ORIENTACIONES PARA EL MANEJO DE CONFLICTOS RELACIONADOS CON LA EXPRESIÓN DE LA AFECTIVIDAD Y SEXUALIDAD EN SACERDOTES Y PERSONAS EN VIDA CONSAGRADA: PROCESOS DE FORMACIÓN

Luisa M. Saffiotti

Centro Kairos, Bethesda, Maryland, Estados Unidos

Resumen: Dos dimensiones importantes del manejo de conflictos relacionados con la expresión de la afectividad y la sexualidad en sacerdotes y personas consagradas son la prevención y la educación. Los procesos de formación son un excelente contexto y oportunidad para abordar estas dimensiones. Este artículo describe las condiciones y obstáculos relacionados con los procesos de formación, la prevención y la educación sobre el manejo de conflictos afectivos y sexuales en sacerdotes y religiosas(os).

Palabras clave: Procesos de formación; sacerdotes; religiosas(os); afectividad; sexualidad.

Abstract: Two important dimensions of the management of conflicts related to the expression of affectivity and sexuality in priests and consecrated people are prevention and education. The formation processes are an excellent context and opportunity to approach these dimensions. This article describes the conditions and obstacles related to the formation processes, prevention and education on the management of affective and sexual conflicts in priests and religious brothers/sisters.

Key Words: Formation processes; priests; religious sisters/brothers, affectivity; sexuality.


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Introducción

Los procesos de formación son una oportunidad para prevenir y educar sobre conflictos relacionados con la expresión de la afectividad y la sexualidad. La formación es el primer componente para prevenir el desarrollo de conflictos relacionados con la expresión de la afectividad y la sexualidad.

Para los sacerdotes y religiosas(os), la formación es en un sentido integral

un proceso de sanación, de crecimiento, de conocimiento y aceptación de muchas áreas de su propia persona.

El proceso de formación es para el sacerdote y la religiosa o religioso una oportunidad para reflexionar sobre su propia historia psicosexual. Esto implica descubrir, reconocer y atender las fortalezas, los recursos, las debilidades y las heridas personales relacionadas con la afectividad y la sexualidad.

El seminarista y la novicia o novicio pueden tomar conciencia de diferentes aspectos de su historia psicosexual a través de una completa evaluación psicológica aplicada al inicio de su formación. Junto a los formadores y los profesionales en psicología, pueden desarrollar un plan para responder a los resultados de la evaluación.

Siempre que exista una apropiada relación de colaboración entre los psicólogos y los formadores, los resultados y las recomendaciones de las evaluaciones psicológicas pueden convertirse para el seminarista y el/la novicio(a) en una experiencia de crecimiento y desarrollo personal en lugar de un acontecimiento desagradable.

Así también, el proceso de formación es una oportunidad para que el formando adquiera habilidades y herramientas para trabajar y revisar su propia historia psicosexual. Esto es un primer paso hacia un desarrollo personal integral que le permitirá al formando ser más eficaz en el ejercicio de su ministerio.

Los formadores tienen el gran desafío y la responsabilidad de formar ministros psicológicamente sanos. Esto implica trabajar con los formandos para que adquieran una serie de habilidades específicas como la capacidad de autorreflexión, un compromiso sincero con un proceso de sanación interior y crecimiento personal, y el reconocimiento de las propias necesidades y dificultades relacionadas con el manejo de la afectividad y la sexualidad.

Los profesionales involucrados en la formación de seminaristas y novicias(os) deberían considerar si los formandos tienen la disposición y el potencial necesario para ser

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formados e involucrarse en un proceso de revisión y crecimiento de las diferentes áreas de su vida (afectiva y sexual por ejemplo).

Una reciente investigación sobre las personas que se comprometen con la opción del sacerdocio y la vida consagrada, publicada como libro bajo el nombre de Educating Leaders for Ministry (Klimoski, O’Neil & Schultz, 2005) indica que el grado de apertura al proceso de formación es un factor determinante relacionado con el ejercicio eficaz del ministerio sacerdotal y la vida consagrada.

Todas las etapas del proceso de formación constituyen una oportunidad para explorar, profundizar y comprender las áreas de la afectividad y la sexualidad. Además, el proceso de formación es un contexto adecuado para brindar a los formandos herramientas que contribuyan a un mejor manejo de su afectividad y sexualidad.

La formación inicial es especialmente importante debido a que constituye el primer paso hacia un proceso de desarrollo personal integral. Tal formación puede facilitarse a través de la enseñanza de modelos educativos para una sana expresión y vivencia de la afectividad y la sexualidad.

La formación inicial es también una ocasión oportuna para señalar con claridad los comportamientos y situaciones que son abusivos y que no se pueden tolerar en una opción como el sacerdocio y la vida consagrada. Se trata de formar individuos capaces de manejar la tensión entre el respeto por los comportamientos de las otras personas y sus propios valores y límites en las relaciones interpersonales.

En un grupo de seminaristas que acompaño, un joven relató una situación muy difícil que vivió con un compañero que le perseguía de forma obsesiva, a pesar de sus repetidos esfuerzos por comunicarle que no tenía ningún interés en ningún tipo de relación sentimental y la expresión de su molestia por tal comportamiento.

Dos días antes del encuentro mensual de nuestro grupo, el joven seminarista se había despertado en su cuarto y su compañero estaba tendido en su cama mirándolo y con la intención de tocarlo. Cuando el joven le exigió al compañero salir de su habitación, el otro intentó atacarlo físicamente al punto de que tuvo que salir corriendo del cuarto y amenazar con gritar en el pasillo. Durante meses, el seminarista no había querido hablar del comportamiento de su compañero con los formadores por un sentido de lealtad. Al final, habló abiertamente sobre su situación y su compañero fue exp ulsado.

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Con frecuencia, seminaristas y novicias(os) se muestran reacios a hablar de situaciones afectivas y sexuales incómodas o inapropiadas que experimentan en las relaciones con sus compañeros, por un sentido de lealtad. Asimismo, sucede que a menudo cuando el seminarista o novicia(o) decide hablar el formador no le cree, no le escucha o se niega a ver la realidad, más aún si en el problema está involucrada una persona de su preferencia y confianza. Por lo tanto, es esencial que el formador examine cuid adosamente la situación que se le presenta en vez de asumir una posición negligente o desdeñosa.

Puede ser de gran utilidad invitar a un psicólogo u otro profesional para que realice talleres o charlas sobre el proceso y las implicaciones del desarrollo humano. Este tipo de aporte puede contribuir a que los formandos puedan comprender dónde se encuentran ellos y sus compañeros.

Cuando se realizan actividades educativas con los formandos, es importante fomentar la reflexión y la discusión grupal con el objetivo de analizar e integrar el material presentado. Del mismo modo, es necesario que estas actividades se desarrollen en un ambiente de confianza y seguridad donde las personas puedan exponer sus reflexiones, revelar experiencias personales o brindarse apoyo mutuo sin temor a ser juzgadas.

Un gran desafío es transformar aquellas culturas de formación que implícitamente se niegan a promover espacios para que los formandos puedan ventilar asuntos relacionados con el manejo de su afectividad y su sexualidad. Es necesario comenzar a aceptar que los seminaristas y novicios(as) enfrentan situaciones personales particulares que necesitan trabajo terapéutico, como parte de un compromiso para llegar a ser un ministro más sano y eficaz.

No se trata de convertir los seminarios y las casas de formación en comunidades terapéuticas. No obstante, es muy necesario que los seminaristas y novicias(os) se comprometan con un proceso de sanación interior y crecimiento personal con el objetivo de ser mejores sacerdotes y religiosas(os) y ministros de Dios.

Es imprescindible que nos preguntemos: ¿Qué tipo de cultura de formación estamos promoviendo? ¿Cuáles son los valores implícitos que transmitimos a los formandos? ¿Cuánto valoramos la transparencia y cuánto el guardar las apariencias? ¿Estamos promoviendo procesos de formación que contribuyen a formar sacerdotes y religiosas(os) más sanos y comprometidos con Dios y su ministerio?

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Los procesos de formación deben plantearse desde una perspectiva integral que promueva la idea de proceso de formación como un camino continuo de crecimiento y desarrollo personal.

Condiciones necesarias para la prevención eficaz de conflictos relacionados con la expresión de la afectividad y la sexualidad

El contexto formativo debe favorecer el abordaje de temáticas relacionadas con la afectividad y sexualidad de los formandos. Es de gran importancia que los formadores valoren el trabajo de formación y animen a los formandos a involucrarse en un proceso de desarrollo personal integral.

La apertura de los formadores hacia el abordaje de temáticas

relacionadas con la afectividad y la sexualidad depende muchas veces de la revisión que estos hayan hecho respecto a su propio desarrollo afectivo y sexual.

Si los formadores reconocen la importancia de un continuo crecimiento personal como parte fundamental del sacerdocio y la vida consagrada, animarán a los formandos a involucrarse en un proceso de acompañamiento psicológico y espiritual. De lo contrario, pueden transmitir de manera implícita o explícita a los formandos la idea de que “no es necesario o importante” comprometerse con un desarrollo personal ni mucho menos con un proceso de acompañamiento.

En contextos de formación, hay algunas personas que sacan a flote situaciones delicadas (incesto u otras experiencias similares) que demandan un trabajo terapéutico muy intenso.

En mi experiencia, no es eficaz estar involucrado al mismo tiempo en un proceso de formación y en un proceso psicoterapéutico. Este último requiere mucha energía y atención. Por lo tanto, existe el riesgo de que la persona llegue al final de su formación con un buen proceso psicoterapéutico pero con una formación ausente.

Cuando las necesidades de trabajo psicoterapéutico son muy grandes, lo más recomendable es invitar a la persona a hacer un alto en su formación con el objetivo de tomar un tiempo (seis meses como mínimo) para involucrarse en un proceso de psicoterapia. Luego la persona podrá volver a su proceso de formación.

Soy consciente de que para un formando puede ser muy difícil, en el aspecto familiar

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y económico, salir de su formación y buscar un trabajo para sufragar los gastos de un lugar donde vivir y los servicios profesionales de psicoterapia. No obstante, es muy importante ayudar a la persona para encontrar soluciones que le permitan acceder a un proceso de sanidad interior y crecimiento personal, por medio de un proceso psicoterapéutico. Respecto a lo anterior, es de gran importancia fomentar la colaboración interdisciplinaria entre formadores, acompañantes espirituales, psicólogos, psicoterapeutas y psiquiatras. De esta manera es posible realizar una evaluación completa de la persona y ofrecer un modelo para trabajar eficazmente en un equipo interdisciplinario.

El contexto local, provincial, diocesano y social reconoce el valor del acompañamiento psicológico y lo apoya

El abordaje de los conflictos afectivos y sexuales en sacerdotes y religiosas(os) resulta ser más eficaz cuando existe una cultura en la comunidad, en la provincia religiosa, en la diócesis, en el seminario y el entorno social que valora y apoya el acompañ amiento psicológico y la labor de educación y prevención sobre los problemas afectivos y sexuales. El año pasado, durante un seminario internacional, un joven sacerdote religioso latinoamericano que había sido asignado como formador inmediatamente después de su ordenación se acercó a hablarme sobre una situación muy difícil que estaba enfrentando. Este joven tenía a cargo un grupo de formación problemático y él mismo se sentía

muy atraído por una mujer joven que conocía desde hacía varios años. A pesar de sentirse muy frágil respecto al compromiso con su opción de vida consagrada, tenía un enorme deseo de continuar su ministerio como sacerdote y religioso.

Yo le animé a buscar un psicoterapeuta y hablar de las situaciones

que estaba viviendo. Él se mostró muy dispuesto a entrar en un proceso de psicoterapia, aunque muy triste afirmó que “si se supiera en mi comunidad o entre mis superiores que estoy buscando psicoterapia, me sacarían pronto de la formación y se burlarían de mí por años”.

Al notar que el contexto cultural que rodeaba a este joven no reconocía el valor del acompañamiento espiritual como una herramienta para el desarrollo personal y el crecimiento del ministerio sacerdotal y religioso, le sugerí buscar al menos un director espiritual (un sacerdote o un religioso que fuera también psicólogo) que pudiera brindarle un proceso de

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acompañamiento tanto espiritual como psicoterapéutico. Él percibió que esto podía ser una buena opción a corto plazo, pues nadie en su comunidad iba a cuestionar el hecho de involucrarse en un proceso de acompañamiento espiritual.

Este joven sacerdote también me comentó que su comunidad religiosa (y la cultura de la sociedad en general) no le permitía enviar los formandos que afrontaban conflictos afectivos y sexuales a un servicio de acompañamiento psicoterapéutico. Si él lograba convencer a un joven de la necesidad de iniciar un proceso psicoterapéutico, los otros formadores y superiores se burlaban de la idea de “acompañamiento psicoterapéutico” y terminaban por recomendarles a los formandos que no tomaran en cuenta las ocurrencias de ciertos formadores jóvenes.

En este sentido, es necesario señalar que el entorno social (la cultura, las personas) es con frecuencia muy resistente y desconfiado hacia la psicología y todo lo que esté relacionado con esta ciencia. Por consiguiente, es imprescindible discutir y confrontar los mitos sobre la psicología (y la psicoterapia) y comenzar a promover contextos que apoyen y promuevan el acompañamiento psicoterapéutico como una herramienta de crecimiento y desarrollo personal.

De igual o mayor importancia es promover entre los obispos y superiores religiosos una cultura de aceptación hacia la psicoterapia como un aporte valioso a la formación y la

salud integral de los sacerdotes y religiosas(os).

Así también, los obispos y superiores abiertos a la idea de formar ministros eficaces y psicológicamente sanos deben promover en conjunto con un equipo profesional interdisciplinario (psicólogos, psiquiatras) esta misma actitud de apertura y confianza en formadores, acompañantes espirituales, profesores de seminario y provincia religiosa, sacerdotes y religiosas(os).

La formación de sacerdotes y religiosas(os) se comprende como un proceso de desarrollo

Es esencial comprender la formación de sacerdotes y religiosas(os) (y los problemas que ellos enfrentan en ese proceso) desde una perspectiva del desarrollo.

Para abordar de manera adecuada los conflictos relacionados con la expresión de la afectividad y la sexualidad en sacerdotes y religiosas(os) es necesario considerar el estadio

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de desarrollo psicológico y espiritual en donde se encuentra la persona, y evaluar cuidadosamente si el formando tiene las competencias necesarias para continuar creciendo. El contexto donde se realiza el trabajo de formación está comprometido con la transparencia y la responsabilidad

Una cultura de formación comprometida con la transparencia y la responsabilidad es una cultura que no juzga, que acepta, que recibe, que explica, que comprende, que ve y nombra la realidad tal como es, que es capaz de desafiar a los sacerdotes y religiosas(os) hacia la prosecución de nuevas metas y que apoya toda iniciativa que tenga por objetivo contribuir a la formación de ministros más eficaces .

Una cultura de formación transparente y responsable anima a los sacerdotes y religiosas(os) a enfrentar su propia historia de desarrollo afectivo y sexual y a comprometerse (si es necesario) con un proceso de sanidad interior y desarrollo psicológico y espiritual. Una cultura de formación eficaz no tiene miedo a confrontar las dificultades afectivas

y sexuales de sus formandos. Por el contrario, permite que tales dificultades sean reconocidas y abordadas sin temor o vergüenza. Protege a los formandos con dificultades afectivas y sexuales para que no sean rechazados por sus compañeros, y los motiva a involucrarse en un proceso de acompañamiento psicoterapéutico que les permita enfrentarse a sus conflictos. Es responsabilidad de los formadores, tanto religiosas(os) como diocesanos, cuestionarse seriamente qué tipo de cultura de formación están promoviendo. ¿Es una cultura transparente que fomenta el hablar abiertamente de los diferentes problemas de sus formandos, o por el contrario es una cultura del “silencio y el secreto” que amenaza de manera velada a los formandos?

Igualmente sería importante preguntarse: ¿Cuáles son los modelos de transparencia que se ofrecen a las personas en formación? ¿Cuánta transparencia hay en el ámbito del seminario, casa de formación, diócesis y provincia religiosa? ¿Cuál es la relación que se observa entre una actitud de transparencia y la disponibilidad a asumir las propias responsabilidades de los actos realizados?

Hay inversión de recursos a varios niveles

Para lograr ofrecer procesos de formación eficaces a sacerdotes y religiosas(os) es fundamental invertir recursos (tiempo, materiales, personas, dinero). Tal inversión es aún

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más necesaria en aquellos grupos de formación donde la mayoría de los miembros presentan una historia de diferentes experiencias traumáticas.

La inversión de recursos tiene que realizarse con sensatez y buen juicio administrativo. Debido al desconocimiento y la falta de planificación de la administración de recursos en los Estados Unidos, a los formandos se les satura con talleres de sexualidad poco coordinados y cuyo contenido es, la mayoría de las veces, repetitivo. Esta situación contribuye a crear resistencia en los formandos cuando se les solicita asistir a tales actividades.

Los formandos de Latinoamérica, según mi experiencia, tienen enormes deseos de recibir procesos de formación adecuados y tienen muchas dudas y preguntas respecto a la formación y, por supuesto, en relación con los problemas afectivo- sexuales.

En consonancia con lo anterior, es importante entonces destinar de manera estratégica los recursos necesarios para brindarles a los formandos una formación que contribuya a la ordenación/consagración de sacerdotes y religiosas(os) íntegros en su relación con Dios, con el prójimo y con el ejercicio de su ministerio.

Comprensión de la realidad psicológica y cultural de los sacerdotes y religiosas(os) en formación

Las mujeres y el abuso sexual

Puesto que en la opción de vida consagrada existen elevados porcentajes de mujeres con historias de abuso sexual, es importante comprender cómo tal experiencia afecta a la consagrada en formación.

Con el objetivo de ayudar a las consagradas que por años se han visto obligadas a ocultar sus historias de abusos sexuales y su dolor, sería muy beneficioso aceptar la realidad de que muchas religiosas han experimentado abuso sexual.

Igualmente importante sería considerar si la historia de abuso puede trabajarse de tal forma que la consagrada pueda continuar con su formación. En este sentido es importante que las personas involucradas con los procesos de formación comuniquen claramente que la formación es un espacio que permite enfrentar y trabajar experiencias p articularmente difíciles como el abuso sexual. El proceso psicoterapéutico permite discernir si la vida consagrada es realmente una opción para la persona o un refugio para mitigar el dolor de

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experiencias dolorosas.

La terapia individual y grupal puede contribuir mucho al abordaje del abuso sexual. Las casas de formación no son centros terapéuticos, pero en colaboración con profesionales capacitados en la conducción de terapia grupal, podría ser valioso ofrecer a mujeres de diferentes comunidades religiosas oportunidades para trabajar sobre sus experiencias de abuso sexual.

Asimismo, pueden realizarse talleres sobre el abuso sexual con el objetivo de profundizar en la temática y de educar a los formandos sobre los diferentes comportamientos y consecuencias que con frecuencia se relacionan con el abuso (comportamientos sexuales inapropiados, confusión de la identidad sexual, mala integración psicosexual, etc.).

Negarse a nombrar la realidad de los abusos y, más aún, negarse a ayudar a las religiosas que arrastran una historia de abusos, es ser cómplice de tales actos. No se trata de presionar a las religiosas para que confiesen sus traumas, sino de crear un ambiente que motive a las personas a abordar su propia historia de heridas emocionales y a percibir e stas experiencias como una oportunidad de crecimiento y desarrollo personal.

Los hombres y el abuso sexual

Una realidad creciente es la de hombres que llegan a la vida consagrada con historias de abuso sexual. Es de vital importancia brindarles a estos hombres una oportunidad y un espacio para poder narrar su historia y para encontrar comprensión, apoyo y los recursos adecuados para abordar las diferentes dificultades (si las hay) relacionadas con la experiencia de abuso.

Cultura y procesos de formació n

¿Cómo trabajar con las tensiones y dificultades que pueden surgir cuando hay personas de diferentes países, culturas y clases sociales que optan por la vida consagrada? Es importante notar que a la vida religiosa —y aún más a la vida sacerdotal diocesana— entran personas de clase social media-alta o bien muy pobre con distintos procesos de socialización relacionados con la cultura en la que fueron educados. Si no se tienen en cuenta estos antecedentes, es posible que resulte difícil comprender las actit udes, reacciones y comportamientos de sacerdotes y religiosas(os) que provienen de diferentes

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contextos culturales. Es importante que a los formandos se les ayude a comprender estas realidades.

Proceso de formacióny psicoterapia

Otra parte muy importante para comprender la realidad psicológica de los candidatos es determinar cuándo la persona necesita interrumpir temporalmente suformación para involucrarse en un proceso de psicoterapia.

Es de mucha importancia ayudar a la persona a programar su tiempo, y no despedirla por el hecho de involucrarse en un proceso psicoterapéutico. Es recomendable mantener un contacto regular con la persona para evaluar cuándo ésta podría volver a retomar su formación.

Los candidatos tienen las características necesarias para entrar a la vida sacerdotal y consagrada

Desde mi experiencia de muchos años de trabajo clínico y educativo con personas en formación, la presencia de las siguientes características es una condición necesaria para la eficacia de cualquier proyecto de f ormación.

• Un grado objetivo de salud física y mental.

• Capacidad de adaptarse y sobrevivir a condiciones y eventos de vida adversos (resiliencia psicológica).

• Curiosidad hacia sí mismo.

• Capacidad de apertura a nuevas ideas, perspectivas y maneras de enfr entar situaciones y conceptos.

• Disposición y humildad para ser formado.

• Generosidad.

• Capacidad de adaptarse a diferentes contextos sociales. • Capacidad para establecer relaciones con otras personas. • Formación espiritual sólida.

• Disposición a la conversión personal.

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Obstáculos para la prevención de conflictos afectivos y sexuales (y la educación sobre ellos)

Ausencia de características mínimas en los candidatos a la vida sacerdotal y consagrada:

Cuando decirle que no a un candidato

Es muy importante no permitir la entrada de personas a la vida sacerdotal cuando:

1. La persona no posee la suficiente capacidad de soportar situaciones adversas de la vida cotidiana y reacciona de manera desproporcionada ante ellas.

2. La persona tiene una historia de problemas psicológicos significativos que no han sido eficazmente manejados a lo largo de los años y han interferido con el desempeño eficaz del ministerio y otras áreas importantes del sujeto.

3. La persona es reacia a recibir dirección y orientación y se muestra hostil a todo esfuerzo de formación. 4. La persona tiene con frecuencia conflictos interpersonales con sus compañeros, superiores y otras personas relacionadas con el ministerio.

4. La “agenda” personal (prioridades, objetivos) del candidato está por encima de los compromisos y obligaciones adquiridos con su proceso de formación y ministerio.

5. Las diferencias culturales provocan malestar en la persona e interfieren con su funcionamiento cotidiano, y los esfuerzos por superar tales diferencias son infructuosos.

6. Existe evidencia de serios problemas de comportamiento. Por ejemplo, violaciones de los límites en las relaciones interpersonales (hostigamiento y abuso sexual), robo, mentira y resistencia al cambio después de las amonestaciones por su comportamiento.

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Falta de comprensión del poder del rol del sacerdote y religiosa(o)

Si una persona no comprende las implicaciones, expectativas sociales, responsabilidades y poder asociados con el ejercicio de su rol como futuro sacerdote o religiosa(o), es posible que sea incapaz de reconocer cómo este poder se expresa en las relaciones con los demás.

Es importante educar a los candidatos a sacerdotes y religiosas(os) sobre el poder y las responsabilidades que implica el ejercicio de su rol y ministerio. Sobre todo, es imprescindible que los formandos comprendan que el poder que reciben con su ordenación/consagración debe ser utilizado para amar y servir al prójimo y no para aprovecharse de él en ninguna forma.

Actitud del sistema

Respecto a la actitud del sistema o estructura religiosa hacia los procesos de formación relacionados con la prevención y educación sobre el manejo de conflictos afectivos y sexuales, es necesario preguntarse lo siguiente: ¿Cuál es la actitud del “sistema” hacia la sexualidad, la afectividad y la formación/educación y prevención en esta área? ¿El sistema (la provincia, la congregación, el seminario, la diócesis, el liderazgo) se siente amenazado por estos temas? ¿Cuál es la relación entre los formadores y los líderes? ¿Hay comunicación? ¿Hay acuerdo sobre objetivos? ¿Hay respeto y compasión? ¿Los formadores son escuchados por los líderes (rectores, provinciales, animadoras, obispos)? ¿El liderazgo y los equipos de formación están caminando en una misma dirección?

Actitud de los formadores

Es de trascendental importancia que los formadores revisen con

franqueza cuál es su actitud hacia la sexualidad y la afectividad, y se cuestionen si tienen asuntos sin abordar en estas áreas.

En la medida en que los formadores hayan realizado su propio proceso de revisión/integración de su afectividad y sexualidad, tendrán la experiencia y la apertura para facilitar el abordaje de tales áreas en sus formandos.

Algunas veces, los formadores temen enfrentarse con el tema del manejo de la

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afectividad y de la sexualidad. Es necesario reconocer estos temores y estar dispuesto a recibir orientación si se carece de formación en la temática.

Algunos formadores adoptan una actitud equivocada al pensar que ya tienen la competencia y experiencia suficientes para formar a los seminaristas y novicias(os) en el manejo de su afectividad y sexualidad por haber recibido un taller sobre este tema, cuando ni siquiera han realizado un proceso de revisión de su propia afectividad y sexualidad y se encuentran más confundidos al respecto que los propios formandos.

Algunos elementos concretos de un programa de prevención y educación sobre afectividad y sexualidad

Formación inicial 1. Talleres sobre afectividad/sexualidad, autoconocimiento, límites.

1. Oportunidades para integrar los aportes de los talleres y de la vida cotidiana • Grupos de diálogo, para aprender a escuchar bien y a trabajar en grupo.

• Revisar la propia historia psicosexual y crear un contexto en la formación donde la historia psicosexual (de los formadores y los formandos) se pueda abordar, escuchar, y respetar, y así construir un clima de apoyo, comprensión y compasión.

• Yo estoy implementando un curso sobre “una sana afectividad y sexualidad en la vida célibe consagrada” para la red de programas de formación en la zona de Washington, DC y para la Unión Teológica de Washington.

Es un programa de cuatro años que incluye un largo taller de dos días al inicio del año académico para formandos y sus formadores, un taller más corto para formadores y seis reuniones a lo largo del año con pequeños grupos de diálogo de personas en formación para que puedan empezar a relacionarse y a integrar el material de cada nivel del programa. Estos grupos de diálogo se convierten en un contexto para compartir los objetivos de crecimiento que cada persona se ha propuesto, y acompañarse en el camino hacia el

logro de tales objetivos.

Hemos empezado hace algunos meses, pero ya se puede ver el impacto positivo de tener estos espacios para compartir en el grupo.

2. Reconocer (formal e informalmente) la realidad de las dificultades y conflictos afectivos y sexuales en los seminaristas y novicios(as) para que los

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formandos estén dispuestos y preparados para abordarlos.

3. Identificar situaciones que no se tienen que aceptar o tolerar en silencio. Por ejemplo, violaciones de los límites interpersonales o manipulaciones de parte de otros seminaristas, novicias(os), formadores y superiores.

4. Conformar equipos interdisciplinarios de psicólogos, acompañantes espirituales, formadores y médicos psiquiatras para trabajar en la formación de sacerdotes y religiosas(os). En mi experiencia, un equipo interdisciplinario dispuesto a trabajar en conjunto puede ser mucho más eficaz que uno o dos formadores trabajando de manera aislada.

5. Desarrollar un programa con diferentes objetivos que sirvan como guía general para lo que sería oportuno lograr en cada etapa de la formación. Estos programas deben ser diseñados desde una perspectiva integral que considere a la persona como un ser biopsicosocioespiritual.

He trabajado con una comunidad religiosa en Latinoamérica que desarrolló un programa integral con diferentes objetivos para el prenoviciado, noviciado y postnoviciado a nivel de desarrollo psicológico y espiritual. Esta comunidad había coordinado previamente con los formadores de cada nivel para brindar a los formandos material, aportes y experiencias que contribuyeran a su desarrollo integral como futuros religiosos.

Es de gran beneficio que el equipo de formación y todas las personas involucradas en el proceso se reúnan periódicamente para coordinar esfuerzos y evaluar el progreso de las personas a través de todo el programa. Formación permanente

1. Talleres (que motiven la discusión y la integración de la información) sobre: • El manejo de personalidades difíciles en la vida comunitaria.

• El manejo adecuado de lím ites,

• La integración de la afectividad y la sexualidad como un proceso continúo. 2. Establecer y comunicar claramente las situaciones inaceptables en la vida sacerdotal y consagrada. Por ejemplo, violaciones de los límites en el ministerio (hostigamiento y abuso sexual, distintas formas de manipulación), o cualquier tipo de relaciones y comportamientos inapropiados con menores, seminaristas y religiosas(os).

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3. Ofrecer líneas de acción para responder a situaciones inadecuadas. Por ejemplo, ayudar a las personas a reconocer que si son testigos de alguna violación de límites (abuso sexual por ejemplo) deben hablar con la persona implicada. Si esta se niega a reconocer su comportamiento inapropiado, hay que hablar con las autoridades correspondientes para retirarla del ministerio. 4. Las personas en puestos de autoridad deben evitar cualquier actitud de favoritismo con ciertos formandos u otras personas involucradas en el sacerdocio y la vida consagrada.

5. Diseñar y hacer públicas líneas de acción/orientación generales para resolver conflictos relacionados con el manejo de la afectividad y la sexualidad en sacerdotes y religiosas(os).

6. Realizar todos los esfuerzos necesarios para ayudar a los sacerdotes y religiosas(os) que enfrentan conflictos relacionados con el manejo de su afectividad y sexualidad.

Finalmente, espero que estas reflexiones sobre los procesos de formación animen a todas las personas involucradas en esta labor a idear e implementar nuevas iniciativas que contribuyan a formar sacerdotes y religiosas(os) más íntegros y comprometidos en su relación con Dios, en el ejercicio de su ministerio y en el servicio al prójimo.

Referencias

Klimoski, V. J., O’Neil, K., & Schultz, K. (2005). Educating leaders for ministry: Issues and responses. Collegville, MN: Liturgical Press.

Luisa M. Saffiotti recibió su doctorado en psicología de la Universidad de Pennsylvania (Philadelphia, Estados Unidos). Es psicóloga clínica y directora del Centro Kairos en Bethesda, Maryland y colabora con el programa de formación de formadores “For Mission” de la Conferencia de Formación de los Estados Unidos y el programa de Formación Permanente del Clero de la Arquidiócesis de Milán, Italia.La correspondencia sobre este artículo puede dirigirse a Luisa M. Saffiotti, Apdo., 4750 Chevy Chase Drive Apartment 302 Chevy Chase, MD 20815 EEUU. Correo electrónico: luisaff@earthlink.net

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