
DISCURSO DEL RECTOR
Arnoldo Montero Martínez
Universidad Católica de Costa Rica
Mi más cordial bienvenida para todos ustedes participantes en este seminario, de modo especial a los que vienen de otros países a compartir, como Iglesia, sus experiencias en el tema que durante esta semana los reúne.
Quiero agradecer en esta bienvenida a los expositores, quienes con sus ponencias darán un aporte significativo en la búsqueda de una respuesta evangélica, caritativa y efectiva que ayude a los sacerdotes, religiosas y religiosos a fortalecer su ser imagen y semejanza de Dios, expresadas a través de la afectividad y la sexualidad, es decir, que los sentimientos se transformen en camino que fortalezca la comunidad y no en un medio de agresión para ellos, y menos aún de exclusión.
Nacida del corazón de la Iglesia, la Universidad Católica de Costa Rica, con la realización de este seminario ha querido ayudar a aquellos sacerdotes y religiosas (os), a quienes Dios a través de su Hijo Jesucristo les ha dado el don de conocer sus secretos más íntimos, a comprender la vivencia y expresión de la afectividad y la sexualidad dentro de la opción de vida fundamental que han elegido seguir.
En estos cinco días, ustedes con la ayuda de los expertos y por iniciativa de la Universidad Católica a través del Padre Fernando Muñoz, Director General Académico, reflexionarán, conocerán y compartirán desde la experiencia cristiana, algunos elementos que permitan que el corazón de la Iglesia se asemeje al de Jesucristo, quien no juzga la apariencia, sino que va a lo profundo del ser humano, porque es eterna su miseric ordia.
El Marco Doctrinal de la Universidad Católica de Costa Rica señala con claridad el compromiso de colaborar con la Iglesia, mediante la docencia y la investigación, en la búsqueda de respuestas a los problemas y exigencias de la sociedad de cada épo ca.

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REV. HUMANITAS, 2006, 2(2): pp. 3-4, ISSN 1659- 1852
En este sentido, las conclusiones de este Seminario serán datos objetivos y guía para
ulteriores investigaciones, que sustenten mejor los juicios y las opiniones sobre
esta delicada y compleja temática, las más de las veces, desgarrantes y
anticlericales, que afectan hondamente la dignidad de las personas que han tomado una opción, sea el sacerdocio ministerial o la vida consagrada.
Con pensamiento libre y espíritu científico y generoso se debe llegar a las raíces de esta inquietante situación, de tal modo que las personas que ejercen el ministerio sacerdotal y la vida consagrada reciban la ayuda necesaria y oportuna, sin menoscabo alguno de su dignidad y valor humanos.
Dios aborrece el pecado, pero ama al pecador, esa es la motivación que debe guiar el trabajo integral de esta actividad académica y pastoral, para que las cuestiones teóricas que aquí se reflexionen se hagan realidad a la hora de atender algún conflicto referido a la sexualidad y afectividad de los consagrados y, de ese modo el corazón de la Iglesia siga vivo y fuerte para el bien de la humanidad.
Para lograr esto, en el seminario se plantea un abordaje integral del tema: observando
la realidad de los sacerdotes, religiosas y religiosos a quienes se les ha
hecho difícil el manejo adecuado de su afectividad y su sexualidad, con la ayuda de las ciencias sociales, en particular, la Psicología que ofrece algunas herramientas y orientaciones, se definan algunas acciones fundamentales que permitan fortalecer los procesos de formación y la espiritualidad de las personas candidatos y consagrados a la vida presbiteral y religiosa.
Mi agradecimiento a todos los organizadores, a las personas que han tenido que ver, poco o mucho, en la preparación y ahora en la buena marcha de este evento y, a todos ustedes gracias por confiar en la Universidad Católica de Costa Rica, lo que demuestra el profundo sentido de eclesialidad de todos los aquí presentes.
Termino, ofreciendo mi oración, la de todo el personal docente y administrativo y de los estudiantes de la Universidad, como aporte para sus reflexiones y para embalsamar alguna herida que se haya podido hacer al corazón de nuestra santa madre Iglesia. Muchas gracias y buenos días.
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