o sus mismo cuidadores.
Por ello, en la teoría de Erikson (1967) las etapas psicosociales son muy importantes para comprender la conducta de esta persona. Según el autor citado, cada etapa tiene un aspecto positivo frente a uno negativo; pasar de una etapa a la otra requiere de resolución del conflicto que cada una encierra. Si resuelve se genera una virtud, si no resuelve se genera un vicio.
Carlos, quien parece haber tenido un ambiente que se puede catalogar como común en su desarrollo psicoafectivo, pero es en la etapa de niñez intermedia donde sucede el percance que, en su opinión, le marcó la vida. El conflicto en su vida él mismo lo señala, como lo que definió, como un “después de…” (sic). Aquí se inicia una trayectoria basada en una experiencia dolorosa como él mismo lo destaca en varias ocasiones durante las entrevistas; experiencia que se da mayormente, no en sus primeros años de desarrollo, ni en la etapa de su niñez temprana, sino más bien en la etapa de su niñez intermedia porque, según narra, estaba alrededor de los 9 años.
En el caso de Carlos, el desarrollo de hábitos y su respectiva interiorización no se da de manera adecuada porque en su conducta posterior al abuso inicia las mismas prácticas con sus pares, también menores de edad. No se interiorizan valores y hábitos porque estaba en proceso de adquisición y aparece un hábito diferente que en su caso se constituirá como patrón de conducta en prácticas masturbatorias y otras conductas con sus pares.
Un hábito que empezará a conformarse es debido a que cuando se da la segunda experiencia de abuso, la cual Carlos permitió, enfatiza: "...pero tenía los pantalones puestos" (sic), esta afirmación indicaría que ¿no hay problema porque tengo los pantalones puestos? No considera tan problemático que suceda lo que el agresor le hace porque, mientras no haya penetración, la masturbación parece agradarle. Esta conducta aparecerá con las personas con las que se involucra y de las que abusa sexualmente, no les baja los pantalones, repite lo que aprendió. Permitir que lo masturben, la sensación agradable que le hicieron sentir. Esta conducta será la que se mantendrá en su vida, por lo que tendrá dificultades para profundizar en las relaciones interpersonales. En el marco teórico se citan estudios que establecen una
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relación entre la masturbación frecuente y la alternativa que el niño o joven encuentran como medio para hacer frente a las situaciones de la vida, es un camino que, los agresores consideran adecuado para evitar enfrentar otros problemas; es decir que encontrando placentera la masturbación, es masturbándose como evitan enfrentar los problemas. Aunque no se puede afirmar que todo adolescente que practique con frecuencia la masturbación sea agresor o haya sido agredido pero en el tema que se ha investigado se podría estar ante una situación similar en la que, en opinión de investigadores, los agresores sexuales así como los violadores encuentran en el sexo un camino para manejar los problemas (Marshall y Marshall, 2000; Marshall y Barbarie, 1990), la práctica masturbatoria es frecuente en las personas con que se está trabajando en esta investigación mencionada.
En la conducta con sus pares repite exactamente lo que le hicieron a él. Así lo narra, ponía a su igual a que lo penetrara para masturbarse y experimentar un orgasmo: equivale a "sentir". Lo que busca es sentir con lo que puede iniciarse una conducta que se basará en sensaciones y que le impedirá la posibilidad de profundizar en el afecto. Por eso se dan relaciones inmaduras y superficiales basadas más que todo en lo erótico con consecuente incapacidad de profundizar en las relaciones interpersonales.
Igualmente, la frecuencia en cuanto a la masturbación, tanto a nivel personal como en la conducta que establece con sus pares niños, la seguirá con sus pares adolescentes. ¿Qué sucede en esta etapa de la vida con respecto a su desarrollo psicosocial?,
¿qué ofrece la psicología en la comprensión de la etapa en la que Carlos se encuentra y las consecuencias que tuvo el evento de abuso en su proyecto de vida?
Siguiendo nuevamente a Erikson (1967), Carlos en la niñez intermedia, se encuentra en la etapa de “laboriosidad frente a la inferioridad”. Por ello, la autoestima estará girando en torno a la labor o al trabajo que el niño va realizando y al modo como va viendo sus logros en lo que hace y la consecuente satisfacción por lo logrado. Esto evita los sentimientos de inferioridad, que en el caso en estudio, a la edad en que se encuentra está ante lo que parece que le afectó en su percepción de la experiencia vivida. Al respecto, es importante la afirmación de Hartes citado por Papalia et al. (2005), porque alrededor de la edad en la que sucede la agresión sexual, “la vergüenza y el orgullo, que dependen de la conciencia de las implicaciones de sus acciones y del tipo de socialización recibido, afecta la opinión que tiene de sí mismos” (p.389).
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Aunque hay confusión en lo que experimentó, él no está claro en lo que le sucedió, se encuentra en una edad en la que puede identificar que lo que hizo al permitirle al agresor hacerlo de nuevo (de alguna manera consintió en una nueva experiencia de abuso), no está bien y de ahí la culpa y la vergüenza que experimenta por lo que prefirió mantenerlo oculto por alrededor de quince años. No habla de la agresión sexual, que califica de crucial, hasta que ya estaba ordenado sacerdote; es decir, pasaron alrededor de unos quince años para poder hablarlo con un amigo seminarista y hasta después con el director espiritual, dice que estaría entonces en sus 24 años.
Silencio que lo ha llevado cargando la experiencia vivida. Usa la palabra cargar. No se sentía bien cargando el peso que implicaba haber sido abusado. Con lo que expresa, un significado del evento que implica peso, cansancio, dolor, puede ser agotamiento, como lo dejó ver en sus narraciones. Fue “cargado solo” (sic) por mucho tiempo y en sil encio.
Si en esta edad el niño adquiere conductas más prosociales, en este caso, el retraimiento por la vergüenza de sus actos lo llevarán a querer sustraerse de socializar pero cuando sale de sí, para relaciones más profundas, lo lleva más que todo al plano sexual. La socialización se irá más por un camino erótico, con las personas significativas en el desarrollo de su afecto, lo que le impide profundizar en las relaciones interpersonales, evitando una profundización en la intimidad y desarrollando un trato inadecuado en las relaciones interpersonales significativas.
Si bien es cierto que el silencio es una de las características que poseen los que han sido víctimas de abuso, al extremo que el primer paso para un proceso de recuperación es el rompimiento de ese silencio, en este caso el silencio puede tener connotaciones más fuertes e implicaciones más serias como se vio en el proceso de las entrevistas.
Él no callaba solo la agresión sexual y la vergüenza de lo sucedido, sino también lo que empezó a practicar con otros, repitiendo la conducta del agresor, marcando nuevas trayectorias que van definiendo la conformación de su experiencia vital. Calla también por un miedo a la posibilidad de descubrirse con orientación homosexual, como se verá más adelante. Además hay miedo y vergüenza a que otros supieran acerca de su tendencia u opción.
Entre las características que presentan los niños en esta etapa en cuanto a desarrollo psicosocial, se encuentra el control de emociones: aprenden qué es lo que los enoja, qué les
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da temor o tristeza, la reacción de otras personas, la diferencia entre tener una emoción y expresarla; se desarrolla la conciencia de las reglas de su cultura, surge de manera más evidente el grupo de pares por lo que el niño está menos en casa; por citar algunos (Papalia et al. 2005). En la situación de Carlos hay represión de emociones, hay confusión entre placer, rabia, cólera o enojo y tristeza.
Aquí se asoma el significado que tienen las emociones para los niños de esta edad. Para Saarni et al., citado por Papalia et al. (2005) “A medida que los niños crecen se tornan más conscientes de sus propios sentimientos y de los de otras personas. Regulan mejor su expresión emocional en situaciones sociales y pueden responder al malestar emocional de los otros” (p.389). Lo que evidencia que Carlos está muy consciente, cuando afirma que está confundido o que experimentó confusión, que hay dolor por lo vivido ya que es consciente de sus sentimientos. La agresión sexual es en la vida de Carlos una situación que le es difícil de manejar, con consecuencias fuertes para su realización personal.
El hecho de que considere que no se dio una penetración agresiva o violenta, es posible que no lo viera como tal porque no le causó dolor, al contrario experimenta una sensación que, aunque no lo dice con estos términos, parece que le fue agradable. Sin embargo, deja claro que el dolor se producirá después, de una manera diferente porque toda esa experiencia y sus sensaciones le crearon confusión y dificultades en la vida. La confus ión que se produce se interpreta por la dicotomía entre lo que siente y lo que sucederá después en su vida, que lo identifica con el término de “dificultades” (sic).
Para tratar de entender estos significados en Carlos se puede hacer la siguiente comparación. Por un lado, claridad es saber o conocer sobre algo; igualmente se puede decir con respecto al sentir; hay claridad en lo que se siente cuando se pueden identificar esas emociones. Claridad significará que se puede establecer una relación entre lo que se percibe, lo que se sabe y lo que se siente, es decir que hay consistencia e interrelación entre la percepción, la emoción y la realidad. Pero en Carlos parece que no se da esta claridad, existe, por el contrario confusión; se puede interpretar que es debida a que no hay claridad en la relación antes dicha, no hay consistencia entre lo percibido, lo sentido y lo que se está viviendo.
Carlos está experimentando algo que produce sensaciones agradables pero su percepción es disonante en el modo como se lleva a cabo esa acción y lo que ve es
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inconsistente porque no encuentra interrelación entre el sentir y el actuar: hay un estímulo genital, hay una sensación erótica, que no por ser erótica es mala en sí misma, pero hay una experiencia que es disonante en su percepción. Este niño está experimentando una sensación, en principio normal a cualquier individuo que sea estimulado, sea genitalmente o en zonas erógenas, pero… ¿dónde parece que se presenta su problema? Que expresa “no claridad”, confusión, porque siente algo que puede sentir cualquier ser humano, pero no entiende ni el cómo, ni el por qué de esta sensación. No sabe lo que está pasando: hay una disociación entre pensamiento y emoción, ¿se mantendrá esa disociación y de aquí la conducta disociada con menores de edad?
La “no claridad” o confusión puede tener varios significados: en lo que le sucedió, en lo que empezó a hacer con otros niños, en lo que despertó en él, en que le abrieron los ojos a la sexualidad de manera violenta. Además de que le crearon confusión sobre su identidad sexual y otros aspectos que tocarán su vida de cara al futuro. Está viendo su vida en perspectiva de pasado y narrando lo que según la experiencia vivida ha marcado negativamente su vida en el presente y de cara al futuro. En consecuencia, la experiencia misma de agresión sexual puede entenderse, desde dos puntos de vista, desde lo que ve y siente en su experiencia personal; pero por otro lado, hay algo diferente, una novedad que observa en el comportamiento del agresor.
La confusión tiene un significado también en cuanto a su experiencia personal. Puede ser debida a que aún no sabe ni conoce acerca del significado de la sexualidad en su expresión genital, no sabe de las sensaciones de un orgasmo, se autodenomina inocente; no hay agresión física, pero experimenta algo que nunca antes había sentido. Cuenta que hay una experiencia orgásmica con la que se puede denotar que hay una conciencia clara de que se experimenta algo agradable en medio de lo confuso que resulta la agresión sexual. Hay una contradicción entre lo cognoscitivo, lo emocional y el placer sexual genital. Cuando sucede la agresión sexual Carlos está en una edad en que lo cognoscitivo se ha desarrollado más, por lo que puede hacer más uso de la lógica. En sus relaciones entre lo que ve, vive, siente, hay una serie de aspectos que están en contradicción.
Según los planteamientos teóricos, en el estudio de Marshall y Barbaree (1990) sobre el agresor sexual, la masturbación aparece más temprano que en otros niños y la frecu encia es mucho más alta. Esta es la relación que se establece entre la masturbación frecuente y la
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alternativa que el niño o joven encuentran como medio para hacer frente a las situaciones de la vida, es un camino que consideran adecuado para evitar enfrentar otros problemas, es decir que encontrando placentera la masturbación, es masturbándose como evitan enfrentar los problemas. No cabe lugar a dudas que en este caso la situación de tensión que viene padeciendo desde la infancia es un insumo fuerte para que busque resolver sus conflictos masturbándose, tal como se ha citado arriba en la búsqueda de encontrar en la masturbación un medio para resolver.
En cuanto a la adolescencia, como transición de la edad infantil a la edad adulta, es la etapa en la que se dan cambios radicales que implican toda la realidad del individuo en lo físico, en lo psicológico, en lo social y en lo espiritual y religioso.
En las etapas psicosociales, es la etapa que se denomina “identidad frente a confusión de rol o conflicto de identidad”; en ella el adolescente busca desarrollar el sentido coherente del yo. Para Erikson (1968) el mayor peligro en esta etapa es el “psicologicum moratorium”, como la demora en la adquisición de la vida adulta desde la perspectiva psicológica; la cual , se puede comprender como una situación normal pero que no debe dejar a la persona en una permanencia perpetua en la etapa.
El adolescente debe resolver tres aspectos fundamentales: opción ocupacional, creencias y sentido de la vida y la identidad sexual. La resolución de la crisis de esta etapa da como resultado la virtud de la fidelidad es decir de lealtad, identificación o sentido de pertenencia manifiesto en lealtad a personas, creencias, principios, valores, grupos, etc.
En el caso en estudio encontramos una dificultad muy importante en la resolución de esta etapa que se desglosa a continuación:
Identidad sexual. Se ha colocado en primer lugar la identidad sexual porque no cabe lugar a dudas que entre las consecuencias que tiene la agresión sexual en Carlos, muchas de ellas tocan la consolidación de su identidad que marca un camino que seguirá en las relaciones interpersonales. Entre estas consecuencias por la agresión sexual vivida se pueden encontrar las siguientes:
A. Sus acciones, que involucran comportamiento sexual-genital, las expresa en términos de “juegos sexuales”. Juego es muy propio de niños, aunque no exclusivo. Si se enuncia esta realidad en términos de opuestos se dirá que contrario a niño es adulto. Pero parece que no hay conciencia de que ya es un
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hombre de 40 años o sea adulto, pero sigue jugando a la manera como lo hacía de niño y mantiene esa conducta hasta hoy. ¿Qué es un juego para un niño? Algo con lo que se divierte, entretiene, ocupa su tiempo. Se disfruta. El juego en el niño es algo sano, a excepción de que se juegue violentamente pero no es lo usual. En el juego se participa libremente, en este caso sus "juegos" no son libres, no son por distracción. Son conductas sexuales, no juegos, que están haciendo daño y con las que se está haciendo daño. Si los mantiene como "juegos", es un concepto que podría reflejar una situación de inmadurez e incapacidad para una sexualidad sana y relaciones sexuales maduras que en su caso requiere mayor integración por su opción sacerdotal. Igualmente s ucede con la relación genital con mujeres, las ve como juegos. No está tomando el camino de la madurez en las relaciones interpersonales. No profundiza en las relaciones con las mujeres. Se mantiene al margen, en el placer, en los juegos, no intimida. Lo que evidencia una incapacidad para la intimidad.
B. Se va desarrollando sexualmente de manera desordenada, sin referentes adecuados sino según le piden los sentidos que, en principio, puede entenderse como una actitud normal en un joven que busca identificarse sexuado con respecto a sus pares, en este caso se hace con cierto nivel de morbosidad.
i. La experiencia con su amigo que le pide que le enseñe los genitales es indicio de un desarrollo psicosexual que se orienta hacia descubrirse
sexuados. Dice que es como a los 14 o 15 años que "empiezan esos juegos" (sic) que desembocan en masturbación conjunta.
ii. Hay una percepción inmadura de la genitalidad, inmadurez en las relaciones interpersonales, poca comprensión de la realidad sexual del individuo y se reduce a objeto de juego.
iii. En las relaciones interpersonales no hay compromiso, no hay profundización, se está en un plano de placer. Se está empezando a conformar un patrón que va a prevalecer en su vida. Se puede observar en estas actitudes el comienzo de una conducta que será la que exhibirá con amistades y con las personas con las que abusó sexualmente. Era una conducta parecida a la que ha vivido con los jóvenes que abusa, lo que busca
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es masturbarlos.
C. Problemas de identidad sexual o preferencia sexual. En lo que a esto se refiere, Carlos continúa una conducta persistente desde su niñez que mantiene en su adolescencia e incluso, en su vida adulta. Mantiene comportamientos sexuales que dicen sobre su identidad y preferencia sexual.
i. Empieza por una experiencia masturbatoria individual, hasta la experiencia masturbatoria compartida con amigos. Es la edad más fuerte de desarrollo de identidad. Él va logrando la identidad en “juegos sexuales” con amigos. ii. Se dan experiencias genitales con mujeres pero lo frecuente es masturbación con hombres. ¿Habrá un miedo a la relación profunda con mujeres, miedo a la intimidad, miedo al rechazo? o ¿será que por rechazarse a sí mismo no considera que podría ser aceptado por la mujer?, ¿habrá situaciones de autoestima, autoimagen que le impidan entrar en relación directa con mujeres y desarrollar relaciones más profundas sin necesidad de ir al ámbito genital?
iii. La pornografía será uno de los aspectos en los que se verá involucrado. La pornografía puede ser un medio por el cual se alimenta la fantasía muy propia de niños. Se mantiene una conducta en ese nivel de niñez. La fantasía, en el plano sexual, le impide el crecimiento, el acercamiento y la profundización en las relaciones interpersonales quellevan a la intimidad. El uso de pornografía es un medio que alimenta la incapacidad para intimidar. En un adulto se trata de mantener imágenes en el plano de la fantasía, en lugar de caminar hacia la realidad y hacia la profundidad de lasrelaciones interpersonales.
Papalia et al. (2005) presenta un esquema que, en su opinión, es una propuesta generalizada para el desarrollo de la conducta homosexual: 1. Conciencia de la atracción hacia el mismo sexo (empezando entre los ocho y once años); 2. Conductas sexuales con inclinación hacia el mismo sexo (12 a 15 años); 3. Identificación como gay o lesbiana (15 a 18 años); 4. Revelación a otros (17 a 19 años); 5. Desarrollo de relaciones románticas con personas del mismo sexo (18 a 20 años). Según este esquema y confrontado estos puntos con las narraciones de Carlos, la mayoría de estos se cumplen por lo que se podría deducir que
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ha venido conformando conducta homosexual. Sin embargo, en este caso hay evidencias de que se mantiene una conducta bisexual y una negación a su preferencia sexual por personas de su mismo sexo.
Entre las repercusiones que tiene lo anotado en este caso se puede hacer un acercamiento a la comprensión del por qué le da tanto peso a la experiencia de agresión . Además de las dificultades que señala que indican falta de madurez en su desarrollo, la experiencia personal se problematiza porque él mismo inicia con experiencias prematuras de diversa índole, está viviendo experiencias de orgasmo por medio de la masturbación, le descubrieron de manera precipitada el orgasmo, siente curiosidad por hacer lo mismo que experimentó con el agresor que lo masturbó. Esto refleja también una falta de formación e información con respecto a la sexualidad. Además de la incapacidad de comunicarlo a sus padres y la deficiencia en la formación sexual en casa. Dice, "…en mí había una curiosidad muy fuerte" (sic). Curiosidad que en principio es el deseo de saber, de experimentar. Busca experiencias con sus pares que después seguirán siendo pares niños o adolescentes aunque ya Carlos sea un adulto. Se puede estar ante una fijación por la que estas conductas lo hacen Creencias y sentido de la vida. La identidad, especialmente en el ámbito sexual marca la vida de Carlos. Por lo tanto, de igual manera sus creencias y sentido de vida se ven afectados por lo que vivió, lo cual califica con términos que significan dolor y que se pueden resumir con la palabra depresión.
“regresar” a su etapa de niño. "Porque yo lo quería era sentir" (sic). Buscaba eran sensaciones que en este caso son con niños o adolescentes.
En cuando a la construcción de su identidad masculina manifiesta aspectos propios del esquema patriarcal: Las mujeres son para tocarlas: construcción de una identidad masculina en donde el hombre es dueño de la sexualidad de la mujer. Dentro de su masculinidad aparece la dificultad de mostrar emociones, no reconocer que hay una preferencia homosexual por la preocupación a que lo identifiquen como tal.
A. Presentar su niñez como una niñez feliz, con un hogar feliz, el niño muy religioso, parece que introduce un mundo de felicidad que será destruido “después de…”. Piensa en su futuro, viéndolo desde el momento que narra, como un futuro no promisorio.
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B. La religiosidad pasará también al plano del conflicto “después de…” lo que sucedió, al presente se manifiesta como una experiencia conflictiva. Su desarrollo humano lo ve como un conflicto. Pierde de vista el proceso normal por el que pasa toda persona. Hace de lo religioso un conflicto y así parece ser su vida.
C. Su experiencia de abuso lo ha hecho vivir una vida de confusión, de tristeza, de soledad, de necesidad de afecto, de involucramiento afectivo, como lo ha expresado.
D. Identifica la experiencia del abuso como algo que lo “graba” (sic). Esta pala bra parece que señala lo que esta persona ha venido cargando en su vida, está grabado. Lo grabado se repite una y otra vez y lo dice de diversas maneras. Por ello, lo expresa como una situación muy difícil de llevar sobre sí. Usa la palabra cargar. Caben varias interrogantes: ¿Qué se carga? Algo que lo puede llevar solo la persona que lo siente. Para él se constituyó en un peso fuerte que guarda por tantos años y no puede descargar ese peso en nadie, así está manifestado en diversas opiniones en las diferentes entrevistas.
Opción vocacional. Cuando habla de su ingreso al seminario parece hacer una síntesis
de lo que vivió desde su adolescencia: “entré al seminario,...imagínese Ud. entre puros
hombres. En el seminario sí recuerdo que uno que estaba más adelante que yo quiso insinuarme y yo no se lo permití, lo evadí porque no era algo así como que yo anduviera buscando tener…” (sic).
Para Erikson (1967) un hombre no es capaz de alcanzar intimidad real hasta que no haya alcanzado su identidad. Con este punto de vista se puede entender la dificultad de un agresor de lograr intimidad en el sentido profundo del término, como realidad psicosocial, debido a la crisis de identidad que presenta especialmente en el plano sexual. Sin identidad adecuada se hace más difícil una relación profunda, seria, madura. Las relaciones con adolescentes muestran su incapacidad para una relación adecuada.
Conclusiones
El problema de Carlos radica en el desarrollo psicoafectivo en cuanto que es con base en él que se puede construir una adecuada identidad y establecer una buenas relaciones interpersonales.
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Una afectividad pobre y una experiencia de agresión sexual implicarán, en este caso, una identidad difusa y una relación superficial.
Se va alcanzando la vida adulta por la madurez cronológica que se va adquiriendo. Usualmente se dice que la persona se hace adulta al tomar una opción de vida, al lograr la identidad y al tomar una opción laboral. En este caso, parece que el problema está en la identidad misma, ya que le cuesta hacerse adulto porque, por un lado, tiene opción de vida, una opción laboral, pero su dificultad radica en la identidad que lo afecta en cuanto que sigue “jugando” con juegos que causan daño y con los cuales se daña y daña a otros indefensos. Busca experiencias con jovencitos. Se siente atraído por ellos.
Tiene una concepción mítica de hombre, una construcción identitaria propia de la sociedad actual: tenía mucha dificultad para llorar, porque así se lo enseñaron en la casa “los hombre no lloran… así se nos decía a los hombres…” (sic). Esa es la razón por la que no podía llorar. Había muchas emociones reprimidas.
Sus relaciones son muy pobres, las identifica con genitalidad. Ya se ha dicho del problema que tiene con la identificación de sexualidad y sus juegos. Con algunas mujeres también “jugaba” sexualmente lo que refleja que desde joven inicia un camino de “juegos” que le impiden comportarse como adulto y actuar como tal, no puede madurar las relaciones interpersonales. Estas concepciones podrían indicar la razón por la cual se queda jugando con menores. “Activarme sexualmente”, es una expresión usada cuando se refiere a mujeres: término que significa hacer, actuar, pero no profundizar, intimar. Reaparece evidencia de superficialidad en sus relaciones interpersonales.
Se mueve también en un nivel superficial de la vida sexual. Lo que buscaba era verse excitado con los adolescentes, lo que puede interpretarse como una “cosificación” de la sexualidad, de la mujer y del hombre.
No aparece prueba de haber tenido formación sexual de alguna índole. Es en su primera etapa de niñez intermedia, cuando sucede la agresión sexual, una persona desorientada, sin metas en su desarrollo sexual, simplemente caminando y aprendiendo inadecuadamente. En su adolescencia se encierra en la dificultad vivida, no hay una orientación adecuada a lo que le sucedió y sin una adecuada formación e información en el ámbito sexual. No aparece la figura del padre en el proceso de desarrollo adolescente.
Toda esta interpretación permite dar un paso más en la comprensión de la vida de
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Carlos y en los problemas que presenta en su comportamiento sexual. Su inmadurez y su problema de identidad no le permiten una adecuada intimidad por lo que mantiene la misma conducta aprendida y mantiene sus necesidades de afecto, sin medir las consecuencias que ello tiene en las personas menores de edad con las que busca gratificación.
Dice “me apegaba mucho a los muchachos...” (sic). Apegarse puede expresar la relación lógica de esa necesidad de apego. Podría no haber resuelto la etapa del apego en las figuras de personas significativas, por lo que podría buscar resolverlo con adolescentes. Sigue necesitando el "apego" en los muchachos/as, los/as cuales, al no tener claro lo que pasa con él, se dejan en sus manos, sin medir las consecuencias de lo que puede suceder en la conducta de abuso que manifiesta hacia ellos/as.
Las jóvenes con las que se involucra, con una de ellas especialmente, puede representar, igualmente la necesidad de apego. Se mencionan solo los detalles de esta relación:
• Ella es menor de edad, la relaciónse mantiene por años, porque ella le permite descubrir que tiene unainclinación normal, hacia la mujer aunque no mide las implicaciones de que ella es menor de edad.
• Problemas en su identidad por lo que aparece una utilización de la mujer en cuanto que le ayuda a sentirse “más hombre” (sic).
• No hay compromiso serio con ella porque no va a dejar el sacerdocio por ella y así lo acepta ella. Deficiencia de intimar, de relaciones profundas.
• No había una penetración "porque no le podía hacer daño" (sic) lo cual refleja la falta de conciencia acerca de la relación entre un adulto y una menor de edad.
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Dr. Fernando A. Muñoz Mora. Doctor en Psicología. Director
GeneralAcadémico (diracademica@ucatolica.ac.cr)
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