APROXIMACIÓN A LA SITUACIÓN PSICOAFECTIVA DEL SACERDOTE Y PERSONAS DE VIDA CONSAGRADA. UNA PERSPECTIVA PSICOLÓGICO PASTORAL

Fernando A. Muñoz Mora

Universidad Católica de Costa Rica

Bernardo Castillo Gaitán

Universidad Católica de Costa Rica

Resumen: Este artículo presenta una propuesta de método pastoral para comprender la situación de algunos sacerdotes, religiosos/as, cuando presentan dificultad en la integración de su vida sexual. Por un lado, ser sacerdote, religioso/a, no elimina su naturaleza humana aunque se han consagrado a la vida religiosa. Por el contrario, todo sacerdote o persona consagrada necesita apoyo, ayuda y comprensión, tanto en el proceso de su desarrollo humano, como en la búsqueda de una integración entre su cuerpo, mente, vida social y espíritu, como también cuando se encuentra en una situación irregular relacionada con el manejo de su sexualidad. Por otro lado, la vida de los sacerdotes y de las personas consagradas ha de ser comprendida en primer lugar por ellos mismos, por sus hermanos, hermanas, superior o superiora o por su Obispo, quien es el responsable de la diócesis. En este artículo se presentan sugerencias, desde la psicología pastoral o psicología de la religión, para asistir a los sacerdotes, personas consagradas y a profesionales en psicología o de otras disciplinas que trabajan brindando su apoyo a personas con problemas afectivos

Palabras clave: Perspectiva psicológico pastoral, sacerdotes, vida consagrada, situación psicoafectiva

Abstract: This article wants to be a proposal from a pastoral point of view to understand priest’ and

religious’ sexual life. On one hand, human nature has not been denied on a priest and religious in spite of his consecration. On the contrary, every priest, nun or brother/sister needs support, help, and comprehension if he is looking for, either an integration of his body, mind, social and spiritual life,

or he/she has falling into an irregular sexual situation. On the other hand, priest’s and religious’ life, as a whole, must beunderstood primarily by himself, by his priests’ brothers and bishops who also are responsible for his fellows. On this sense, this is a simple suggestion related to pastoral or religious psychology to assist priests, brothers and sisters in dealing with their sexual life and other psychologists and counselors working with them.

Key Words: Psychological and pastoral perspective, Priests, Consecrated life, Psico- affective situation


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Introdu cción

El Secretariado Episcopal de América Central (SEDAC) se ha preocupado por buscar respuestas a un tema que está inquietando a muchos. Se trata del tema sobre el manejo de la afectividad y de la sexualidad en el sacerdote, buscando una adecuada integración, así como caminos que se pueden tomar para responder a los diferentes problemas, conflictos y/o patologías que se presentan en la vida de los presbíteros y personas consagradas. Este tema hunde sus raíces en la psicología pastoral, con implicaciones muy importantes en la psicología de la religión y que interesan a la pastoral sacerdotal o de la vida consagrada, así como también a las personas a quienes corresponde la atención y cuidado de sus hermanos sacerdotes y personas consagradas

La búsqueda de esas respuestas, este es el tema que se escogió para ser tratado en la reunión plenaria del SEDAC, en Tegucigalpa, Honduras, el tema en cuestión se abordó del 27 al 29 de noviembre de 2006. Producto de esta reunión surge el interés de analizar el tema del que se trata en el presente artículo1 y que se expone en el presente artículo. Da la impresión que algunas Conferencias Episcopales de América Latina no han querido afrontar dicho tema, pues requiere de mucho trabajo con todos los involucrados de tal forma que los mismos sacerdotes, religiosos y religiosas entiendan su realidad y la de sus semejantes, trabajen en la consecución de una adecuada integración de su sexualidad, colaboren en la comprensión del hecho mismo que se presenta y brinden un apoyo incondicional a sus Obispos en la búsqueda de soluciones concretas a las dificultades afectivas de las personas en cuestión.

Presupuestos para el abordaje de la situación psicoafectiva del sacerdote y persona de vida consagrada

Como primer presupuesto se debe tener presente la distinción entre lo que significa una dificultad propiamente dicha en el manejo de la afectividad, situación de la que todos somos de alguna manera “víctimas” producto de una inclinación natural que todo ser humano tiene para compartir ese afecto con otro y el sacerdote, el religioso y la religiosa decide consagrar por medio de un proceso de aprendizaje que integre la afectividad, la sexualidad y la expresión genital, pero esto se da únicamente en tanto y en cuanto haya conciencia de qué

1 Las ponencias del P. Kevin Flaherty están publicadas en la Revista Humanitas de la Universidad Católica de Costa Rica. Número extraordinario, volumen 2, 2006.

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debe hacerse y se identifique un proceso de aprendizaje en el que se aprende por el camino del intento, del acierto y del error.

Un segundo presupuesto, necesario para evitar confusiones y malos entendidos, es que en algunos sacerdotes y personas consagradas existe una situación de desorden que desdice la opción adoptada por ellos y se puede considerar más como falta de conversión, que señalarlo como un problema patológico, aunque ambas situaciones pueden coexistir, pero no deben ser confundidas. Hay escenarios en que los actores conforman una situación de “doble vida”, manifiestan en una aceptación de irregularidad o de relación de pareja e incluso, a veces, una familia “cuasi” instaurada o instaurada.

Diferentes, a lo que se ha mencionado en los dos puntos anteriores, son las situaciones patológicas. Hablar de patología corresponde más a trastorno de personalidad en donde se involucra lo antropológico, lo psicológico, lo vocacional, lo espiritual. Patología es definido como una situación de enfermedad; visto como conjunto de síntomas de una enfermedad, según la Real Academia Española (2001). Como indicadores de esta patología se puede señalar la compulsividad incontrolada, la paidofilia, efebofilia, adicción sexual, afecti vidad desintegrada, trastornos de personalidad por dependencia, narcisista, limítrofe.

Las situaciones, que se acaban de mencionar, existen en los distintos presbiterios y en comunidades de vida consagrada y se manifiestan de la manera como se ha señalado2; a) en situaciones propias de la condición de todo ser humano, producto de un proceso de madurez y que se le denomina aquí “dificultad”, la cual si no se maneja adecuadamente se puede convertir en conflicto; b) en situaciones propiamente “patológicas” y que, por sus connotaciones, requieren de intervención interdisciplinaria. Por lo tanto sea conflicto, sea dificultad o sea una patología, estas situaciones son diferentes y no conviene confundirlas a la hora de abordar las situaciones que viven los presbíteros y personas consagrados/as.

Discernimiento evangélico

Siendo el tema en cuestión tan importante para sacerdotes, obispos, acompañantes espirituales, psicoterapeutas religiosos, religiosas y para aquellos que se preocupan por la realidad y lucha de muchos de sus sacerdotes y personas consagradas, es por lo que se ha

2 Para más información sintomatológica y diagnóstica sobre trastornos de personalidad cfr. DSM IV TR (Manual estadístico y diagnóstico de trastornos de pers onalidad)

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buscado un enfoque metodológico que sea base para comprender la situación en discusión, partiendo del discernimiento evangélico y que ofrece puntos de reflexión para el trabajo y manejo de los diferentes contextos presentados en los grupos que se destacan aquí.

En el numeral 10 de la Exhortación Apostólica Pastores dabo Vobis, sobre la formación de los Sacerdotes en el mundo actual, del 25 de marzo de 1992, el Papa Juan Pablo II presenta unos criterios sobre el “Discernimiento evangélico”, a partir del cual, se ha estructurado un método pastoral que se ha denominado Método del Discernimiento Evangélico de la Realidad, desde la fenomenología religiosa que utiliza y desarrolla Lanza (1989), quien a su vez se inspira en Midali M. en su libro: Il modello di teologia pastorale. Este método, que más adelante se expondrá, es muy útil para analizar el tema que se aborda aquí en cuanto que difiere del ver, juzgar, actuar, que aunque ha sido muy valioso en la identificación de los problemas sociales a los cuales la Iglesia ha deseado dar respuesta, tiene un énfasis más en lo social porque parte de la situación que se observa y no de la persona. Pero en cuanto a este tema Aproximación a la situación psicoafectiva del sacerdote y personas de vida consagrada, una perspectiva psicológico pastoral, lo que interesa es sobre todo la persona, más su realidad particular y como consecuencia, las repercusiones que tiene su comportamiento en el entorno, pues para comprender el impacto social se hace necesaria la comprensión individual; sin que esto signifique caer en dualismos.

El problema objeto de estudio en este artículo debe verse, en sentido pastoral donde se trata de buscar una integración con el aporte que da la psicología. Se requiere de puntos de vista, de algunas ciencias para la comprensión y el abordaje de este hecho. Por un lado, la teología pastoral y por otro lado la perspectiva psicológica que explica el por qué de estas conductas, para que ambas disciplinas, la psicología y la pastoral, se integren en el abordaje del tema en cuestión.

En este esfuerzo, se considera oportuna la propuesta que Juan Pablo II hace en la PDV 10, como es un itinerario que identifica un proceso mediante el cual se desea pasar de una situación presente, a una situación deseada. Juan Pablo II lo propone como un método empírico crítico del discernimiento evangélico de la realidad. Se trata de un análisis evangélico de la situación, descubriendo en todas las disciplinas científicas que involucran esta problemática, una esperanza que lleve a señalar el problema y a iniciar un proceso de cambio. Es encontrar en el problema el paso de Dios por la vida de las personas que están

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atravesando por estas situaciones.

El Papa propone que se requiere del conocimiento de la situación, “No basta u na simple descripción de los datos; hace falta una investigación científica con la que se pueda delinear un cuadro exacto de las circunstancias socioculturales y eclesiales concretas”. (PDV No. 10).

Se conoce el problema y se describen los elementos importantes que permiten hacer una aproximación científica y evangélica al fenómeno tal cual se está dando. A esto se le une la lectura de los signos de los tiempos que permite identificar qué pide Dios a su Iglesia en la situación que aquí se expone, con el fin de mantenerse en la actitud del ser misericordioso de Dios expresado históricamente y sacramentalmente en la Iglesia.

Otro punto importante en el documento PDV 10, según lo expresa Juan Pablo II: “Pero es aún más importante la interpretación de la situación… situaciones, las cuales presentan a la vez dificultades y posibilidades, elementos negativos y razones de esperanza, obstáculos y aperturas…” No cabe lugar a dudas que cuando se trata de la problemática que pueden padecer algunos sacerdotes, religiosos y religiosas, ello está lleno de dificultades, tanto en la vida misma de los que las padecen, como del impacto que tienen las mismas en las comunidades en las que ha servido, especialmente cuando de situaciones patológicas se trata. En medio de ello, la propuesta se ve desde la esperanza, porque el ser humano, el sacerdote, el religioso y la religiosa siempre tienen la posibilidad de salir adelante o de ser ayudados en el manejo de sus problemas, conflictos o patologías. Parafraseando a Adler, citado por Muñoz (2002), el ser humano no es un recipiente pasivo de influencias ambientales y genéticas. Esta perspectiva antideterminista permite comprender que el camino del ser humano siempre se abre a una reorientación, en la cual, él mismo define y decide el camino que quiere seguir.

Si bien es cierto, algunas situaciones no se pueden resolver, sí se pueden aprender a manejarlas. Esta perspectiva es la que abre alternativas de solución, razones de esperanza y caminos que se pueden tomar en la consecución del ideal por el cual, toda persona, en algún momento de su vida, ingresa en un seminario o en una casa de formación. Siempre su ideal ha sido la búsqueda de la perfección. ¿Qué pasó en el camino? Es lo que se requiere encontrar utilizando el método utilizado por Lanza (1989) y que ha sido inspirado por la Pastores dabo Vobis (PDV).

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Lo que se ha detectado, en los sacerdotes de los distintos presbiterios, casas de religiosos/as se discierne desde el evangelio. Discernimiento necesario porque no son simplemente datos que “hay que registrar con precisión y frente a lo cual se puede permanecer indiferentes o pasivos…” el Papa señala esta tarea como “…un deber, un reto a la libertad responsable, tanto de la persona individual como de la comunidad” (PDV No. 10). Son seres humanos que tienen una historia particular que necesita ser clarificada, integrada y asumida con las consecuencias que esto conlleve y por las partes que estén implicadas. Es decir, sea por parte de la misma persona que está en su lucha de integración y manejo de su afectividad y sexualidad, sea por quienes están junto a este sacerdote (s), religioso/a (s), si realmente buscan realizar una comunidad presbiteral o una comunidad fraternal que no es de palabra; y por supuesto que el obispo que requiere de conciencia clara acerca del problema y que no es silenciándolo por las personas con alguna dificultad afectiva, ni disimulándolo como se resuelve, sino consciente de que existe la urgencia de apoyar a quienes necesitan respaldo y son parte del sacramento del orden. Es encarnar la realidad, es decir, no temer a reconocer que la situación problemática realmente existe y solo si se reconoce se puede asumir para ser redimida, transformada.

Fases del método del discernimiento evangélico de la realidad

Son tres las fases que abarcan este método pastoral: fase kairológica, fase proyectual y fase estratégica. Aquí, por razones de la propuesta del trabajo, se desarrolla únicamente la fase kairológica. Corresponde, a los obispos especialmente, con sus sacerdotes, sus vicarios para la vida del clero, su equipo de profesionales de apoyo y con los presbiterios, así como a los superiores/as mayores y sus comunidades y equipos, trazar las líneas de acción o sea las dos fases señaladas: fases proyectual y estratégica, en las cuales cada equipo de trabajo diocesano o comunitario punteará las políticas que cada obispo o superior mayor desea desarrollar como trabajo permanente en la atención y cuidado a los sacerdotes y miembros de la comunidad. Se trata de toda una organización de pastoral sacerdotal y de atención a la vida consagrada.

Fase kairológica

Para los estudiosos de la teología, el término kairós, procedente del griego,

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corresponde al “paso del Señor” en la vida de las personas. En otros términos y más significativo aún con respecto al tema que se trabaja, es descubrir la esperanza en la dificultad, el paso del Señor en las situaciones que tanto dolor, frustración y dificultad causan en la vida del presbítero y religioso/a. Esta fase kairológica indica el paso del Señor en cualesquiera circunstancias que esté viviendo el presbítero o la persona consagrada mostrando que ella debe ver con esperanza en medio de las dificultad es.

El camino que se sigue es como se detalla a continuación. Se trata de un proceso que a su vez permite sensibilizar a las personas que trabajan en estas áreas para una adecuada comprensión del hecho y la intervención que se planea a fin de responder a lo que los sacerdotes y religiosos/as requieran.

El primer paso es denominado análisis fenomenológico. Se echa mano de la fenomenología de Husserl (Patocka, 2005 pp. 82-91), cuyo método permite observar un hecho, sin prejuicios personales y sin llegar a conclusiones subjetivas. La aplicación de la fenomenología en la comprensión del hecho que se trata en este artículo es de mucha utilidad para tratar de lograr una integración entre lo psicológico, lo espiritual, la experiencia religiosa del sacerdote, religioso/a, y el sistema en el cual se inserta, del que se beneficia pero que también afecta, para bien o para mal.

Este análisis permite identificar cuál es la situación que se está viviendo en la sociedad con respecto al manejo de la afectividad y de la sexualidad, de la cual no escapan los presbíteros en los distintos países en el mundo. ¿Qué dice el fenómeno que se está presenciando?, ¿cómo se le interpreta?

En este aspecto hay que considerar algunos puntos importantes al tema. Por un lado, hay una situación seria en el manejo de la afectividad y de la sexualidad en la sociedad en general. No es problema único del sacerdote, del religioso y de la religiosa. Se está ante la influencia de ruptura de “paradigmas”, una protesta fuerte contra la manera como la Ig lesia, en opinión de muchos, ha visto la sexualidad como algo impuro o desagradable , una tendencia a favorecer el ejercicio de la sexualidad dándole énfasis al plano genital, con las consecuencias en un aumento en la maternidad y paternidad de adolescentes y una realidad que, en este caso, no siempre va de la mano con responsabilidad, pero desde muy jóvenes, algunos se convierten en padres/madres. Se vive un tiempo y una actitud que todo se ve desde lo sexual, en donde se da una disociación entre lo sexual, lo afectivo y lo genital. Esta realidad

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social afecta la manera como percibe y se auto percibe el ser humano en su relación con los demás y consecuentemente afecta al presbítero y a los presbiterios y a las comunidades de religiosos/as. Mencionado de manera rápida, el hecho señalado y visto fenomenológicamente, indica que esta situación debe tender hacia una integración de estos tres aspectos constitutivos del ser humano: lo afectivo, sexual y genital.

Lo sexual no es lo genital, ni lo afectivo se queda en el plano de lo genital. Sexualidad es la realidad total del ser humano que entra en relaciones interpersonales con individuos del sexo opuesto y con personas de su mismo sexo, precisamente por ser sexuados. Lo afectivo involucra al mundo de la expresión afectuosa, con la cual establecemos relaciones de comunicación y de amistad, en algunos casos tan profundas, que porque se ama a la persona se le deja en libertad y si la persona ha sido consagrada o participa del sacramento del orden, entrega o consagra esa relación que libremente aceptó para servir a los demás. Se debe buscar una integración adecuada de manera que el sacerdote pueda descubrir la grandeza de su condición humana y, en lugar de sufrir la dificultad del manejo de su sexualidad descubra una manera creativa de vivir su sexualidad dentro de su vida o de su opción de persona célibe o de consagrado.

Un análisis fenomenológico desde lo que vive el sacerdote muestra que se presentan casos en los que la conducta varía con diferentes manifestaciones, las cuales, como se ha dicho, no siempre son patológicas, ni la mayoría de estos comportamientos lo son. Son situaciones que muestran la condición humana del sacerdote, la cual no debe ser analizada con la misma óptica como si toda situación fuera el mismo problema o que toda situación de dificultad, incluso de conflicto, se catalogue como patológico, que es como usualmente sucede.

Mencionar algunos de estos comportamientos, vistos desde la realidad psicoafectiva y sexual del individuo, permite ver el fenómeno como se presenta. Saffiotti (2006) logra un buen resumen de los diferentes problemas, conflictos y patologías que se presentan en la vida consagrada y sacerdotal. Dentro de estos se mencionan diferentes manifestaciones conductuales como el comportamiento compulsivo (acting-out), las adicciones en el uso y abuso de licor, como en el comportamiento sexual; inapropiado uso del poder por lo que se comenten abuso hacia las personas. Sexualidad no integrada, relaciones de pareja, el sacerdote con hijos (familia), homosexualismo, pornografía (cada vez más frecuente hoy a

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través de internet), hasta lo definido como patología, por ejemplo, la pedofilia y efebofilia, por citar dos.

Ante estas situaciones, existentes en algunos sacerdotes, en casi todos los presbiterios y comunidades religiosas, surgen preguntas que se hace necesario contestar, ¿permite el celibato y el voto de castidad la vivencia de una sana afectividad?

Momentos de la fase kairológica del método del discernimiento evangélico de la realida d En esta fase kairológica se distinguen algunos momentos importantes para

seguir un camino, como el que se ha querido ir trazando en este artículo, con miras a buscar alternativas que permitan a los sacerdotes, presbiterios, obispos, comunidades religios as, desarrollar propuestas y encontrar respuestas a lo expresado aquí.

Un primer momento se denomina “momento crítico o interpretativo”. Trata del modo como se valora la realidad de la sociedad. En este caso particular es la valoración que se hace de la situación de algunos sacerdotes y religiosos/as y las implicaciones que ello tiene en los presbiterios y en las comunidades en las que se sirve y en las comunidades en que se vive. Se trata de que quien se interesa por trabajar en este tema se libere de juicios y prejuicios, para la consecución de un camino a seguir.

Identificar la situación a la luz del evangelio e identificar que lo que se busca es en primer lugar, la acción de la iglesia; en este caso, por parte de los obispos con sus vicarios para la vida del clero, los/as superiores mayores o el equipo de servicio y atención que se da a los sacerdotes que están presentando dificultades en el manejo de la afectividad o aquellos que se han conformado a una situación que desdice de la opción por el celibato y/o conductas propiamente patológicas .

La situación podría analizarse partiendo de algunos criterios: criterios de la misión del Hijo, otros son los criterios de conversión y criterios de camino hacia el reino. Se toma cada uno de estos criterios sobre los cuales se puede decir algo.

Los primeros son los criterios que corresponden a la “ misión del Hijo”: Se consideran dos: el criterio teándrico (referente a lo humano y divino) y el criterio sacramental . Criterio teándrico: El presbítero es mediador sacramental entre el Padre y la humanidad. Ejerce “in persona Christi”, sin dejar de ser lo que es, un ser humano, una persona.

Otro Cristo pero que conserva su propia historia. El sacerdote es la encarnación de

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Cristo en la vida de la comunidad, pero Cristo mismo no absorbe ni su ser, ni su condición humana. Otro es el criterio sacramental ¿Qué significa el manejo inadecuado de la afectividad y de la sexualidad, en el presbítero, para la comunidad, para la sociedad y para la Iglesia? Tiene sus implicaciones. Especialmente, en el quehacer pastoral, tanto hacia fuera, como hacia el presbiterio mismo y la comunidad en la que se comparte la opción por la vida consagrada. Se está haciendo daño el presbítero mismo, el religiosos/a, está sufriendo la frustración de su opción e incapacidad para salir adelante en lo que soñó que sería su compromiso de por vida. Cualquier persona en contacto con vocaciones, sea por promoción, acompañamiento o discernimiento, puede concordar con la opinión de que es posible que no haya una sola persona que entrara al seminario o a la casa de formación sin tener la idea de la santidad. ¿Qué pasó o está pasando? El manejo inadecuado de la sexualidad y la afectividad está produciendo dolor y está hiriendo a la Iglesia, pueblo de Dios.

En cuanto a criterios de conversión. Conversión vista en triple sentido: desde el presbítero, desde el obispo y superior mayor y desde el presbiterio y la comunidad. No es delegando o desplazando responsabilidades como ellas mismas se resuelven, sino que es sol o asumiéndolas responsablemente dentro del sistema en el cual cada uno se desempeña.

El presbítero, religioso y religiosa que tiene un problema en el manejo de su afectividad y su sexualidad, del que presenta algún conflicto o del que presenta una patología como el abuso sexual a personas menores de edad, para salir adelante, para enfrentar el problema, para buscar ayuda, un paso ineludible es el reconocimiento de la situación, de la problemática o de la patología existente o que está desarrollando. Aceptar la situación personal, al igual que en cualquier otra intervención espiritual o psicoterapéutica, es el primer paso para el cambio. Cuando no se acepta lo que está sucediendo se hace casi imposible el cambio. Específicamente, en el caso del abusador, hay una tendencia a negar lo sucedido, por la vergüenza y el dolor de aceptar toda la situación por la que ha pasado. Casi siempre, aunque no es absoluto, el abusador fue abusado. Requiere ayuda de especialista, de director o acompañante espiritual, del presbiterio mismo o de la comunidad religiosa a la cual pertenece, en un ambiente de misericordia sin prejuicios.

También se requiere el criterio de conversión por parte del obispo y del superior mayor: el reto para un obispo y superior mayor es conocer mejor lo que está pasando. Tomar conciencia que no es trasladando al presbítero o religioso/a como se arregla el problema, no

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es el castigo o expulsión de estado clerical o religioso, estos son casos extremos. Es asumir esta situación como Padre, maestro, pastor y como juez administrador de la misericordia de Dios cuyo reto es transformar el pecado en gracia.

De la misma manera este criterio de conversión se aplica al presbiterio, grupo de sacerdotes de una diócesis y a la congregación religiosa: poner en práctica la pastoral de la misericordia como camino de conversión. Es el ministerio de la misericordia que se aplica cada quien a sí mismo, pero que cada quien aplica a sus hermanos presbíteros o religiosos. No se trata de excluir a los hermanos: “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. La enfermedad, en este caso, no aceptación de la realidad que se vive, especialmente cuando es patológica, incapacita para el ejercicio del ministerio. Otra vez la idea, la aceptación del hecho o problema o enfermedad lleva a buscar ayuda. Que los presbiterios sean más una unidad de fraternidad que ayuden en los procesos de madurez y conformación de la personalidad del individuo, como persona que integra y consolida una adecuada estructura de personalidad, propia de un adulto.

Criterio del camino hacia el reino. El presbítero, el religioso y la religiosa como persona se abre a la vida dentro de un camino denominado “desarrollo humano”. Esto implica conocer el contexto histórico, cultural familiar, social, eclesial del que procede el presbítero, ¿por qué no se vio todo esto desde el seminario, noviciado o juniorado? No se sabe, lo que sí es cierto es que ya se tiene a este presbítero o religioso/a que presenta problemas y que requiere de apoyo y ayuda por parte del presbiterio, de profesionales y del mismo Obispo o superior mayor. Que un presbítero, religioso o religiosa sufra una desviación sexual es asunto de todos sus hermanos con los cuales comparte el mismo proyecto de servidores del evangelio para la hu manidad.

Finalmente, un último criterio que se puede denominar: Presencia y visión en el mundo. No solo atención al que tiene el problema, el conflicto o al que está enfermo. Igual que el Papa Juan Pablo II y el actual Pontífice Benedicto XVI a veces se re quiere pronunciamiento, en los términos de esta propuesta. No se trata de condena, ya se ha dicho numerosas veces, pero sí el obispo debe pronunciarse, desde la misericordia; no es evadiendo el problema como se solucionan estas situaciones. Se asume el problema para evangelizarlo. Hay conciencia de redención, no para condenar. Por ello se impone, en este tema, generar una conciencia de misión, como camino de comunión. Se busca hacer camino con el equipo

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de trabajo: sacerdotes, laicos que, con apoyo del obispo, siguen trazando el itinerario por el cual consideran que se debe ir para encontrar un horizonte más amplio que ofrezca alternativas y salidas a las dificultades que presentan los sacerdotes.

Cuando se dice presencia en el mundo, al decir misión, no se trata de hacer una evaluación de lo que sucede a algunos miembros del presbiterio. Ya esto se sabe; sino que se trata de verificación de las responsabilidades pastorales que se le han asignado que se están llevando adelante y si ellas son y están realizando conforme al evangelio. La atención a un hermano presbítero, religioso/a que sufre un desajuste afectivo-sexual, se realiza como lo hizo Jesús, no juzgando la apariencia sino reflexionando en la profundidad del que presenta el problema, que es hijo por el bautismo e hijo predilecto a quien, a pesar de su situación, Dios le ha concedido la gracia de ser su ministro o de hacerlo presente con su opción de vida.

DISCUSIÓN

Todo lo anteriormente expuesto requiere reflexión y profundización, lo que se ha buscado en este artículo es hacer una propuesta, para abrir el tema a discusión. Pensar sobre lo que se está haciendo y lo que se puede hacer en las situaciones de dificultad, conflicto o patología que presentan sacerdotes, religiosos/as.

Varios ejes surgen del que se trata aquí. Pueden ser considerados sub-temas, si se quiere, entre lo que se puede destacar la importancia de identificar la triple tendencia natural: función generativa, amor conyugal y paternidad humana (Garrone, 1974). La necesidad de enseñar al sacerdote adulto a manejar su afectividad y su sexualidad, cuando se le presenta dificultad; que se requiere de un aprendizaje en el manejo de esa triple tendencia natural. La edad, en muchos casos, no tiene relación con lo que está sucediendo en la vida de un presbítero, puede haber un crecimiento cronológico, no así psicológico. Uno y otro, no necesariamente se dan simultáneamente, y el segundo no se da obligadamente como sucede de hecho, por naturaleza, con el primero. Lo que sí es cierto es que aunque se da un crecimiento biológico no se da exactamente igual con el crecimiento psicológico.

• Hablar de dificultad, conflicto y patología no son sinónimos; por lo que se ha querido hacer una clarificación conceptual sencilla, práctica, que permita identificar que no toda dificultad es conflictiva ni patológica, como no todo

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conflicto es patológico. Tampoco lo patológico debe tomarse a la ligera o visto como un simple problema o conflicto. Lo patológico corresponde más a trastorno de la personalidad en donde involucra la conformación de esta personalidad en la que se envuelve lo antropológico, psicológico, vocacional, social, espiritual. La patología es definida como una situación de enfermedad, por lo cual, haciendo eco de D’ Lugos (2006) se puede concluir que el desorden psicológico no se supera sencillamente con la fuerza de voluntad, que cuando se habla de algún tipo de adicción se está señalando una enfermedad y no una elección y que el trauma no desaparece ni con la edad ni con un cambio de ambiente (de parroquia) y finalmente que la patología es más que un problema moral. Recoger la experiencia de expertos que han dedicado años de su vida a trabajar con sacerdotes y personas de vida consagrada dice la importancia de atender a quienes han estado al lado de las personas que no solo han requerido ayuda, sino que la han buscado.

• Por lo tanto, hacer uso de una perspectiva pastoral que no excluye el aporte de la ciencia, se convierte en una opción sabia, como la da Juan Pablo II, para la comprensión y abordaje de la situación del presbítero, religioso/a que necesita y busca ayuda. Este artículo quiere dar pie a una discusión urgente y necesaria que permita iluminar un camino a seguir: Observar el fenómeno s in prejuicios reduccionistas o interpretaciones moralistas. Ver el fenómeno desde la realidad que se presenta y con los rasgos que ofrece para hacer una adecuada interpretación desde una experiencia de fe y desde la acción redentora de Cristo. Antes se dijo, se trata de encarnar la realidad. No hay por que temer cuando de reconocer se trata; especialmente, reconocer que la problemática realmente existe y solo si se reconoce se puede asumir para ser redimida, transformada.

• Es posible vivir una vida sana de integración afectivo-sexual-genital en la vida de un sacerdote, religiosa/o a pesar de problemas, por más serios que hayan sido en la infancia o juventud. El ser humano tiene capacidad de reorientar su vida aunque esto no implica un sendero fácil. En algunos casos, no pocos, la vida se debe asumir desde la experiencia del Jesús del huerto, pero ahí está la

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liberación. No sin antes pasar por la experiencia del dolor. Pero, ¿qué hay fácil en la vida?

• Inquietar, tanto en los procesos de promoción y acompañamiento vocacional como en los procesos de formación. ¿Qué debe saber un acompañante, director espiritual o formador de un seminario o casa de formación? No es hacer de ellos/as psicólogos/as, se trata de conocer lo elemental para tener la capacidad de diálogo y desmitificar una realidad en todo ser humano pero que el presbítero, en el religioso/a se ha convertido en mítico.

• A nivel de investigación se abren vías nuevas que permiten, no solo profundizar estos temas, sino ayudar en integración de la personalidad, prevención de situaciones patológicas.

• La importancia de encontrar alternativas de apoyo, las cuales deben iniciarse por experiencias diocesanas para ir ampliando su cobertura hasta que sea una experiencia que ayude a acompañar y discernir en situaciones concretas de los presbíteros y en los presbiterios hasta llegar a la cooperación interdiocesana, regional y por que no, centroamericana y latinoamericana.

Finalmente, las dos siguientes fases, como se mencionaron al inicio de este artículo, no son tratadas aquí ya que se sale del objetivo. Sin embargo, se esperan iniciativas que promuevan la conciencia y la importancia de grupos de apoyo (profesionales, sacerdotes, religiosos/as) para centros o grupos que van desde la autoayuda hasta la psicoterapia con un buen acompañamiento espiritual. Se espera, que en un tiempo próximo, nuevamente se convoque a sacerdotes, religiosas (os) psicólogos, psiquiatras, formadores (as) y directores espirituales y demás personas involucradas en procesos vocacionales y de formación, así como integrantes de pastorales sacerdotales para que se desarrollen las fases que siguen en esta propuesta: Fase proyectual que corresponde a un programa amplio. Objetivos y metas a corto, mediano y largo plazo, tanto desde el presbiterio, de las casas de formación, de conferencias episcopales o de regiones o sectores en la consecución de una práctica renovada. Además, la última fase, mencionada también, estratégica, como conjunto de elementos para moverse de una situación presente hacia una situación deseada. Con estas fases últimas se esperaría apoyar proyectos de acompañamiento que implican, además de lo espiritual, la

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intervención en crisis y procesos psicoterapéuticos. Todo, dentro de la propuesta que se ha desarrollado aquí.

Estas dos fases secuenciales se pueden llevar adelante si se cumplen algunas acciones por parte de los obispos y presbíteros especialmente la caridad pastoral, entendida ésta como la pedagogía de la pasión de Dios por el ser humano y la conversión pastoral, entendida como actuar con mentalidad eclesial, el problema de un hermano es de toda la comunidad. Es quizá donde mejor se hace Iglesia; en la dificultad, que exige perseverancia, paciencia y misericordia como el Plan de Salvación del Señor Dios de la Vida.

Referencias

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REV. HUMANITAS, 2007, 4(4): pp. 81-96, ISSN 1659- 1852 Fernando Muñoz Mora, presbítero ordenado, recibió su maestría en Artes Psicoterapéuticas

en la Universidad Franciscana de Steubenville (Ohio, Estado Unidos). Es Director General Académico de la Universidad Católica de Costa Rica. La correspondencia sobre este artículo puede dirigirse a Fernando Muñoz Mora, Apdo. 519-2100, Guadalupe, Goicoechea, Costa Rica. Correo electrónico: diracademica@ucatolica.ac.cr

Bernardo Antonio Castillo Gaitán, Licenciado en Teología Pastoral, Pontificia Universidad Lateranense, Roma, Italia. Es Especialista en Planificación Pastoral y Pastoral Juvenil, Facultad de Teología, Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, Colombia

Actualmente es Director de Estudios Generales de la Universidad Católica de Costa Rica. Correo electrónico: bcastillo@racsa.co.cr

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