SUB DESARROLLO, CIENCIA Y ACADEMIA UNIVERSITARIA

Alfonso Villalobos Pérez

Universidad Católica de Costa Rica Centro de Investigaciones Psicológicas Avanzadas

cipa@ucatolica.ac.cr

Resumen: Se plantea la necesidad de desarrollar y aplicar métodos de educación científicos, promovidos desde la academia universitaria como herramientas que puedan contribuir al desarrollo nacional. En ese sentido, la educación científica juega un rol primordial para formar nuevas generaciones de ciudadanos sobre bases de pensamiento y conducta, que den paso a formas de desarrollo coherentes y propias al contexto nacional y a las necesidades internacionales.

Abstract: The possibility of the development and the application of educational scientific methods, are sponsor from the university academy like a kit that can contribute with national development. In that sense, the scientific education, play a primordial roll in the training of a new generation of citizens upon thinking and behavior bases, ones that let them to ways of development, more coherent and relevant to the homeland and the international necessities.


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REV. HUMANITAS, 2005, 1(1): pp. 89-93, ISSN 1659- 1852

Hoy día estamos abarrotados de noticias sobre políticos, organizaciones y reglas que promueven y dictan corrupción es una ocasión propicia para hablar otra vez del subdesarrollo, la ciencia y la academia universitaria.

El subdesarrollo pareciera un tema añejo y encapsulado, una historia tediosa que cuentan los abuelos a los niños para que se duerman pronto. Sin embargo, su importancia y presencia no esta más lejana en estas épocas, que en las marchas y consignas de los años setentas y ochentas. El sub desarrollo es un término, casi un ente que palpita como el corazón de la historia de Poe, por debajo de las tablas del tiempo, en la miseria y en la ignorancia de un país ensalzado y agobiado por los delitos que se suceden en el día a día.

En ese contexto, se sitúan los planes de desarrollo nacional que pretenden llevar a la nación a ciertos índices de riqueza y adquisición económica. Pero lanzando una mirada a los signos de estos tiempos surge la inquietud: ¿es posible alcanzar un desarrollo de ese tipo, con los estilos de comportamiento y educación que poseen las actuales generaciones de costarricenses?. En ese sentido: ¿cuáles son las variables primordiales a las que debería orientarse un desarrollo nacional?.

Es obvio que se podría atacar múltiples factores promotores de progreso. Pero en este ensayo se van a comentar tres, que según el criterio del autor son básicos en una estrategia de progreso y bienestar social, económico, político, científico, ético y moral: la educación, el aporte de la ciencia y el involucramiento de la academia universitaria.

La educación

Un desarrollo nacional, entre otras cosas, viene dado por un sistema de enseñanza, el cual debería sustentarse en procedimientos basados en evidencia científica sobre su efectividad, y en una academia universitaria seria, responsable, protagonista social y científica. Es claro que por sí mismos estos conjuntos de variables no resuelven los problemas de un país, mas podrían contribuir con el moldeamiento de nuevas generaciones y permitirían modificar a otras con sueños, pero sin técnica. Ciertamente el ponderar algo así podría ser para algunos tan absurdo como decir que se puede construir un mejor país en cuatro años. Pero así como algunos creen lo último, vamos, por unos instantes (en lo que tarda en leerse este ensayo) a imaginar lo otro. Supongamos que el desarrollo de un país corre por vías que implican algo más que dinero y que también remiten a una disposición y conjunto de

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habilidades conductuales enfocadas a un objetivo.

El aporte de la ciencia

Hablar y enseñar el espíritu de la ciencia es detenerse a preguntar con aplomo sobre algo, informarse sobre ello, buscarle respuesta e intentar brindarle una solución. Y si no se acierta, iniciar todo el proceso de nuevo o en una etapa que permita otra vez, vislumbrar una respuesta razonable o probable. Pero también, la persona formada en una tradición académica científica es alguien que es capaz de realizar evaluaciones sobre las consecuencias de sus actos, donde se interroga acerca de la moralidad y la ética de las conductas involucradas en su trabajo. Al final, la ciencia, los hombres y mujeres que asumen actitudes científicas, son o deben ser, personas con una actitud honesta e inquisidora, no sólo respecto a su objeto de estudio, sino también sobre el contexto en el que se sitúa su existencia.

Pero las líneas anteriores no deben llevar a un pensamiento iluso, donde se pueda creer que la ciencia resolverá todos los problemas de la humanidad, pero una sociedad formada bajo la égida de un pensamiento racional, y emocionalmente prudente, es quizás un grupo humano con mayores probabilidades de resolución de conflictos y de organización exitosa que otra dejada al correr de sus impulsos, al azar de las regulaciones sociales, a incorrectas doctrinas económicas que dejan fuera de la ecuación un factor fundamental: el comportamiento del ser humano. Por ello, el logro de un desarrollo bajo esa perspectiva reglada, solo puede lograrse dentro de un programa de educación riguroso y creativo. Recuérdese que esas palabras no son antónimas en el tanto que ambas pueda ser prom ovidas y cultivadas bajo sistemas de trabajo y de educación bien pensados y mejor implementados. Es cierto que la educación de un pueblo nunca ha sido una tarea sencilla, sin embargo tampoco puede ser una labor meramente administrativa (de aplicar programas y ejecutarlos puntualmente, con la duda de su pertinencia en la labor de enseñanza – aprendizaje). Siendo optimistas, la educación de un pueblo abarca una serie de áreas, una sucesión contingente de métodos (basados en la evidencia y no en teorías particulares o antojadizas), un grupo de contenidos y una claridad de planificación, para que a lo largo de las épocas se llegue a orillas tranquilas y mansas ó para que se puedan afrontar con temple y fortaleza las épocas de tensión y dificultad.

Partiendo de esa lógica, el desarrollo de un pueblo debería ser cimentado a lo largo de una estrategia educativa. La misma tendría que promover un pensamiento y una acción

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concreta, digamos científica. El educar a un pueblo que se pregunta y cuestiona sobre el por qué de su situación, el promover un desarrollo de los países dónde la gente intenta crear riqueza (moral, ética y material) a partir de lo que tiene, y sin aspirar a lo que no posee (más allá de la medida en que contribuye a su propio crecimiento), eso es lo que se podría llamar una estrategia de desarrollo particular: la educación planificada sobre una serie de objetivos claros, con una visión diáfana, que brinda autonomía de aprendizaje y que utiliza métodos didácticos, que le permitan al homo sapiens sapiens elevarse sobre su animalidad, y convertirse en un ser superior respecto a sus mismas limitaciones.

El papel de la academia universitaria

Una educación con orientación científica, debe edificarse sobre una base de articulación coherente, donde exista un enlace con los niveles superiores e inferiores de las diferentes dimensiones educativo – institucionales y extra académicas, y nexos con los grupos educativos horizontales y paralelos en los que está situado el estudiante. Esto no es algo nuevo, por supuesto. El hecho es que tiene que ser implementado en relación con un cambio de currículo y estrategias de enseñanza – aprendizaje, las cuales deberán estar basadas en evidencia sobre su efectividad.

Para algunos podría sonar novedoso o escandaloso que la educación tenga que basarse en métodos que evidencien su confiabilidad y validez, pero al final de la historia, es esa prueba empírica la que permite establecer los mejores sistemas de aprendizaje, de formación e información. Es claro que estos alcances solo podrán ser desarrollados en el tanto que existan las estructuras de educación superior con el espacio, el entrenamiento, el personal, el deseo y la altura moral para alcanzar logros específicos y luego generales. De hecho será la academia universitaria, remozada y actualizada, crítica y actuante la que está obligada a proponer e implementar sistemas de educación nuevos, científicos y apropiados a estas necesidades.

La academia universitaria tiene ante sí el reto de promover el desarrollo del país. En la medida en que los planes de estudio logren su ejecución, en que personas entrenadas reentrenen a su vez a otras generaciones de ciudadanos, en esa medida podría germinar un país con un entendimiento más claro de su porvenir, basado en un presente ordenado y organizado, con bases éticas y morales sustentadas en el respeto, cooperación y solidaridad. Pero si quedara la duda sobre la consistencia moral y ética de los ciudadanos forjados

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bajo este sistema, entonces, debe señalarse que un método educativo erigido sobre tales bases, tendrá que ser afincado, a su vez, en los mejores pilares morales y éticos en los que se cree.

Por otro lado tendrá que considerarse una sociedad multicultural y pluriregional dentro de un régimen educativo remozado, y será necesario que en los planes de estudio se forjen personas bajo principios más solidarios de convivencia social (los cuales sólo podrán ser mantenidos y reforzados, si los aparatos institucionales y los medios informales logran ser redimensionados en dichas bases). En otras palabras, la academia universitaria tendrá la obligación de coadyuvar con la sociedad civil en el desarrollo de estrategias educativas científicas, coherentes con los hallazgos pedagógicos, antropológicos, comportamentales, neurocientíficos y sociológicos que se han alcanzado en los últimos años, para ello los sistemas de enseñanza – aprendizaje de nivel universitario deben ser modificados de tal forma que el profesional egresado de las aulas pueda dar cuenta de aquellos conocimientos y aplicarlos a un mundo altamente tecnificado y con profundos cambios en sus estructuras de evaluación y comprensión de la realidad. En el momento en que la educación universitaria incluya elementos más fiables en su estructura de entrenamiento de profesionales: que t engan criterios más fuertes en el nivel empírico, teórico y metodológico, y con actitudes emocionales y morales más críticas (más que las actuales), se estará contribuyendo a moldear ciudadanos receptivos, mejor adaptados y con las habilidades comportamentales necesarias para lograr un verdadero proceso de desarrollo. El siguiente paso será el de la modificación de la educación primaria y secundaria, pero en ese nivel se requieren profesionales (de distintas ramas) que ya hayan pasado por una academia actua lizada.

Este gran esfuerzo recaerá en las universidades nacionales, privadas y públicas. En este sentido, la Universidad Católica de Costa Rica, como heredera de una tradición de múltiples niveles científicos, morales, emocionales, religiosos y sociales, está llamada a pronunciarse, iniciando un cambio en los comportamientos de las generaciones de estudiantes que pasan por sus aulas.

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