DISCURSO DEL DIRECTOR GENERAL ACADÉMICO

Fernando Muñoz Mora

Universidad Católica de Costa Rica

En nombre de la Escuela de Psicología de la Universidad Católica, como en nombre propio, quiero dar la más cordial bienvenida a los participantes a este encuentro. A los nacionales, compartimos nuestra casa y a los que nos visitan de otros países, hagámosl os sentir muy bien y siéntanlo así. Los costarricenses y personas que vivimos en este país queremos que se sientan en casa.

Con el nombre de “Encuentro para el Intercambio de Experiencias sobre el Manejo de la Afectividad y la Sexualidad en Sacerdotes y Religiosas (os)” y el lema: “Recuperando el Sentido de la Opción”, es como se ha querido identificar esta semana que ha propiciado la Universidad Católica de Costa Rica Anselmo Llorente y LaFuente a través de la Dirección General Académica y de la Escuela de Psicología.

Para este evento se unen diversas situaciones que nos han movido a propiciar este encuentro. Por un lado, considero que damos un paso significativo. Poder sentarnos para reflexionar sobre temas tan cardinales, nos permite ver que avanzamos en un camino que ha sido muy arduo en nuestra Iglesia, con mucho obstáculo.

Sabemos que en otro tiempo eran temas difíciles de abordar; no por razones que, en mentalidad de algunos, más cargados de morbosidad que de cuestionantes sinceras, no quisiéramos hacerlo, sino que teníamos todo un trasfondo de formación y comprensión de la opción que no nos permitía verlo abiertamente y ponerlo sobre la mesa para ser analizado y discutido.

Creo que ha sido por una concepción extremada de pudor en lo que a temas sexuales-genitales se refiere y no por maldad implícita en nuestras acciones. Lo cierto es que

ha sido un tema al que no estábamos acostumbrados a abordar

abiertamente.


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Por otro lado, tenemos una serie de situaciones de conflicto en algunos sacerdotes y

personas de la vida consagrada, además de la preocupación de Obispos, de

profesionales en psicología y psiquiatría acerca de la comprensión y abordaje de las situaciones que causan desasosiego en la vida personal.

A ello, se une también la impotencia de qué hacer, preguntándonos qué está sucediendo, cómo podemos abordar situaciones personales y de otros, de qué manera podemos responder a nuestros hermanos sacerdotes, religiosas (os) que recurren pidiendo una respuesta a los que, de alguna manera, trabajamos en el ámbito psicológico, psiquiátrico o acompañamos espiritualmente.

Situaciones como las mencionadas nos han movido a

invitarlos a pensar juntos caminos y opciones de trabajo con personas que han tomado

una opción por un seguimiento de Jesús de manera más íntima.

Queremos tratar de responder a estas interrogantes, compartir nuestras experiencias y sobre todo encontrar caminos comunes con los cuales, nos ayudemos a definir senderos que conduzcan de manera eficaz a la recuperación del sentido de la opción.

Como pueden ver, entre los participantes en este encuentro se conjugan gran cantidad de valores. Todos ellos los compartimos de manera tal que, lo que cada uno trae enriquezca a los concurrentes a esta invitación. Tomemos del mismo evangelio, que es la propuesta de Jesús, algunos de sus principios y que ellos sean los que nos animen en esta semana. Quisiera invitarlos a pensar en dos de ellos por los cuales, nuestro recordado Juan

Pablo II tanto motivó al mundo: “fraternidad” que es esencial en el ser cristiano y que en la vida sacerdotal y de consagración reviste una connotación especial porque estamos aquí para ayudarnos y ayudar como hermanos y hermanas que somos por nuestro bautismo y por nuestra opción.

El otro término “solidaridad”, en este caso con nosotros mismos,

participantes en este encuentro, y con aquellas personas con las que

trabajamos o solicitan nuestro servicio. El trabajo de cualquiera de nosotros se comparte para bien del colectivo.

Partiendo de muchos de estos valores que podemos combinar y compartir, entre ellos menciono: El valor de los expertos presentes, el valor del trabajo en equipo, el valor de la experiencia, el valor de la propia vida, el valor de la investigación y el valor del aporte de la

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ciencia, en la psicología y la medicina y, sobre todo el valor de quien inspira nuestra vida y da sentido a nuestra opción y entrega en la vida de la Iglesia. Permítanme mencionar brevemente, la importancia de los valores que aquí se conjugan.

El valor de los expertos. Como se enteraron en la información que se estuvo enviando, contamos con expertos en estos temas. La Dra. Luisa Saffiotti, a quien le debemos un especial reconocimiento por su apoyo (Luisa visitó nuestra Universidad en dos ocasiones mientras estábamos en la preparación de este encuentro, también dándonos sus sugerencias por correo electrónico, tan valiosas para nosotros, continuamente pendiente del avance de este encuentro. Gracias a la tecnología su presencia fue permanente). El Dr. Raymond Dlugos, sacerdote agustino, Director Ejecutivo del Instituto Southdown (Ontario, Canadá) que ha ido marcando una pauta en el trabajo con personas de vida consagrada. El Dr. Kevin Flaherty, sacerdote jesuita, quien acompaña los procesos de formación de juniorado y pastoral vocacional de la Compañía de Jesús en Lima, Perú y es profesor de la CONFER (Conferencia de Religiosos) del Perú y programas de diplomado en consejería en la Universidad Jesuita Antonio Ruiz de Montoya.

Como pueden ver, la experiencia es el emblema de estos especialistas que vienen a compartir sus conocimientos con nosotros en esta semana.

El valor del trabajo en equipo. Un equipo que se ha distinguido por su trabajo serio y responsable durante este año de preparación, desde la Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR) quien nos dio su aprobación y apoyo para la realización del encuentro; el Sr. Nuncio Apostólico, Mons. Osvaldo Padilla y su anterior secretario Mons. José Leite; el equipo permanente de trabajo: al Lic. Juan Gabriel Molina, con quien ustedes tuvieron comunicación cuando lo requirieron, quiero hacer especial reconocimiento por su trabajo serio y entregado. La MSc. Susana Dormond, coordinadora de la unidad académica de la Escuela de Psicología de la Universidad Católica de Costa Rica; la Lic. Shirley Picado, asistente de la Dirección General Académica, el apoyo del P. Víctor Ml. Salas, que en medio de sus ocupaciones nos dio sus sugerencias. Una persona que, aunque por sus responsabilidades, no pudo estar en la comisión pero fue un apoyo permanente desde que se presentó la posibilidad de esta reunión fue la Hna. Sidey Fallas Leiva, provincial de las Hermanas del Buen Pastor; el Pbro. Glenn Gómez, coordinador de la oficina de prensa de la CECOR. Este es un valor inmenso, el trabajo de equipo, y muchas otras personas que en

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realidad me es difícil mencionar, porque no termino.

El valor de la experiencia. No sólo lo que hemos estudiado y aprendido, sino lo que hemos trabajado. La experiencia que se ha acumulado en tantas vidas, algunas consagradas otras viviendo su consagración de bautismo pero todos (as) han dedicado su tiempo a la formación, a la atención, acompañamiento y cuidado de quienes así lo han sol icitado.

El valor de la propia vida. El camino que cada uno ha seguido, la propia historia de salvación. ¿Cómo hemos trabajado nuestra interioridad y la integración de nuestra personalidad, el ideal del seguimiento de Jesús con nuestra realidad humana, dentro de la cual, lo afectivo y sexual reviste una importancia trascendental en nuestra opción? Este proceso único y personal no podemos pasarlo por alto, es un valor insustituible en nuestro trabajo durante esta semana.

El valor de la ciencia en el campo de la psicología.

Específicamente me interesa mencionar dos excelentes aportes: la investigación y la comprensión del ser humano en su dimensión psíquica, así como sus dificultades y problemas y, lo que en algunos casos, se manifiesta como patología. La investigación, que ilumina el quehacer académico en la búsqueda de la experiencia de otros y la propia; la investigación que busca construir el conocimiento. Poner en común este valor, es otra meta importante. ¿Qué estamos haciendo y cómo lo llevamos a cabo? ¿Quiénes están marcando una pauta en los distintos ámbitos del quehacer del consagrado (a) y del sacerdote? En la comprensión del ser humano, el aporte de la psicología y psiquiatría nos permite potenciar las cualidades del ser humano, pero también nos permite encontrar explicación cuando se presentan las dificultades, los problemas y lo que causa angustia a quien lo vive y quienes buscan ayudar. Finalmente, no por ser el último es el menos importante, al contrario, es el que da

razón de ser a toda nuestra existencia, es el valor que permite que estemos aquí reunidos: el valor de quien inspira nuestra vida y da sentido a nuestra opción y entrega en la vida de la Iglesia y como iglesia en la sociedad.

Nuestra vida está marcada por la opción y por la acogida de la misma por parte de la iglesia representada en el obispo o en los superiores (as) mayores. El valor de nuestra fe, de nuestra entrega, de nuestra lucha, de nuestra consagración es lo que nos permite redescubrir, de manera permanente, “el sentido de la opción”. En este marco de fraternidad, de iglesia,

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trabajemos con todo nuestro ser. Hay un mundo que requiere de nuestro testimonio, de nuestra lucha y que mostremos la razón de ser de nuestra opción: Jesucristo.

Muchas personas han intervenido e intervienen en esta semana, pero sobre todo muchas otras esperan resultados de nuestro trabajo, saquémosle el máximo provecho, que podamos ofrecer a la Iglesia, a los obispos, superiores (as) mayores, a los sacerdotes, a la vida consagrada y a la sociedad, el resultado de esta semana. Nuevamente bienvenidos y gracias por haber respondido a la invitación.

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